El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel

A. Castellanos
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Juan Atienza y su mujer afrontan la costosa restauración del magnífico inmueble que pudo levantarse entre los siglos XIII y XIV y donde los monjes de San Salvador de Oña recogían los diezmos del entorno

Juan Atienza Serna, propietario del Priorato, a la izquierda, con su amigo y colaborador, Roberto Fernández. - Foto: A.C.

Juan Atienza Serna, nacido en Trespaderne hace 63 años, conocía el antiguo Priorato desde su infancia. "Como cualquier vecino" de la localidad siempre había acariciado la "idea romántica" de recuperar este edificio abocado a la ruina, más aún después de que en septiembre de 2011 un pavoroso incendio acabara con sus techumbres y casi todo su interior. Hace apenas dos semanas comenzó las obras para su restauración de la mano de su hijo, el arquitecto Alonso Atienza Sánchez, y de la empresa Construcciones y Restauraciones Rafael Vega. En poco más de un año, el lugar donde los monjes del Monasterio de San Salvador de Oña cobraron los diezmos durante siglos, recuperará el pulso y se convertirá en un hotel de ocho habitaciones, en el que también tendrá cabida una vivienda privada para su propietario.
Juan Atienza desarrolla su vida profesional en Madrid y admite que tendrá que trabajar mucho en estos próximos años para afrontar la elevadísima inversión que tiene por delante. Pero le puede el corazón, el saberse valedor del patrimonio más primigenio del lugar que le vio nacer y sus ganas de contar para él y para su esposa e hijos con un rincón único desde el que observar las sierras de La Llana y La Tesla y el puente medieval de Trespaderne, unas vistas que compartirá desde el antiguo huerto del Priorato con los turistas que se alojen en el hotel.
En el siglo XVIII, la ahora calle Mayor, junto a la que se ubica el Priorato, se denominaba calle San Millán, en honor a la iglesia que primitivamente estuvo en el mismo emplazamiento que el Priorato. El documento más antiguo que atestigua la existencia de esa iglesia data de 1052 cuando el rey García Sánchez III, apodado el de Nájera y que fue rey de Pamplona, la donó al Monasterio de Santa María La Real de Nájera (La Rioja) junto a la mitad de Trespaderne. La profesora de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid, Margarita Cantera Montenegro, publicó en 1987 un volumen sobre el monasterio de Nájera donde aseguraba que San Millán de Trespaderne es de los únicos santos de la época no mártir. Esta investigadora afirma que San Millán de Trespaderne dio nombre al archiconocido cenobio de San Millán de la Cogolla, también en La Rioja.

El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel
El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel - Foto:
Ya en el siglo XII, hacia 1186, el monasterio de San Salvador de Oña se hizo dueño de la otra mitad de Trespaderne, que se dividía así entre los dominios de los dos grandes conjunto monacales. Nada hay escrito, pero posiblemente entre los siglos XIII y XIV fuera levantado el Priorato, donde los monjes onienses recaudaban los diezmos entre los pobladores de todo el entorno, los valles de Tobalina y Losa o Cuesta Urria. Cereal, vino y especies servían para abonar estos diezmos que se acumulaban en los bajos del Priorato. Solo se conoce que hubo otro priorato de Oña en Valdivielso, en San Pedro de Tejada.


UN ESCUDO SIN CORONA

Nada se sabe de cuándo dejó el Priorato de Trespaderne de recabar los diezmos, pero en sus paredes perviven anotaciones grabadas a mano como la que dice Antonio de Zerezeda. Año de 1771, una auténtica joya, sin duda. En el siglo XIX, en que comenzaron las desamortizaciones, este patrimonio religioso pasó a manos privadas y ahí comenzó su deterioro. En su fachada, el escudo, idéntico al de la fachada principal del monasterio de San Salvador de Oña, pero de menores dimensiones, da fe de su pasado ligado al lugar que custodia los restos de los condes y reyes, como don Sancho García y García Sánchez, Sancho II el Fuerte y Sancho el Mayor de Pamplona. A este escudo solo le falta la corona real que tenía en la parte superior y que dicen fue suprimida a martillazos por un antimonárquico en tiempos de la República.
Pasados los siglos, los arcos, que ahora apenas se intuyen en su planta baja, volverán a levantarse e incluso algunos a reproducirse por completo. El tejado volverá a tener cuatro aguas y los lucernarios permitirán la entrada de luz por la parte superior, dado que las ventanas son escasas y pequeñas. En la planta baja del edificio, que sumará 600 metros cuadrados construidos, se distribuirán cocina, salones y baños. En la primera planta se establecerán las ocho habitaciones del hotel y en una segunda planta que se levantará en una parte del edificio, la única que tuvo esa altura, se habilitará la vivienda particular con una solana privilegiada mirando hacia el río Nela.

El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel
El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel - Foto: Ana Castellanos DB
Será un espacio "atractivo, para disfrutar y que atraiga, incluso al turismo extranjero", señala Juan Atienza, un completo convencido del privilegiado patrimonio natural que atesoran Las Merindades. Él y la mayor parte de sus 9 hermanos se reúnen siempre cada mes de agosto en Trespaderne, donde pasan los días entre tertulias y cenas familiares. "Somos un clan muy numeroso", reconoce. La mayoría de ellos comparten la pasión por la bicicleta, con la que hacen rutas que, a buen seguro, desvelará a los futuros huéspedes del hotel.
"Soy de mucha querencia rural, me gusta mucho la vida en el campo. Me gustaría tener animales, huerto.... es una cultura, un modo de mantener los antiguos usos", explica este emprendedor que, si de algo se muestra orgulloso es del pulso que mantuvo con los 24 propietarios entre los que repartía el Priorato. Eran más lo que deseaban venderlo que los que se negaban, pero la batalla fue ardua. "Me mostré resolutivo y advertí que tras comprar la mayor parte iba a obligar al resto a arreglar el edificio y cumplir la ley", dado su galopante estado de ruina y la protección que Patrimonio exige para todos los inmuebles blasonados como éste. En febrero de 2017 firmó las escrituras de la primera de las 24 partes que ha tenido que adquirir "a un precio razonable". La última y definitiva escritura la formalizó en septiembre de ese año. Logró convencer incluso a  herederos que vivían en Argentina. De quedar en manos de sus antiguos propietarios, Atienza opina que posiblemente nunca hubiera sido restaurado.
Por suerte, no será así y el Priorato pervivirá algún siglo más. Los niños del colegio Tesla, situado justo en la acera de enfrente, tendrán la oportunidad de disfrutar de su belleza cada día y los turistas, de soñar donde siglos atrás lo hicieron los monjes. 

 

TODA UNA VIDA

La primera vez que Juan Atienza pisó el Priorato fue hace más de cincuenta años. Recuerda que tendría unos diez cuando entró allí junto a otros niños pertenecientes a la familia propietaria. Así que en su memoria guarda el recuerdo de cómo fue aquel lugar en la década de los 50 del pasado siglo.

Eran los años en que Juan y amigos, como Roberto Fernández, quien ahora colabora estrechamente en la restauración y trata de recabar todos los datos históricos del inmueble, iban casi cada día a disfrutar al monte, a ese monte que se observa desde el Priorato. Se llevaban huevos y patatas y ni cortos ni perezosos hacían un fuego rodeado de las piedras sobre el que se preparaban una tortilla de patata que luego se comían tan ricamente. Robaban azúcar a sus madres, lo mojaban y también hacían guirlache al fuego. Podría contar mil y una aventuras que unen el corazón de este emprendedor con su pueblo natal.


El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel
El Priorato de Trespaderne se convertirá en un hotel - Foto: Ana Castellanos DB