El milagro de la aparición

I.P. / Lodoso
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El alcalde y el sacristán, a la izquierda de los murales, conversan sobre las obras con Óscar García, de la empresa restauradora. - Foto: Alberto Rodrigo

La retirada del retablo de la Vera Cruz sacó a la luz unas pinturas murales al fresco del siglo XVI. Se trata de varias escenas de la Pasión de Cristo que, tras un proceso de restauración, lucen espléndidas en la iglesia de San Cristóbal

La retirada para su restauración del retablo barroco de la Vera Cruz de la ubicación que ocupó durante siglos en la iglesia de San Cristóbal deparó una grata sorpresa a los vecinos de Lodoso, una entidad local menor perteneciente al municipio de Pedrosa de Río Urbel, al ver impresas en los muros de la pared unas pinturas murales al fresco que dejaban entrever, pese a su estado de deterioro, varias escenas de la Pasión de Jesucristo.  Entonces, hace ya media docena de años, se hizo lo que se pensaba inicialmente: restaurar íntegramente el retablo de la Vera Cruz, que después se colocó a unos metros de donde había permanecido.
En la mente del alcalde pedáneo de Lodoso, Óscar Alonso, siempre estuvo restaurar esas pinturas aparecidas y semiocultas por el yeso. El pueblo, dice Alonso, tiene dinero, por lo que a medida que se han ido encauzando y terminando otros proyectos, le iba llegando la hora a esta peculiar obra. El regidor encargó el proyecto a la empresa Fénix Restauración, que tras unos meses de trabajo, ha concluido el proceso y las pinturas lucen espléndidas en el muro del templo, ampliando el rico patrimonio que atesora este inmueble que aunque pequeño- tiene dos naves- cuenta con varios retablos de valor e imágenes de madera policromada.
Según explica Óscar García, encargado de la restauración, las pinturas están datadas a finales del siglos XVI. Una de sus singularidades es que, además de las escenas de la Pasión de Cristo, en la parte inferior aparecen los donantes, que se piensa que se trata de dos cofrades penitentes de la Vera Cruz - muy arraigada en los pueblos de la provincia-, con sus capuchones, junto al obispo. Es una de las explicaciones porque solía ser habitual que la Cofradía hiciera este tipo de encargos.
 En cuanto al resto de escenas, se puede contemplar la oración en el huerto y la flagelación, a ambos lados; en el centro, la crucifixión y en la parte superior, la resurrección de Cristo. En la parte central, el nicho estaba vacío, algo también habitual porque ese espacio se destinaba en origen a acoger el sagrario o un relicario.  
La pintura moral, añade  Óscar García, habría quedado cubierta hacia finales del 1600, es decir, unos cien años después de ser pintadas, por otro retablo también dedicado a la exaltación de la Cruz, por lo que es muy probable que fuera igualmente encargado por la misma Cofradía. Las pinturas quedaron tapadas y así han permanecido cuatro siglos.
El restaurador añade que las pinturas presentaban graves levantamientos, con pérdidas en zonas puntuales y estaban encaladas por partes. Afortunadamente, al ir quitando la cal en el proceso de limpieza se fueron descubriendo más pinturas que las imaginadas en principio. Al final, las pérdidas eran de pequeño tamaño, excepto unas mayores en la zona del ático. Tras la reintegración han quedado perfectamente visibles los motivos que se representaban en la obra, de la que no se conoce su autor, como tampoco del retablo de la Vera Cruz, una obra que restauró Idoia Segura, de Lodoso.