El misterio del arsenal robado

P.C.P.
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Ignacio Ruiz Vélez y su equipo afrontarán la segunda temporada de excavación en Los Ausines para definir si las armas recuperadas por el Seprona en 2018 se depositaron en un santuario con carácter votivo o estaban dentro de la acrópolis

La primera campaña se desarrolló el año pasado gracias a la aportación del Ayuntamiento. Este año han conseguido una pequeña subvención de la Diputación. - Foto: Valdivielso

El delito está esclarecido pero el misterio no. Los arqueólogos volverán este verano a Los Ausines para tratar de averiguar con qué objeto se depositaron en los terrenos de la actual cantera un auténtico arsenal de la Edad del Hierro, que fue recuperado por la Guardia Civil en 2018 después de haber sido puesto a la venta en internet.

Ignacio Ruiz Vélez capitanea una investigación que comenzó el año pasado, gracias a la inquietud del alcalde de la localidad, Santiago García, que decidió apostar desde el Ayuntamiento por tratar de poner en contexto esas 92 piezas (74 puntas de lanza) y aportar cerca de 3.000 euros para comenzar. Ahora, la Diputación subvencionará con otros 2.500 la segunda fase, que esperan permita desentrañar si las armas fueron depositadas allí con un carácter votivo, esto es, como una ofrenda o ritual en un santuario; o si se encontraban dentro de la acrópolis y entonces el poblado tuvo un tamaño mucho mayor que el imaginado inicialmente.

Esta segunda hipótesis explicaría la función del muro hallado el pasado verano, que aparece en las dos cuadrículas donde se trabajó. En la primera se trata de un trozo de "relativa consistencia, asociado a un basurero con mucha ceniza y huesos de animales, sobre todo bóvidos, ovicápridos y suidos (cerdos, jabalíes...)", explica Ignacio Ruiz, para aclarar que en los siglos IV y III antes de Cristo el consumo de carne de animales domésticos estaba generalizado. Ese muro presenta un grosor de más de dos metros, excesivo según los expertos para tratarse de la pared de una vivienda o edificio. 

En esa primera cuadrícula también se hallaron restos de cerámica "bastante corriente, de cocina, no de mesa", mientras que en la segunda pareció una aguja de coser de bronce, cuya cabeza encaja con el material fabricado en la etapa final de la Edad del Bronce o en la primera de la Edad del Hierro. 

"Es muy raro que dos poblados estén tan próximos", apunta Ignacio Ruiz, ya que "a 300 metros en línea recta se ubica la ermita del Castillo". Si a ello "se une el impresionante depósito de armas" recuperado por el Seprona, todo apunta a que la línea de la muralla debe conectar las dos cuadrículas. "Esa es la duda que vamos a resolver", apunta el investigador, que acaba de ingresar en la Real Academia de la Historia. Para ello trabajarán en una superficie de 3x6 metros. Volverá a contar en su equipo con Marta Francés y Victoria Palacios, además de la colaboración de Asociación de Amigos de Hacinas y los voluntarios de la localidad que se quieran implicar. "Son muy importantes", apostilla.

La segunda duda que les queda es si el trabajador de la cantera de Los Ausines que se hizo con las piezas y las vendió -acabaron en un anticuario de Toledo- dijo la verdad a la Guardia Civil y las descubrió a la vez, al romper una roca con la pala, "o son frutos de hallazgos sucesivos", apunta. Cierto es que todas las piezas tienen una cara muy calcificada y otra que no lo está "la que da al suelo", además de que en el mismo lugar se encontró otra punta de lanza igual.