La vida salvaje no entiende de virus

C. Agüero (EFE)
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Cuando el Parque de Cabárceno reabra sus puertas, los visitantes verán a casi una veintena de animales nacidos en el confinamiento

Una osa cuida a su prole en las instalaciones cántabras.

Nada parece interrumpir la vida cotidiana de los cerca de un millar de animales de 130 especies diferentes que viven en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, ni siquiera el coronavirus, que ha obligado a cerrar este espacio a visitantes y donde ahora los animales están más relajados y tranquilos sin el ajetreo de cada día.
Hace casi dos meses que los coches dejaron de recorrer los cerca de 20 kilómetros de la red de caminos de este parque natural cántabro que permiten observar las cientos de especies de este parque, y los animales lo han notado.
Ahora se acercan a la valla porque los escasos vehículos que se aproximan a sus territorios son los de sus cuidadores, a quienes conocen perfectamente.
Borragán da el biberón a un pequeño camello.Borragán da el biberón a un pequeño camello.Sin embargo, surge una duda ante todo este cambio de vida y rutina que ha supuesto para los seres humanos. ¿Se verán afectados negativamente los animales cuando se reabra el parque? La respuesta a esa pregunta la tiene su jefe de veterinarios, Santiago Borragán, quien asegura, de forma firme y contundente, que no.
A lo largo de los 30 años de historia del recinto, los trabajadores han comprobado que la circulación de vehículos por ese espacio o que la gente se aproxime a las vallas no es algo que afecte a los animales porque tienen una reacción defensiva, lógica e inteligente, ya que mantienen una distancia de seguridad con lo desconocido.
«Cualquier antílope sabe que su distancia de seguridad son 50 metros y va a intentar estar a 50 metros de los visitantes. Como lo hacía antes y como lo hará en un futuro cuando volvamos a abrir el parque», explica Borragán.
Sin embargo, esta distancia no la mantienen con los trabajadores de este espacio, donde cerca de 25 personas, entre cuidadores y veterinarios, siguen yendo diariamente a cuidar de estos animales y donde durante esta cuarentena provocada por el coronavirus han nacido dos camellos, un watutsi, seis oseznos, tres eland, una llama, una yegua monchina y cuatro muflones.
Entre estos nacimientos están Félix y Felisa, dos camellos que vinieron al mundo el 14 de marzo, el primer día en el que el parque tuvo que cerrar sus puertas a los visitantes por la pandemia, y que son los dos únicos recién nacidos que necesitan biberón ya que por circunstancias bastante complicadas sus madres no se han hecho cargo de darlos de mamar, aunque les quieren y les defienden en todo momento.
Borragán asegura que es todo un espectáculo ver como esos camellitos cuando llega la hora de comer y los llaman, ya les conocen por la voz, dejan a sus padres y van corriendo a que les den el biberón.
Y es en ese momento cuando se nota el cariño de una madre hacia un hijo, ya que una de las dos hembras de camello es más celosa y tiene más temperamento que la otra.
«Todos los días está allí metiendo la cabeza cada vez que damos el biberón a su cría y lo que quiere es que demos el biberón al macho, a su hijo, y mete ahí la cabeza, y la muerde a la pequeña. Es curioso ver como esa madre ya no da de comer a su hijo, pero quiere que le demos nosotros el biberón y para eso hace todo lo que este en su mano”, relata este responsable del servicio veterinario de Cabárceno.
La vida en la gran superficie del parque sigue su curso y dentro de unas semanas volverán a nacer nuevos animales porque «sin tardar mucho» parirán entre 50 o 60 hembras de fauna ibérica como ciervos o muflones, ya que la primavera es la estación en la que más nacimientos se da y se espera que en esta época del año aumente la familia del lugar.
Cuando este espacio pueda reabrir sus puertas de nuevo, los visitantes tendrán la oportunidad de ver a nuevos habitantes correteando por el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, siguiendo a sus madres y copiando sus pasos.