"La suerte no existe, hay que regarla como a las lechugas"

G. Arce
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Gerardo Santa Olalla - Foto: Patricia González

Gerardo Santa Olalla, empresario. Blowin in the wind ConversacionesSobreBurgos (XVI)

Si Burgos es una ciudad pionera a nivel nacional en el reciclado del vidrio se debe, en buena parte, al empeño, la constancia y a los muchos años de trabajo de Gerardo Santa Olalla, el inquieto empresario que levantó hace 40 años de la nada esta industria en Burgos, convertida hoy -ya en manos de sus hijos- en un grupo empresarial de referencia con intereses en España y también en Portugal. La historia de este emprendedor modélico, distinguido con la Medalla al Mérito en el Trabajo en el año 2011, es la de un hombre sencillo hecho a sí mismo con "tesón y humildad". Recordando los muchos avatares de su vida, aún se nota que añora aquellas noches de verano de raso durmiendo sobre el techo de su camión en lo alto de Despeñaperros camino de Andalucía o aquella aventura inigualable de cruzar el páramo de Masa en pleno temporal de nieve con el remolque cargado hasta los topes de arena del pantano de Arija.

Gerardo nació a orillas del río Duero, en Fresnillo de las Dueñas,  hace 75 años. Fue el tercero de cinco hermanos (Nicasio, Simeón, él, Ángel y María del Carmen) y se recuerda como un niño "travieso y difícil". Su padre, Eusebio, se dedicaba al campo y a la compra de ganado en la comarca segoviana de Maderuelo para abastecer a la carnicería que regentaba su madre, Eufemia. A los 6 años ya le tocó fregar los platos de casa y repartir las cartas a su padre, que también era el cartero del pueblo. "En casa, una institución muy bien fundamentada, imperó siempre el orden y el esfuerzo, la mejor fórmula para caminar por la vida", advierte.

Emprendedor incansable, con negocios repartidos hoy entre el sector eólico, el inmobiliario, el industrial y el de las residencias para mayores, su modelo -"mi referente durante toda la vida, a pesar de fallecer cuando yo tenía 9 años"- es su abuela María, una empresaria rural de raza que se encariñó con su nieto. "Se quedó viuda muy joven y tuvo a su cargo en el campo a sus hijos y a varios trabajadores, en total diez. Fue accionista de la central eléctrica del pueblo, fue fundadora de la Banca Pecho [el banco arandino] y además fue prestamista, en Aranda algunos todavía la recordarán... No sabía leer ni escribir pero sabía sumar y bien".

Cuando terminó la escuela obligatoria trabajó en el campo con sus padres. "A los 14 años ya empecé a pagar los sellos de la Hermandad (ya cotizaba a la Seguridad Social) y me fue francamente bien, por el esfuerzo, el tesón y la humildad; nadie me ha regalado nada. He aprendido que la suerte no existe, hay que regarla como a las lechugas para que crezca...". 
el ‘david brown’. En casa se recolectaban más de 1.000 toneladas de remolacha cada campaña, que transportaban con unas caballerías que comían 300 fanegas de cebada. "A los 18 años vi que el mundo estaba cambiando y me compré el mejor tractor que existía en Europa, un David Brown 990 que me costó 232.000 pesetas, lo que me valió que mis padres me dejaran el saquillo con mi ropa en la puerta de casa del disgusto que tenían. Estaban convencidos de que les iba a arruinar...".

No fue así ni le echaron de casa. El tractor se amortizó en 3 meses y, de hecho, se utilizó en las obras del túnel de Guadarrama y en las de la ampliación de la fábrica de remolacha de Aranda, en manos de Constructora Asturiana, más en concreto en las labores de achique de agua. "Fue cuestión de suerte, con la venta de aquel tractor compré mi primer camión, uno de tres ejes, en el que cargaba remolacha y de todo...".

Poco a poco, todo empezó a rodar y los proyectos empezaron a fluir en la mente de este emprendedor. Tras un viaje de camión para transportar abono surgió el proyecto de comprar con su hermano una finca en Quintana del Puente de 300 hectáreas, para plantarla de claveles en invernadero con una empresa holandesa. Finalmente, la compra no cuajó.

Con su camión transportó soja para Pascual, "una empresa muy digna", y también trabajó para la Cristalería de Renedo, en Cantabria. De un problema originado con el cobro de un porte con esta última surgió una oferta de trabajo directo y sin comisionistas. "Transportábamos sosa desde la fábrica de Solvay de Torrelavega hasta Jerez de la Frontera, un viaje que aprovechaba para traer arena de fundición de Arcos de la Frontera para la Fundición de Pegaso, en Madrid. En el fondo, una deuda bien avenida fue el origen de mi negocio del reciclaje".

 

PÁRAMO DE MASA

Con 26 años se recorrió toda España de norte a sur hasta sumar los más de 5 millones de kilómetros que tiene registrados en su tacógrafo personal. Un día le llamaron de Vidrieras del Norte para comunicarle que Vicasa, del grupo Saint Gobain y propietaria de la fábrica de Gamonal, se había quedado sin arena de fundición para sus hornos de vidrio. "Me dijeron que cogiese todos los camiones que pudiese y fuese a Arija a por la arena del pantano. Nada de papeles, todo fue de palabra...".

Reunió urgentemente cuatro camiones y lideró una expedición en pleno temporal de nieve, "con cadenas en las ruedas delanteras y las motrices". "La nieve en el páramo de Masa me llegaba a la puerta del camión, incluso estaban cubiertos los hitos de piedra ubicados a ambos lados de la carretera...". A las cinco de la mañana salieron de Burgos y regresaron a las 10 de la noche, cuando Vicasa estaba a punto de parar por falta de arena. "A las 6 de la mañana, después de dormir 3 horas en San Felices de Rudrón, estábamos en la fábrica con otros cuatro viajes...".

No fue la única aventura en carretera. Todavía recuerda la Nochebuena que pasó al volante llevando sosa a la fábrica de Jerez. "No cené con mi familia y me costó alguna lágrima, pero había que hacerlo. En Somosierra coincidí con el director de la fábrica, que iba con su mujer a cenar a Francia. Recuerdo que dijo: ‘Por este señor, tú [su mujer] cenas hoy con tu familia y él no va a cenar con la suya’".

No hubo más nochebuenas fuera de casa. Con el tesón y la constancia que le caracterizan, Gerardo siguió haciendo la ruta a Jerez -ya con camiones alquilados- y entre idas y venidas se quedó con el transporte de la arena de Arija, con el de vidrio a las embotelladoras de La Rioja, cada vez más y más toneladas... "Un buen día me llamaron para proponerme la construcción de la primera planta de reciclaje en Madrid e incluso llegué a tener casa, muebles y el colegio de los niños allí".

No fue así. Los recuperadores  madrileños eran un "monopolio" e imponían sus condiciones leoninas... ("‘O te vendemos el vidrio o vas a tener la navaja en el costado algún día...’. Eran otras épocas", recuerda). Construyó su primera planta, pionera en España, en Quintanaortuño, en un pequeño terreno junto a la carretera de Santander. "Fue hace 35 años, cuando no había ingenierías para hacer este tipo de fábricas y todo fue de diseño propio, mirando las máquinas y los molinos que nos venían bien para estas tareas. Empezamos a producir una tonelada y media al día. Al año siguiente, molíamos 20 toneladas a la hora. Siempre tuve muy buena gente alrededor".

Una década después, ya como Santaolalla e Hijos, compró suelo en el polígono de Villalonquéjar para levantar la nueva fábrica, hoy todavía activa. "Se la compré a la Caja Municipal, aunque no tenía dinero para afrontar toda la inversión a la vez. Fui pagándola todos los meses mientras se iba construyendo. No hubo ningún problema...".

Y no se quedó quieto. Le ofrecieron abrir otra fábrica de vidrio en Almaty, la ciudad más grande de Kazajistán. Y allí se marchó, a la que entonces era una república rusa. Era un proyecto novedoso: mitad español, mitad ruso. Allí solo estaban el Banco Hispano Americano y la Pirelli. "Nos trataron muy bien, pero nos ocurrió de todo. En la negociación nos pidieron un Ranger para el ministro, otro para el ingeniero principal del país y otro para otro paisano... Qué demagogia".

Rusia quedó en el cajón. Sin problema, con Saint Gobain movían más de mil millones de pesetas al año y "sin firmar ni un papel, respetando los acuerdos que sellábamos a principios de año". Se construyó una segunda planta en Guadalajara, se dio el salto a Portugal y finalmente se levantó una nueva fábrica en Villalonquéjar III, la más moderna de Europa.
"no quiero nunca terminar". Gerardo lleva unos años fuera del negocio del vidrio, que ha pasado a manos de sus hijos. "Los negocios nos han funcionado mejor de lo que nos merecemos. Siempre he invertido con el 50% de recursos propios, así me lo enseñó mi abuela y así hemos ido funcionado".

Tras donar la empresa a sus hijos, es decir, tras jubilarse del reciclaje del vidrio, llegó a un consenso con Asunción, su esposa: "Yo no voy a ser agente de Bolsa, no voy a ir contigo, los dos juntos, a comprar el pan y la leche por las mañanas...".

Santa Olalla madruga menos (de joven apenas dormía 4 horas diarias) pero sigue en la brecha y con el humor y la exquisita corrección en el trato que siempre le ha caracterizado: "Creo que tengo que seguir aportando algo a la sociedad, para mí el trabajo desde los 6 años hasta hoy no ha sido trabajo sino un camino de rosas. El trabajo ha sido un deporte, me lo he pasado muy bien y no me he cansado nunca. De hecho, aún no me he cansado". "Admito lo que venga... Me quedan cosas por hacer porque no quiero nunca terminar de hacer. Quiero seguir haciendo hasta el día que me muera. Quiero ser tan humilde y constante como siempre y si un día tengo que ir a pedir a puertas no se me va a arrugar nada...".

Gerardo luce orgulloso el título de la Medalla al Trabajo en su despacho, bajo el cual tiene aparcados los hermosos coches de época que colecciona y reconstruye poco a poco; es su afición favorita. "He tenido tiempo para todo y he sido de las personas que la hora es ‘a menos cinco’. Siempre he llegado a tiempo y, si no, he llamado...".

Con ese afán de contribuir al bien de Burgos, varios proyectos en marcha en la ciudad (naves-nido en Villalonquéjar IV, edificios residenciales en diferentes puntos, entre otros) cuentan con su participación. "Creo que los propios burgaleses estamos entorpeciendo el desarrollo de esta ciudad. Tenemos una posición estratégica a nivel nacional y europeo como nadie y la gente de aquí sabe invertir muy bien y con mucho respeto, pero tenemos unos organismos locales que funcionan de forma correcta pero que deberían ser más ágiles. ¡Hay que dar facilidades al que paga impuestos por Burgos, puñetas!".