El 75% de los menores de 24 años tienen un contrato temporal

SPC
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La tasa de temporalidad laboral en Castilla y León baja 4,5 puntos desde 2006, hasta el 25,2%, según BBVA

El 75% de los menores de 24 años tienen un contrato temporal - Foto: Rueda Villaverde

La tasa de temporalidad laboral en Castilla y León bajó 4,5 puntos entre 2006 y 2018, hasta situarse en el 25,2 por ciento frente al 26,8 por ciento de la media de España y muy lejos del 14,2 por ciento de la Unión Europea. Andalucía y Extremadura son las comunidades autónomas con mayor porcentaje de personas ocupadas en empleos temporales, ambas superan el 35 por cietno, frente a Madrid que no llega al 20 por ciento, según un estudio de la Fundación BBVA y Esenciales Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE).

Alrededor de 4,35 millones de asalariados tenían un contrato temporal en España en el año 2018, lo que implica una tasa de temporalidad (porcentaje de asalariados con contratos temporales sobre el total de trabajadores asalariados) del 26,8 por ciento. El informe recuerda que España partía antes de la crisis de una tasa de temporalidad máxima del 34 por ciento en 2006, más del doble que en la Unión Europea (UE) en ese mismo año (14,5 por ciento) y con una tasa de paro similar a la de la UE.

Sin embargo, durante la crisis se observa una clara caída de la tasa de temporalidad y un acusado repunte de la tasa de paro en España. Entre 2006 y 2013 la tasa de temporalidad cayó un 32 por ciento, mientras que la de paro se multiplicó por 3,1. Posteriormente, la recuperación trajo consigo un incremento de la temporalidad y en la actualidad es el país de la UE con mayor tasa de empleados temporales, casi el doble que la media europea que se mantiene en el 14,2 por ciento.

Un aspecto característico del caso español es que la caída de la tasa de temporalidad durante la crisis no se debió a una mejora en la calidad de los contratos de trabajo, sino a que fueron los trabajos temporales los que sufrieron en mayor medida la destrucción de empleo, debido a la menor protección relativa de este tipo de contratos. No en vano, advierte que si la tasa de temporalidad es elevada, se corre el riesgo de segmentar a los asalariados en dos grupos: los que tienen un contrato indefinido, y los temporales, que tienen una mayor probabilidad de perder su empleo dado el menor coste del despido.

Los autores del estudio consideran “conveniente” reducir la alta tasa de temporalidad “cuanto antes”, porque de ser prolongada tiene efectos negativos sobre la productividad, ya que ni las empresas ni los empleados tienen incentivos a invertir en formación específica. Además, la experiencia conseguida por el trabajador se pierde en gran medida al extinguirse la relación contractual. “Convendría acercarnos al promedio europeo, donde, pese a existir los contratos temporales, no se abusa de ellos”, precisa.

España es el país europeo con mayor tasa de temporalidad y el segundo en tasa de paro, lo que ilustra la necesidad de ensayar reformas en el mercado de trabajo y promover una cultura empresarial que ponga en valor los beneficios (mayor productividad) asociados al empleo estable. En este sentido, reducir la temporalidad no tiene por qué implicar eliminarla. En épocas de recuperación los contratos temporales pueden resultar útiles para las empresas que quieren volver a contratar pero aún no se sienten preparadas para asumir los costes de los contratos indefinidos. Asimismo, en muchos casos el contrato temporal sirve como primer contacto con el mundo laboral.