"En 40 años de oficio nunca me había sentido tan triste"

FERNÁN LABAJO
-

La pandemia ha duplicado la actividad en el cementerio, que entierra de media a unas 5 personas al día, aunque las medidas de prevención contra contagios han convertido los sepelios en un momento muy solitario y silencioso

Los nichos están protegidos por un perímetro de seguridad para evitar contagios. - Foto: Luis López Araico

GALERÍA

Soledad y silencio

Uno nunca termina de acostumbrarse a convivir con la muerte. Llevamos más de tres semanas escuchando cómo el coronavirus  mata a decenas de burgaleses y no podemos evitar suspirar e incluso santiguarnos, aunque muchos de nosotros no creamos en Dios. Esta pandemia está dejando un poso de tristeza a todo el mundo, incluso a los que han visto de cerca durante décadas el desconsuelo de quien pierde a un ser querido. El trabajo en el cementerio de San José se ha duplicado y los empleados realizan una media de cinco entierros por día. Las medidas de prevención para evitar contagios han convertido los sepelios en un acto solitario, una circunstancia que también afecta emocionalmente a los sepultureros. 

Saturnino Pérez, ‘Sátur’, es el responsable del cementerio. Lleva cuarenta años entre tumbas, pero nunca había vivido situaciones tan sobrecogedoras. «Apenas ves a dos o tres personas acompañando el féretro y es muy triste. Muchos días, cuando llego a casa, se me cae el alma a los pies», afirma emocionado. A pesar del aumento de entierros, ha organizado tres grupos de cinco personas para poder dar el servicio, lo que les obliga a multiplicar esfuerzos. «No somos más», explica, «porque si uno cae enfermo el resto se van a ver obligados a coger de baja». 

La preparación de cada entierro les lleva más tiempo de lo habitual, pues además de cavar la fosa tienen que montar el perímetro de seguridad para que las personas que acompañan al fallecido no puedan acercarse. No obstante, Sátur reconoce que, salvo un par de episodios complicados al inicio del confinamiento, «la gente está muy concienciada y guardan mucho las distancias sin que nadie les diga nada, incluso entre ellos». También los musulmanes, que suelen pedir la pala para echar los dos primeros montones de tierra, están asumiendo las normas y tiran un puñado con la mano desde lejos. 

Las medidas de precaución también atañen a los sacerdotes que acompañan a las familias de los fallecidos en los responsos. Se ha creado una lista de ocho curas, entre ellos el del propio cementerio, que se van turnando para evitar los contagios.

En el cementerio esperan recuperar cierta normalidad, al menos en cuanto a plantilla se refiere, una vez pase la Semana Santa, cuando está previsto que se levanten algunas restricciones laborales. El responsable cree que, con más personal, podrían preparar de una manera más cómoda los servicios y empezar a montar las sepulturas, ya que a día de hoy no hay ninguna debido al gran volumen de trabajo. 

Para verano, vaticina Saturnino, comenzarán a llegar una gran cantidad de cenizas porque, recuerda, «las funerarias están cremando mucho estos días, pero por el momento no nos las están trayendo aquí. Cuando se levante el estado de alarma seguro que hay un aumento». Lo que no hay, advierte, son problemas de espacio porque existen patios y calles abiertas por si se produjera una situación como la de Italia o China. 

Todo está bajo control en San José, salvo las cosas que no dependen de ellos y prácticamente de nadie. «Lo lamentable es ver cómo una persona no puede acompañar a su padre, a su madre o a su abuelo. Llega muy hondo ver que no pueden despedirse», insiste Sátur.