Gran tarde del novillero conquense Mario Sotos

Miguel Ángel Salinas
-

Un precioso y buen utrero de El Risco salvó la tarde de una floja novillada en general

Derechazo de rodillas del novillero Mario Sotos. - Foto: Quique Ugarte

Me encanta venir a Medina, es normal que a uno le tire el pueblo de la parienta. Tarde fresquita. Preciosa la plaza recién pintada. Muy buen ambiente en la plaza, sobre todo, en los tendidos de las peñas, a tope de juventud. Y es que da mucha alegría ver a gente joven llenando cosos. Tres cuartos de plaza, presidida por el alcalde de la ciudad. En primer lugar se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de la madre del doctor Manuel Aguado, presente en la enfermería.

La novillada salmantina del El Risco estuvo muy bien presentada, aunque en conjunto muy floja. Se salvaron el tercero y el precioso cuarto, que dio muy buen juego.
Al primer novillo, falto de fuerzas, le tapó muy bien Sotos. Enseguida pudimos apercibirnos todos los espectadores de que el novillero conquense de la escuela de Albacete estaba muy puesto.

Dándole espacios para que tomara alientos y a media altura, le fue haciendo una faena discreta por los dos lados. Una estocada pelín caída le sirvió para cortar las dos primeras y generosas orejas. Al cuarto, que fue el novillo de la tarde y de muchas tardes, le dio distancias y, bajándole la mano, consiguió tandas de pases por los dos lados muy lucidos. Sin lugar a dudas, lo mejor de la tarde. Una estocada trasera, pero efectiva, le valió para cortar otras dos orejas.

Mario Sotos, de grana y oro, y José Miguel Arellano, de azul, salieron a hombros.Mario Sotos, de grana y oro, y José Miguel Arellano, de azul, salieron a hombros. - Foto: Quique Ugarte

José Miguel Arellano cubría la baja de Víctor Fernández, novillero madrileño que cortó la temporada. Con buen estilo, se  topó con dos novillos con muy buena estampa pero que resultaron muy flojos. No tiró la toalla, a pesar de las dificultades, y echó el resto para entretener al respetable, como era su obligación, pegándose dos arrimones. Fue defectuosa la colocación  de las estocadas, pero muy efectivas. Le valieron una oreja en cada novillo, con lo que pudo acompañar a Sotos en la salida a hombros de la plaza.

A Jesús Ángel Olivas le tocó el peor lote de la tarde, lo que no le impidió echar el resto y probar de todas las maneras posibles las embestidas de los novillos. No fue fácil ni lucida su labor. Con la espada estuvo muy flojo, lo que en tarde de triunfos le pudiera haber valido algún trofeo. Mala suerte la del madrileño.