¿El último aplauso?

R.E.M.
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La iniciativa pudo llegar ayer a su fin con el último homenaje tras dos meses y con la intención de darle un gran final para evitar que mueran poco a poco

Los vecinos de la ciudad se suman a la cita diaria de los aplausos, con ventanas decoradas. - Foto: Christian Castrillo

Fue el pasado 14 de marzo a las 22.00 horas cuando el país se unió para agradecer con aplausos desde los balcones el trabajo que estaban haciendo los sanitarios durante la pandemia. Pronto se adelantó a las 20.00 horas y ese se acabaría convirtiendo en el momento de apoyo para todos aquellos que estaban luchando en primera línea. Desde las puertas de hospitales y residencias se recogían, con emoción y lágrimas, esas fuerzas que todos los ciudadanos enviaban desde sus hogares. A la vez, Policía y Protección Civil recorrían las calles sumándose al homenaje. Pero esos aplausos fundidos con el Resistiré, todo un himno ya, han ido bajando su volumen dos meses después.

La lucha contra el virus aún no ha terminado, ni mucho menos, y los profesionales de la salud siguen trabajando sin descanso. El máximo respeto y agradecimiento al trabajo que hacen por parte de los vecinos tampoco cesará nunca. Sin embargo, la iniciativa de salir a las ventanas ha ido a menos por diferentes razones, especialmente una vez que arrancaron los paseos y se permitió hacer deporte. Por ello, desde las redes sociales se impulsó que ayer fuera el último día de este acto con el fin de que no se fuera apagando despacio y sin ruido.

«Para dar un final digno y no dejar que mueran poco a poco los aplausos, este domingo a las 20,00 horas vamos a brindar el mejor y más largo homenaje desde los balcones, a toda la gente de la sanidad y el resto de sectores que han brindado su trabajo y su esfuerzo para protegernos y doblegar la pandemia», explicaba el mensaje que recorría Twitter y los grupos de WhatsApp. Por otra parte, la Coordinadora Estatal de Mareas Blancas mantenía que resultaba «necesario continuar con esos aplausos tan agradecidos y tan gratificantes», animando a seguir saliendo todos los días «ante los ataques contra el estado de alarma».

Pasó a ser uno de los acontecimientos más importantes del día cuando todas las personas estaban en casa, pero la rutina ha cambiado. Así lo expresa Sara Rodríguez, que cree que «la gente ya está cansada y además coincide con las ocho de la tarde que ya se puede salir». Carmen y Mercedes del Rivero, por su parte, consideran que es mejor que «acaben los aplausos y empiecen las protestas contra el Gobierno con caceroladas desde casa, porque los sanitarios ya saben todos que estamos agradecidísimos y ahora toca otra cosa». Además creen que en este momento lo que más puede ayudar a los profesionales  es que la gente sea responsable «poniéndose mascarillas, manteniendo las distancias y que no se vuelva a colapsar».

Infinitas gracias. «Con los aplausos no se debería terminar nunca», comenta José Luis González, haciendo referencia a que ese sentimiento debe perdurar. Desde su punto de vista «la sociedad no puede perder nunca el agradecimiento a quienes están en primera línea», aunque también reconoce que se puede mezclar con otras sensaciones «no compartidas desde el punto de vista político, al prolongar situaciones excepcionales y que no se busquen otros instrumentos».
Un gesto simple que consiguió animar en los momentos más duros a quienes batallan jornada tras jornada para frenar la enfermedad. Aránzazu Fonfría Solabarrieta trabaja como sanitaria y reconoce que en el hospital solían comentar lo mucho que lo agradecían y la ayuda que les suponía, pero entiende que «no pueden durar indefinidamente». Incide además en su deseo de que esos ánimos y que el compromiso de la administración sea siempre, contratando suficiente gente, que haya equipos, «que el apoyo continúe pero de otra manera».