El Juicio Final (I) - El Canto de la Sibila

JOSÉ ANTONIO GÁRATE ALCALDE
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Hubo un tiempo en el que en la catedral de Burgos se cantaban por Navidad unos versos sibilinos que anunciaban la venida de Cristo para juzgar al mundo

La soberbia déesis en la que finalizaría el Ordo Prophetarum del claustro alto. - Foto: Valdivielso

En el anterior artículo de esta serie comencé a tratar el tema del antagonismo entre el cielo y el infierno analizando dos ejemplos iconográficos que, de una u otra forma, están relacionados con él. Pero si hay un asunto que tiene que ver con esa tradicional oposición, ese es, sin duda, el del Juicio Final. Según el cristianismo, al final de los tiempos se producirá la parusía o segunda venida de Cristo, y con ella la resurrección de los muertos, tras la cual toda la humanidad será juzgada según sus obras.

La sibila Herófila.
En el muro de la panda norte del claustro alto de la catedral, muy cerca de la puerta de acceso al mismo, podemos contemplar una imponente figura femenina coronada datable en la segunda mitad del siglo XIII, época en la que este espacio fue construido. De su mano derecha cuelga una filacteria, que suele ser atributo iconográfico propio de profetas. La inscripción que aparece en ella nos revela la identidad del personaje representado: se trata de la sibila Herófila.
En la Antigüedad clásica, las sibilas eran mujeres sabias dotadas con el don de la profecía. La sibila Herófila, por ejemplo, se hizo célebre por haber predicho la guerra de Troya. Las sibilas fueron pronto incorporadas al cristianismo fundamentalmente como premonitoras de la venida de Cristo, tanto de la primera como de la segunda, constituyendo el equivalente femenino de los profetas del Antiguo Testamento. Así, para el imaginario medieval cristiano, la sibila Herófila, que se identificaba con la sibila Eritrea, profetizó la segunda venida de Cristo al final de los tiempos para juzgar al mundo.

Pero, ¿qué hace una estatua de la sibila Herófila o Eritrea en el claustro alto de la catedral de Burgos? Cuando en el mes de septiembre escribía por aquí sobre las funciones de este interesante espacio catedralicio, recordaréis que os señalaba que una de ellas era la de servir de marco para la liturgia. Pues bien, tal vez la decoración monumental del claustro alto esté relacionada con determinados rituales que posiblemente se llevasen a cabo en él entre los siglos XIII y XIV. Me estoy refiriendo a los dramas litúrgicos, los cuales, por lo tanto, determinarían gran parte de su programa iconográfico. Ya a finales del siglo XIX varios historiadores percibieron la relación entre los dramas litúrgicos y los programas iconográficos monumentales en este periodo de la Edad Media, aunque será Émile Mâle el que, a principios del siglo XX, más hincapié haga en este asunto. Y lo cierto es que este vínculo, como vamos a ver, constituye una atractiva explicación para la presencia de la imagen de la sibila en el claustro alto de la catedral.

La Procesión de los Profetas.
Vista de la portada del claustro alto, con el grupo de la Anunciación (izquierda) y las imágenes del rey David y del profeta Isaías (derecha).Vista de la portada del claustro alto, con el grupo de la Anunciación (izquierda) y las imágenes del rey David y del profeta Isaías (derecha). - Foto: ValdivielsoLlegados a este punto, resulta inevitable hacerse la siguiente pregunta: ¿qué drama litúrgico medieval incluía entre sus personajes a la sibila Eritrea? Había uno que se representaba por todo el occidente europeo formando parte del ciclo de Navidad y que se cerraba precisamente con la intervención de nuestra sibila. Se trata del Ordo Prophetarum, drama litúrgico en el que un amplio grupo de profetas procesionaba recitando versos de sus predicciones acerca de la llegada del Mesías.
El Ordo Prophetarum se inspiraba en un sermón del siglo V que en la Edad Media se atribuía a san Agustín, pero que en la actualidad se piensa que es obra de Quodvultdeus, obispo de Cartago. En él, diversos profetas anunciaban con breves parlamentos la venida de Cristo. La mayoría de los profetas procedían del Antiguo y del Nuevo Testamento, pero había otros que no pertenecían a la tradición bíblica, como nuestro viejo amigo el poeta Virgilio y la propia sibila. La presencia de Virgilio en el sermón y en el Ordo se debe fundamentalmente a la interpretación mesiánica que se hizo de unos versos de su Égloga IV en los que se anunciaba la llegada de una nueva progenie desde el alto cielo.

En el claustro alto de la catedral hay varios elementos escultóricos que podrían estar relacionados con el Ordo Prophetarum. Estos elementos formarían parte de un programa que conectaría la primera venida de Cristo con la segunda. En primer lugar, en las jambas de la portada del claustro tenemos dos pares de estatuas que nos hablan del anuncio de la primera venida de Cristo. Las de la izquierda representan la escena de la Anunciación, con el arcángel Gabriel y la Virgen María, mientras que en la jamba de la derecha aparecen el rey David y el profeta Isaías, figuras mesiánicas por excelencia estrechamente vinculadas al anuncio de la primera venida de Cristo.
En segundo lugar, a lo largo de los muros del claustro encontramos varias imágenes de personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, entre los que podemos reconocer a dos que solían aparecer en el Ordo. En la panda este, formando parte de la escena del sacrificio de Isaac, tenemos a Abraham; y en esa misma panda hay una estatua de un profeta que podría representar a Balaam, pues está situada sobre una peana en la que figura una gran cabeza de burra. Balaam acostumbraba a estar presente en el Ordo Prophetarum porque a él se le atribuía una de las profecías mesiánicas más antiguas, la conocida como Profecía de la Estrella de Jacob.
Según revela la inscripción de su filacteria, esta imponente estatua representa a la sibila Herófila.Según revela la inscripción de su filacteria, esta imponente estatua representa a la sibila Herófila. - Foto: ValdivielsoPor último, en el rincón que forman las pandas sur y oeste del claustro se nos muestra la segunda venida de Cristo a través de una magnífica déesis, una representación íntimamente ligada al Juicio Final en la que Cristo Juez aparece entronizado mostrando sus llagas, mientras a sus lados la Virgen y san Juan Evangelista suplican misericordia en nombre de la humanidad.

Las señales del Juicio.
Pero el elemento que nos proporciona la clave para pensar en esta interpretación es, sin duda, la estatua de la sibila Herófila o Eritrea, un personaje siempre presente en el Ordo Prophetarum. En él, la sibila recitaba veintisiete versos conocidos como Iudicii signum, versos que hablaban de las señales que anunciarían el Juicio Final; y su traducción al castellano sonaría más o menos así:
Como señal del juicio la tierra se empapará de sudor.
El rey eterno descenderá del cielo,
encarnado, para juzgar al mundo.
Tanto los fieles como los infieles reconocerán a Dios
en lo alto con los santos, en el fin de los tiempos.
Entonces acudirán las almas reencarnadas para que las juzgue,
mientras yace el mundo abandonado, con espesos matorrales...

Los Iudicii signum aparecen por primera vez, escritos en griego, en un poema que formaba parte de los Oráculos sibilinos. Pero fue san Agustín quien los dio fama al recogerlos, ya en latín, en su obra La ciudad de Dios. Más tarde, Quodvultdeus los incluiría en su mencionado sermón. En España, unos de los versos sibilinos más antiguos conservados los encontramos en un homiliario del siglo X realizado en un monasterio burgalés, probablemente el desaparecido San Pedro de Valeránica.

El Canto de la Sibila.
Lo más seguro es que, a partir del siglo XIV, del Ordo Prophetarum se desgajara la intervención de la sibila, que, como ya hemos señalado anteriormente, constituía el cierre de aquél, pasando a convertirse en un monólogo dramático independiente. La representación del denominado Canto de la Sibila, con sus versos ya vulgarizados, adquirió gran popularidad en los siglos XV y XVI en la península ibérica y en las Baleares. Donde más arraigo tuvo fue en el área catalana, pero también gozó de gran aceptación en Castilla, estando ampliamente documentado en las catedrales de Toledo y de León.
En el archivo catedralicio hay varios testimonios documentales que atestiguan que en el siglo XVI se interpretaba el Canto de la Sibila en la catedral de Burgos. Así, en una reunión capitular de enero de 1529, el cabildo acordaba conceder dos ducados de gracia a un muchacho «que dijo el canto de la Sibila». Y en un acta capitular de junio de 1533, al redactar las funciones del maestro de capilla, se establecía lo siguiente: «Quel maestro de capilla sea obligado a trabajar con los beneficiados pequeños y mozos de coro que tienen más habilidad, para que digan las lamentaciones y Sibila y los otros oficios que son de mozos».
Probablemente, por aquel entonces, el Canto de la Sibila se realizara en la capilla mayor de una manera muy similar a como se hacía en la catedral de Toledo. Allí, la noche de Navidad, al finalizar el oficio de maitines, salía de la sacristía un niño de coro vestido 'a la oriental' que representaba a la sibila, al que acompañaban otros cuatro muchachos: dos, con guirnaldas en la cabeza y espada en mano, hacían de ángeles, y los otros dos, que vestían ropas de coro, iluminaban la escena con dos velones. Los cinco subían a un tablado situado junto al púlpito del lado del evangelio y entonces la sibila comenzaba su patético canto:
Quantos aquí sois juntados
ruegoos por Dios verdadero
que oigáis del día postrimero
quando seremos juzgados.
Del cielo de las alturas
un rey vendrá perdurable
con poder muy espantable
a juzgar las criaturas...