Los usuarios de la N-I no pueden comer en 60 kilómetros

S.F.L.
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Desde Pancorbo hasta Burgos no hay ninguno en marcha y tan solo tres gasolineras para comprar

José Luis opta por comer bocadillos o llevarse las tarteras de casa porque aún le cuesta encontrar locales abiertos. - Foto: S.F.L.

La carencia de servicios básicos en las carreteras del país durante la crisis sanitaria se ha convertido en una de las denuncias más repetidas por los transportistas. A día de hoy, el tramo de unos 60 kilómetros de la N-I que atraviesa La Bureba -desde Pancorbo hasta Burgos- no dispone de ningún establecimiento hostelero abierto para comer y la única alternativa con la que cuentan los viajeros para adquirir algo de alimento son las gasolineras.
Así, el Hotel Restaurante El Vallés de Briviesca, el Club Macabucha, la cantina de Monasterio, el Hostal Hermanos Gutiérrez de la Brújula y el restaurante Damai, ubicado también en el área de servicio, continúan con la persiana echada esperando a que la situación vaya normalizándose poco a poco y que por las vías vuelvan a circular de nuevo turismos. «Llevamos cuatro días en la fase 1 y la gente necesita ganar confianza para comenzar a viajar», asegura un empleado del bar de Monasterio.
La gran mayoría de transportistas ha continuado trabajando pese al estado de alarma, con restricciones extra a parte de las establecidas por el Gobierno. Les ha resultado prácticamente imposible y todavía se ven con dificultades para encontrar establecimientos donde parar a comer y cenar. «Cuando mi ruta se dirige por la N-I sé la que me espera: o comer bocata o traerme tarteras para toda la semana», manifiesta José Luis, un camionero cántabro que añade que otro de los inconvenientes a los que se enfrentan es el aseo personal. Las medidas de desinfección han generado que multitud de duchas no estén disponibles para su uso. En el caso de la gasolinera de Norpetrol, en Briviesca, y la de Monasterio sí que disponen. «Ya sabemos donde tendremos que parar a partir de ahora que llega el calor», declara el conductor.
El gerente de la gasolinera Cepsa de La Brújula asegura que esta crisis no le está haciendo del todo daño y que conserva a sus clientes fijos. El hecho de que ofrezca un servicio de baños y ducha, y que en la tienda del surtidor se pueda adquirir pan, embutido y algo de comida envasada hace que los camioneros sigan parando. «Mi crisis llegó el 1 de diciembre de 2018 cuando se liberalizó la AP-1 y la facturación de mi negocio cayó un 70%», se lamenta José María.
Pero, como en todos los rincones de la nación, la actividad vuelve a retomarse poco a poco, las calles comienzan a cobrar vida y el camino a la nueva normalidad avanza. Por ello, el hostal-restaurante Hermanos Gutiérrez, un referente en comida casera de la zona, abrirá sus puertas la próxima semana. Los propietarios se encuentran de preparativos para volver a deleitar a sus clientes los mejores guisos. La cantina de Monasterio también pretende regresar a la actividad poco a poco.