Tagarrosa recupera la torre del siglo XI en peligro

I.P.
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Tagarrosa recupera la torre del siglo XI en peligro - Foto: Miguel Á?ngel Valdivielso

De titularidad privada, se está ejecutando el proyecto de consolidación de uno de los muros que presenta importantes grietas. Después se actuará en los forjados a la espera de definir su uso

A apenas 12 kilómetros de Melgar de Fernamental, la pedanía de Tagarrosa ha visto irse a sus vecinos a buscar mejores expectativas de vida. Vuelven en las ocasiones especiales y acompañan a los pocos habitantes que quedan en invierno. Las gentes se han ido, pero ahí ha quedado como testimonio de la historia y de tiempos más nobles la torre o ’palacio’ como le llaman los vecinos del pueblo, que perteneciera al marqués de Claramonte, que además de la fortaleza contaba con fincas agrícolas en el pueblo y en el vecino de Santa María Ana Núñez (a apenas 300 metros de Tagarrosa), que conformaron en el pasado una sola entidad local. La torre podía ser de vigilancia para, precisamente, ver y controlar sus propiedades.

Fincas y fortaleza pasaron con el paso de los siglos a otros propietarios, la última de las cuales Gloria González Merino ha heredado el inmueble de una tía materna que, a su vez, lo había heredado de otros familiares que en su día lo adquirieron a anteriores propietarios. Ahora, Gloria González afronta, con la implicación de su familia -sus padres y su hermano Enrique- la consolidación del torreón para evitar que se hunda, porque el paso del tiempo no ha sido en vano y  uno de los muros, el de la cara suroeste, está resquebrajado, corriendo el riesgo de venirse abajo. Así que a expensas de un proyecto de uso futuro, que está por definir, lo que urgía era actuar y eso se está haciendo desde hace varias semanas, mientras se está a la espera de que el proyecto se apruebe por parte del Grupo de Acción Local Adeco Camino. Las obras tienen un presupuesto de 53.300 euros.

La torre medieval tiene adosados dos inmuebles, uno construido en el siglo XIX y el otro hacia mediados del XX; las casas han estado habitados por la propia tía de Gloria y por una hija de aquella, ambas ya fallecidas; después, se han cedido a personas del pueblo que durante un tiempo necesitaban un hogar por diferentes circunstancias, como hacer obras en su propia vivienda.

La torre, sin embargo, no ha estado habitada en tiempos contemporáneos, sino que ha hecho funciones de establo, éste en la planta baja, y granero o almacén. De hecho, la puerta de acceso al establo solo era para éste aposento y no para el resto de la torre; había otra puerta en la primera planta y a la que se accedía por una escalera exterior, por seguridad, según los expertos en castillos y edificaciones similares, «por si alguien venía, que tuviera dificultad en acceder a la torre, y solo podía entrar a los establos», recuerda Enrique González. Ya desde esta primera planta se subía a la bajo cubierta y las plantas superiores. Este palacio tiene 4 plantas y se cree que tuvo una balconada, de la que no queda nada.  

 

OBRAS

En cuanto al problema de la torre se centra en la pared suroeste, donde se ha abierto una gran grieta producto, según el arquitecto redactor del proyecto, a que se ha ido cargando en esa esquina todo el peso del edificio ya que éste se construyó solo con muros de mampostería, y por la parte exterior se colocó la piedra pero solo para proteger el barro y evitar su deterioro por las inclemencias meteorológica. La  piedra no está, pues, sujetando el edificio.

Así, el muro ha cedido y ha provocado el resquebrajamiento de las piedra que se han ido cayendo. En esa labor de reconstrucción y consolidación de esa pared está ahora la empresa contratada por la familia González Merino que tiene un especial apego por este ‘palacio’, que está declarado Bien de Interés cultural, por lo que también se remitió el proyecto a Patrimonio que autorizó la obra.
Uno de los problemas técnicos que tiene la obra de consolidación es que al no poder modificarse la estética ni estructura haciendo muros nuevos, los trabajos se deben hacer por el interior. «Toda la sujeción es por la parte interior, todos los trabajos son de dentro para fuera, y requiere mucha mano de obra y tiempo», añade González que asegura que lo prioritario era evitar que la torre se cayera, y recuerda que hará unos 15 años, se arregló la cubierta.

Una vez consolidada la pared y la esquina, la titular de la torre intentará ir reconstruyendo los forjados de las plantas que al ser de madera están muy deteriorados y hundidos. Espera contar con la ayuda de Adeco y otras en sucesivas etapas, porque, reconoce, «se trata de una inversión muy importante».

 

SIMILAR AL TORREÓN DE COBARRUBIAS

La torre es de piedra compacta y robusta, aun que no muy llamativa, quizás porque ha perdido elementos originales. Es de planta rectangular que, en alzado, tiene un perfil de pirámide truncada, con las 4 paredes ligeramente inclinada hacia el interior. Recuerda al torreón de Fernán González, de Covarrubias, considerado mozárabe  (s. X) por los arcos de herradura existentes en su entrada y en su interior, pero que se deben a añadidos posteriores.  Por lo que parece que la torre de Tagarrosa y la base primitiva de Covarrubias son anteriores a la época mozárabe, con inicio en la época visigoda o romana.

Enrique González, en una de las estancias superiores de la torre, muy deterioradas. Valdivielso
Enrique González, en una de las estancias superiores de la torre, muy deterioradas. - Foto: Valdivielso