¡A por el gallo de Carnaval!

R.E. Maestro
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Cientos de asistentes acuden a ver la tradicional celebración de la localidad, donde el objetivo es robar el preciado animal al Rey

Los vecinos del pueblo cogen el gallo ante la persecución del zarramaco. - Foto: Valdivielso

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Tradiciones que valen oro

Un carnaval diferente. Una fiesta pagana que ya es tradición. Mecerreyes volvió a celebrar ayer su particular celebración en la que todo el pueblo sale ¡a por el gallo! El animal es el protagonista y a su alrededor gira todo lo demás. Uno de verdad se utiliza para recorrer las calles junto al resto de la comitiva, aunque lo cierto es que en el momento de la corrida se utiliza uno de trapo. El rey, los zarramacos, los danzantes y los danzantes son el resto de protagonistas de este acto que volvió a reunir a cientos de personas en el pueblo.

A las 17.00 horas comenzó el recorrido desde el Ayuntamiento y se fue a buscar a su casa al Rey, un niño del pueblo con un traje blanco y gorro de puntilla. Tras volver al punto de partida se inició la popular carrera con todos los participantes. «El significado lo entiendes cuando vienes aquí a verlo», explica Jesús Santamaría, vecino de Mecerreyes y que en esta fiesta hace las funciones de alguacil poniendo orden con la finalidad de evitar cualquier accidente.

Los zarramacos son quienes se encargan de cuidar al Rey para que no le roben el gallo. Cuando suena la música, los vecinos intentan quitárselo, antes está prohibido. Y es por ello que estos singulares personajes se encargan de defenderle con una estaca de más de un metro de larga. Ser zarramaco no es fácil y por ello hay que estar muy preparado físicamente para evitar que sean más rápidos que ellos y puedan huir por las calles del pueblo con el preciado tesoro en sus manos. Eso sí, son varios, este año cuatro concretamente, para no acabar agotados y ponérselo así más complicado a quienes se atrevan a ejecutar el hurto.

Una actividad única que es posible realizar gracias a las cerca de 100 personas que colaboran, ya que la gente que canta las coplas también son del pueblo que acuden con su gorro y con su capa. «El gallo de verdad se subasta en la plaza; algún año se han llegado a pagar hasta 300 euros», expone Santamaría de un acto que se cierra bailando la rueda chospona y  degustando las rodajas de naranja azucaradas, guirlache con almendras y orejuelas que se encargan de preparar los organizadores, principalmente la asociación cultural.

«Este carnaval para el pueblo es una de las mayores fiestas; la más emblemática», manifiesta Santamaría. Una tradición recuperada en 1980, que se mantiene en plena forma y que se puede resumir con su popular copla «el que entre a por el gallo, lo que en limpio va a sacar, es un palo con la estaca, y no pueda reclamar».