"El taimado virus se propagó seguramente desde enero"

H. JIMÉNEZ
-

José Luis Yáñez gestiona esa parte de la Sanidad "anónima y discreta" que en situaciones como la pandemia actual se muestra imprescindible para el estudio, control y predicción de enfermedades

Yáñez, posando junto al busto de Ramón y Cajal que preside la entrada al edificio de Sanidad de la Junta - Foto: Luis López Araico

La vigilancia que cada año se centraba en la gripe ahora tendrá que ampliar su foto al coronavirus y Yáñez, de verbo rápido y torbellino de reflexiones, quien también imparte clases en la Facultad de Ciencias de la Salud de la UBU, está al frente de esta tarea. Le honra reconocer, como buen científico, que hay preguntas para las que todavía no tiene respuesta.
¿Recuerda cuándo empezó a preocuparse por este coronavirus?
El día 30 de enero la OMS declaró la emergencia internacional, pero ese mismo día en Epidemiología ya tuvimos que actuar porque un viajero alemán que llegó de Shanghai el día 27 de enero iba a su residencia de Aranda de Duero. Ahí nosotros tuvimos conocimiento directo, pero unos días antes, a mediados de enero, a través de las alertas que recibimos del Ministerio ya sabíamos lo que estaba ocurriendo en la provincia china de Hubei. La OMS tardó hasta el 11 de marzo en declarar pandemia, y el 12 el ECDC (Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades) hace una evaluación de riesgo advirtiendo de que se pueden colapsar las UCI y el sistema sanitario. Y resulta que en Burgos ese mismo día ya tuvimos conciencia de la emergencia. El mundo es tan pequeño y la globalización inevitable. Con 1.500 millones de viajeros al año lo que ocurre en un Shanghai llega a Aranda o a Washington inmediatamente. 
¿Cómo fue eso del viajero alemán?
Él venía de vacaciones porque trabaja en China pero tiene familia en Aranda y le habían avisado de que una persona con la que ha estado en contacto en el Año Nuevo Chino ha podido contagiar a 7 alemanes en un viaje de negocios. Su médico de Aranda nos dijo que estaba preocupado, y ese mismo día actuamos, tomamos muestras y las mandamos al Instituto Carlos III porque entonces no teníamos PCR en el Hospital Universitario, aunque después ha procesado más de 8.000 pruebas en los últimos dos meses. Afortunadamente resultó negativo.
¿Se esperaban la magnitud de lo que ha pasado después?
Sabíamos que venía una pandemia, como a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que no sabíamos era ni cómo ni cuándo ni quién iba a ser el protagonista de este drama. Ahora mueren nuestros mayores, las personas vulnerables que son el 75% de las víctimas.
¿Hemos estado mejor o peor de lo que pudo temerse en su momento?
El mismo día 13 de marzo, junto con el Hospital Universitario de Burgos, en contacto con el director médico, ya hicimos previsiones. Estimamos cómo evitar el colapso sanitario, calculamos cuántas hospitalizaciones necesitábamos, cuántas camas. El ECDC publicó el día 12 lo que había pasado en Wuhan y había un dato técnico fundamental: la tasa de incidencia acumulada en 14 días. La curva epidémica ha estado fundamentada en ese indicador, y esa era nuestra amenaza, nuestro tsunami, lo que medía la tensión del sistema. Una semana después, con el servicio de UCI, pudimos estimar las necesidades. El informe decía que íbamos a necesitar al menos 77 camas UCI con los datos que teníamos hasta el 22 de marzo y aquello se pasó a la Consejería y a la dirección del HUBU. Humildemente, algo se hizo bien porque todos los parámetros del Hospital han estado en mejores condiciones a pesar de que la epidemia entró por Miranda de Ebro, de este a oeste de la Comunidad.
Intentamos mitigar el impacto del colapso porque entonces ya no podíamos parar el tsunami, se trataba de evitar el mayor daño del virus, que de forma taimada y seguramente desde mediados de enero, iba exponencialmente multiplicándose por 3, imagínese a cuántos burgaleses pudo haber afectado. El primer Estado de Alarma era obligado para cambiar el hospedaje del virus, y en Burgos la multiplicación pasó de un 2,5 o 3 que se estimaba en China a ser menos de 1. El virus no encontraba a nadie con quién transmitirse y la pandemia cambió a partir de abril, dejando un goteo de casos.
Nunca se llegó a las 77 camas que mencionaba. El tope fueron 55 a primeros de abril. Por tanto, la peor previsión no se cumplió.
Por eso digo que contribuimos a mitigar el colapso del sistema sanitario que no sabíamos cuánto iba a durar y que desde luego sigue estando tensionado porque, aunque el parámetro está descendiendo, con la desescalada habrá que vigilar mucho cómo lo controlamos.
¿Por qué fue imposible detectar antes ese ‘tsunami’?
Por las características taimadas del virus. Se estaba propagando en silencio, con un cuadro catarral todos hemos ido alguna vez a trabajar e iba creciendo con ese exponencial de 3. Al principio había pocos contagios, pero multiplique. Tres elevado a uno, a tres… Llegamos a 9, a 27… Cuando se quiere dar cuenta… Recuerdo hablar con el doctor Ratero (el jefe de la UCI) y me decía: "José, ¿cómo puede ser que tenga 100 pacientes hospitalizados y que ya tenga 34 en la UCI?". Para nosotros eso fue un reto intelectual que debíamos responder ese mismo día. Dedujimos que debíamos preparar 350 camas en la provincia porque una de cada mil personas podía hacer una neumonía de forma simultánea.
¿Considera ahora la tensión controlada?
El sistema sigue tensionado porque los pacientes en UCI pasan allí varias semanas, pero muchísimo menos. Los parámetros de la vigilancia nos dan pocos casos nuevos en la provincia, siempre de PCR.
¿Cómo valora las medidas tomadas a mediados de marzo?
Antes incluso del Estado de Alarma ya hubo medidas notables de salud pública. La Comunidad Autónoma intervino en Miranda de Ebro y la ciudad de Burgos también tomó medidas. Era obligado para cambiar la exponencial del taimado virus. Si el 15 de marzo no se declara el Estado de Alarma habríamos seguido con esa multiplicación por tres. Tres elevado a las 10, tres elevado a la 11… En un mundo globalizado y tan concentrado en las ciudades es algo inevitable. 
¿Y de dónde han seguido saliendo esos nuevos contagios, si hasta hace unos días hemos estado miles de personas metidas en sus casas?
Pues hay que estudiar esos brotes. Hay un goteo de transmisión comunitaria y el virus no ha desaparecido, ojalá lo hiciera en agosto y pase como en 2012, que desapareció un SARS de la familia después de extenderse por 37 países. En la comunidad y en las familias siempre tendremos riesgo aunque pequeño, será más grande en hospitales y residencias.
¿Esperan entonces el tan mencionado rebrote?
El virus, insisto, no ha desaparecido de la faz de la tierra. Los científicos trabajamos con incertidumbres, con certezas trabajarán otros, igual los políticos… La mayoría de la población sigue siendo susceptible y yo no me temo tanto el rebrote de verano, aunque no sabemos si tiene estacionalidad, así que espero una luna de miel en julio y agosto con pocos casos. La mayor preocupación está en una segunda onda pandémica en las próximas navidades, que se junte con la gripe el coronavirus con un 80%, imaginemos, de susceptibles... Veremos qué podemos hacer, y siempre apelando a la responsabilidad individual, como ha sido siempre. Hay que mantener alerta a todas las personas, porque el riesgo existirá siempre. La ciencia siempre ha sido despreciada por la política y el conocimiento es tan importante, tan valioso… No tiene precio, en Amazon no venden conocimiento. La salud pública ha sido ignorada, no hemos existido. Ni en familia sabían a qué me dedicaba y ahora todo el mundo tiene un epidemiólogo en su casa o en los medios de comunicación. Nosotros lo que sabemos hacer es evaluar el riesgo y divulgarlo, comunicárselo a la sociedad. Luego los que gestionan te harán caso, o no.
¿Deberíamos llevar mascarillas?
Aunque solo sea para mostrar a los jóvenes que el riesgo está latente ahí, que no podemos volver a la normalidad de antes porque la gente no se va a comportar como antes. Pero hay que llevar mascarillas y guardar distanciamiento social para recordar que la amenaza y la transmisión social sigue con nosotros. Y hay que lavarse las manos con frecuencia, e insistir a la población y comunicar, que es un papel fundamental de los científicos. Olvidémonos de los reproches y del negacionismo porque estamos en una crisis sanitaria pero también económica. No se pueden desvincular una de otra. El que se queda en el paro y sufre enferma. Las dos crisis son dramáticas.  
¿Se imagina una repetición de las imágenes tan duras que vivimos a principios de abril, con urgencias colapsadas y gente en el suelo de los hospitales madrileños?
Yo me tengo que poner en el peor de los escenarios. Es posible. Mientras no desaparezca el virus.... No hay certezas. Si el virus se adapta bien y se queda con nosotros tenemos que planificar cualquier escenario. Deberíamos aprender, pero a lo mejor los españoles no aprendemos nunca. Quizás debemos vacunar a todo el mundo de gripe porque la vacunación es escasa, incluso entre el personal sanitario. En la pandemia de 2009 la OMS fue objeto de mofa, incluso por parte de los sanitarios. Decían que había una codicia de las farmacéuticas para vender el Tamiflu, recuerdo perfectamente a médicos que lo minimizaban. Afortunadamente fue una pandemia sin mayor impacto, y ahora a la OMS se la criticará igual porque hasta el 11 de marzo no dijo que era una pandemia. Es muy bonito predecir el pasado pero hay que estar preparados para el futuro. 
¿Le dan miedo las escenas de gente en las terrazas, corrillos en los parques, chavales de botellón…?
Bueno, todos tenemos un riesgo incluso dentro de la propia familia. Debemos salir a pasear, pero me parece fatal juntarse, hacer una barbacoa, que los niños se lo lleven a los ancianos de otras casas. Porque hay jóvenes que pueden morir por susceptibilidad genética, pero el vulnerable será sobre todo la persona mayor de 70 años. Hay que salir porque el resto de enfermedades están ahí esperando. La diabetes, la insuficiencia cardiaca… Pero hay que advertir de su vulnerabilidad y solo la edad es un factor de riesgo. De 80 a 90 años se dobla el riesgo de morir. Por eso creamos un registro con la colaboración de las residencias de ancianos que bautizamos como ‘Vintage’, con el que monitorizamos en una semana a 11.580 personas en la provincia, con nombres y apellidos. Con un trabajo denodado, inmenso, titánico de todos los componentes de la sección de Epidemiología, que somos ocho. Estamos orgullosos de este registro. Lo ocurrido en las residencias de ancianos ha sido tan grave que hubo que pedir ayuda a Médicos Sin Fronteras.
¿Cómo afrontar esta amenaza si no desaparece?
Con vigilancia epidemiológica. Y será fácil hacerlo mientras estemos con pocos casos, que los médicos estén al tanto de complicaciones, que haya pruebas diagnósticas buenas, pero ¿qué pasará cuando lleguen los catarros de los niños en octubre o noviembre? ¿Y con el virus incipial que suele venir antes de la gripe? Cuando haya de nuevo miles de casos, ¿cómo vigilamos la gripe con nombre y apellidos? Veremos cómo se comporta la gente, qué rebrotes hay, qué medidas coercitivas se pueden tomar… Habrá que prever las necesidades para una segunda onda y la red centinela sanitaria va a trabajar en verano tratando de caracterizar los virus e investigar si hay cepas nuevas. Habría que vacunar de gripe todo lo posible, ya se está haciendo acopio y no deberíamos dejar que se mezclen gripe y COVID.
¿Hasta qué punto consideraría aceptable un rebrote?
Aceptable no es ningún caso. ¿Es moralmente aceptable una muerte, o dos? Claro que habrá rebrotes, mientras exista el coronavirus no habrá normalidad. Estaremos atentos y si se comporta mal por ejemplo la población joven estudiaremos dónde y cómo ha sido. La amenaza está ahí. Los niños pueden llevar el virus y provocar la muerte a los ancianos, de su familia o de otra. Por eso insisto en el papel divulgativo e informativo hacia la población. Los científicos y los políticos debemos influir en ello.