Los mejores guías son los de casa

I.M.L.
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Los participantes en el programa de voluntariado cultural Ribera Voluntariis, de la ADRI Ribera del Duero, han atendido este año a 1.900 visitantes

Una de las especialidades de Marifé es la arquitectura popular. - Foto: DB

Desde que se puso en marcha el programa de voluntariado cultural Ribera Voluntariis, el boca a oreja y las buenas experiencias de los implicados en esta serie de rutas por los municipios de la comarca le ha hecho crecer de manera exponencial. Ya hay doce localidades que realizan esta actividad, como Torregalindo, donde ayer un grupo de cerca de 20 personas aprovechaban la mañana del sábado para conocer más de cerca esta localidad.

Allí les recibían dos de las tres voluntarias que participan en esta iniciativa, Leonor y Marifé, ya a que Mariví la habían reclamado obligaciones laborales. "Es la primera visita que se pierde ella", apuntaba su compañera Marifé. Ninguna de estas tres guías locales tienen que ver ni con el arte, ni con la historia, ni con la etnografía, pero todas esas disciplinas aparecen en las explicaciones que ofrecen a los que las acompañan en el paseo por su pueblo.

Enfrente, los visitantes, un heterogéneo grupo en el que todos venían, de una u otra forma, de la comarca. Un matrimonio de Pardilla, un grupo del CRA Diego Marín Aguilera, con gente de diversos puntos de España, y otro de Gumiel de Izán, con integrantes que residen en Bilbao o Barcelona. A pesar de la lluvia y el viento que soplaba con fuerza en la parte alta del municipio, las explicaciones eran tan variadas y amenas que nadie del grupo se perdía un detalle.

Estas tres voluntarias llevan embarcadas en esta iniciativa seis meses y en sus explicaciones se nota la preparación y la pasión por su pueblo. "Llevamos con estos desde abril, con las visitas, aunque antes hicimos el proyecto y nos preparamos bien", relata Marifé. "Leemos documentación, buscamos detalles, nos informamos y también nos dan charlas distintos expertos para poder incluir más cosas en las explicaciones", reconoce Leonor.

Empezando en la plaza, la primera parada era la iglesia, uno de los pocos restos románicos de la zona y con un interior cargado de curiosidades como los descubrimientos en la restauración llevada a cabo por los propios vecinos, todo detallado por Leonor. El relevo lo tomaba Marifé, aproximando al grupo a la historia del Condado de Siruela y la familia nobiliaria de los Zúñiga, para empezar después la subida a la fortaleza. En el recorrido, paradas para conocer construcciones típicas como lagares y bodegas, hasta las particularidades de los tejados de principios del siglo pasado que aún se conservan. Uno de los elementos estrella de la visita son las ruinas de la fortaleza y sus particularidades constructivas, como la torre triangular, aliñada la explicación con leyendas populares como la de la cueva de la Mora. Y en el descenso desde esa zona elevada, el descubrimiento de las casas-cueva, que sorprendieron a todos.