Los retos urgentes del futuro Gobierno

José Miguel Blanco (EFE)
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El desafío independentista o una eventual recesión son algunas de las asignaturas pendientes para el nuevo Ejecutivo

Los retos urgentes del futuro Gobierno - Foto: Susanna Sáez

Con los resultados de las elecciones generales de ayer en mano se reafirma la idea de que no será sencillo que los grupos faciliten el desbloqueo que ha impedido la formación de un Gobierno.
Pero pese a las dificultades, los principales partidos reconocen la necesidad de intentar llegar a una solución con premura, y ese es su principal objetivo para los días posteriores a los comicios.
Si lo consiguen, llegará la hora de otros retos, los de un nuevo Ejecutivo que tendría ante sí muchos frentes y, entre ellos, varios desafíos urgentes e ineludibles.

 

La convivencia en Cataluña

Hoy por hoy la normalización de la situación en Cataluña es el desafío más ansiado, pero existe el convencimiento de que las posiciones dispares y la actitud de los radicales enturbian la esperanza de conseguirla a corto plazo.
Se habla mucho de diálogo, hay voces que proponen recurrir de nuevo al artículo 155 de la Constitución, otras que ansían el rescate de competencias y las que, desde el independentismo, reclaman la amnistía de los líderes para encauzar la crisis.
Todo está condicionado por la senda que quieran tomar los dirigentes soberanistas y si, tal y como avanzó el presidente de la Generalitat, Quim Torra, vuelven a hacer un referéndum.
El futuro Gobierno tendrá entre sus manos el deber de hacer respetar la ley y, al mismo tiempo, seguir dejando abierta la puerta a la colaboración imprescindible entre las administraciones.

 

Nuevos presupuestos

Los presupuestos generales del Estado para 2018 que llevan la firma del ministro Cristóbal Montoro siguen aún vigentes.
El bloqueo político impidió que prosperaran los presentados por Pedro Sánchez, pero los desafíos económicos necesitan unas nuevas cuentas del Estado.
Sería en ellas donde se despejarían las dudas y se conocerían detalles de políticas como las de carácter fiscal y social que se quieren aplicar y las intenciones para encarar la revolución tecnológica.
Pero, además, la estabilidad económica y por ende política que supondría una mayoría parlamentaria que avalara un nuevo texto presupuestario debería servir para afrontar con más determinación otro de los retos inmediatos, el menor ritmo de la economía.

 

La desaceleración económica

Los datos ya constatan esa anunciada desaceleración, y el ritmo de crecimiento o el de la creación de puestos de trabajo son algunos ejemplos de que los vaticinios se están cumpliendo.
Pese a ello se mantiene la esperanza de que esa situación afecte menos a España que a otros países y no traspase la barrera que conduzca a una crisis que sería demasiado cercana a la que recientemente golpeó con dureza al país.
Intentar evitarlo debe estar entre las prioridades del nuevo Gobierno, y para ello hay pendientes reformas estructurales que alienten la eficiencia económica y la competitividad.
Ante ellas, los partidos intentan exhibir experiencia y eso es lo que provocó durante la campaña electoral anuncios como el de Sánchez de que ya ha elegido a su vicepresidenta económica si repite en el cargo: Nadia Calviño.

 

El Brexit que viene

Quien ocupe esa Vicepresidencia o simplemente el Ministerio de Economía tendrá ante sí otro arduo trabajo que lleva años cocinándose: la ruptura del Reino Unido de la UE.
La amenaza de un Brexit duro ha quedado agazapada ante el aplazamiento de la fecha fijada para ese momento y la llamada anticipada a los británicos para que decidan en las urnas si Boris Johnson seguirá pilotando el divorcio con la Europa comunitaria.
Se trata de una tregua tras momentos muy difíciles en los que parecía que la salida abrupta del país anglosajón era inevitable.
Pero tanto con acuerdo o sin él, España ha de seguir preparándose para el día después.
La situación de los españoles residentes en el Reino Unido y de los británicos en España, los flujos comerciales, la especial repercusión en la zona del Campo de Gibraltar y los efectos en servicios financieros o transporte aéreo son algunas de las áreas en las que deberá ponerse un foco especial de atención.

 

La financiación autonómica

La financiación autonómica cuya reforma está pendiente desde 2014 es una prueba más de la trascendencia de los deberes económicos del futuro Ejecutivo.
Ligada a la aprobación de unos nuevos presupuestos, esa nueva financiación es una demanda reiterada de las comunidades.
Con mensajes de asfixia en las cuentas autonómicas por parte de sus máximos responsables, los trabajos deberían desembocar en un nuevo modelo que se antoja difícil que pueda contentar a todos.
Determinar los parámetros a los que se dará más peso a la hora de fijar esa nueva financiación, si al número de habitantes, a la despoblación, al envejecimiento o a la dispersión, entre otros, será una tarea nada fácil, pero que no admite más dilación.

 

Aprender a pactar

Las mayorías absolutas parecen haber desaparecido por mucho tiempo del panorama político español y eso obligará previsiblemente a que, una vez lograda una investidura, la posterior actividad legislativa tenga que conseguir el apoyo de diversos partidos para que pueda prosperar.
Un pacto estable de legislatura, acuerdos puntuales, una geometría variable a la hora de votar cada iniciativa... Esas son algunas de las opciones en un amplio abanico de posibilidades.
La aritmética resultante de las elecciones acota las alternativas, pero parece ineludible una práctica caída en desuso: el acuerdo. Toca volver a aprender a pactar.