Pájaros de buen agüero

H.J.
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Una veintena de aficionados a la observación de aves han detectado estos días desde sus ventanas de toda la provincia más de un centenar de especies que van ganando sitio tras la notable bajada de la actividad humana

Pájaros de buen agüero

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Pájaros de buen agüero

No todo pueden ser malas noticias durante el confinamiento. La obligación de quedarnos en casa, que puede hacerse muy dura dependiendo de nuestra salud y nuestra actitud, puede convertirse también en una oportunidad para descubrir aficiones o profundizar en ellas, y a ello se han puesto los aficionados a la observación de aves, que estos días tienen que conformarse con hacerlo desde sus ventanas.
En la provincia de Burgos hay un buen número de ornitólogos amateurs que comparten sus hallazgos a través de grupos de Whatsapp y la Fundación Caja de Burgos, a través de su Aula de medio Ambiente, también moviliza al Club de Jóvenes Pajareros. Pero estos días de circunstancias tan particulares se han creado iniciativas específicas de observación desde casa y una de ellas la capitanea el director del citado Aula, Miguel Ángel Pinto. 
El resultado ha sido la participación de 22 observadores y observadoras desde 14 localidades diferentes de la geografía provincial, que hasta finales de esta semana llevaban detectadas más de 100 especies en solo diez días. 
Es el propio Pinto, apasionado incansable de su trabajo, quien destaca los hallazgos más curiosos y en primer lugar cita «una cigüeña negra que pasó por Burgos, a la altura del  Hospital del Rey el sábado 20». Ese mismo día se observó un joven ejemplar de águila imperial ibérica en Quintanilla del Agua, y los días 22 y 25 vieron «un par de pescadoras que marchan hacia el norte de Europa». 
Aunque es pronto para constatar cambios de comportamiento derivados del descenso de la actividad humana, apunta que «se nota que los animales  en general están apareciendo en sitios que son exclusivos de las personas. Por ejemplo, ahora los ánades reales pasan mucho más rato en las fuentes de la ciudad haciéndolas suyas. También salen a comer y a fisgar por los parques cercanos al río Arlanzón. Y lo hacen en horas que antes no se nos hubieran ocurrido porque el tráfico y la gente lo llenaban todo».
Sin ser expertos, cualquier burgalés puede constatar cómo ahora se escuchan los cantos de las aves mucho mejor gracias a la bajada del ruido del tráfico. Y mientras tanto, «la actividad de cría se nota en algunas especies, como lo mirlos, los colirrojos tizones, las palomas zuritas y torcaces,… Ya está lanzada la primavera», relata el naturalista mientras se felicita de que «la naturaleza en general respira de otra manera y parece que recupera terreno. Es pronto para decir si hay un aumento significativo de especies porque no ha dado tiempo; ahora observamos que se acercan más, que amplían sus zonas de campeo y que se buscan la vida en los lugares que ocupamos de forma habitual y que la vida silvestre se muestra tranquila cuando nota que no la presionamos», añade.
Por eso concluye Pinto haciendo una defensa de la observación de aves como una oportunidad para reconectar con la naturaleza y un magnífico ejercicio de concentración. Hace un llamamiento a considerar esta cuarentena como la excusa perfecta para «reflexionar el modelo de sociedad que queremos después de que esto pase y de nuestra relación como especie con el resto de los seres vivos». 
Y remata con una carga de profundidad: «Es un buen momento para adoptar en nuestra sociedad la Ecología de la Reconciliación, como contribución importante para mantener la biodiversidad de nuestro entorno».