106 velas llenas de carácter

B.A.
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Ana Pérez Montañana, nacida y vecina de Cerezo de Río Tirón, se convierte en la tercera persona más longeva de Burgos tras celebrar su cumpleaños en la Residencia San Vitores

Ana recibe la felicitación de su sobrina Pilar, con su hermana Irene sentada tras ellas. - Foto: Alberto Rodrigo

No le faltó el Cumpleaños Feliz, la tarta, un ramo de flores y algún que otro regalo. Tampoco la visita y los besos de su hermana Irene y de dos de sus sobrinas. Ni el cariño de sus cuidadoras y de sus compañeros. Así cumplió Ana Pérez Montañana 106 años, lo que la convierte en la tercera persona más longeva de la provincia, un honor al alcance de muy pocos y para lo que no existe un secreto ni una receta mágica. «Con todo lo que ha trabajado en el campo y la escasez reinante en la época que le tocó vivir no se como su cuerpo está aguantando tanto», dice su hermana Irene, la más pequeña, con 95 años, y que de vez en cuando la visita en la Residencia San Vitores de Cerezo de Río Tirón, donde Ana vive desde que se inauguró, hace 21 años. 

La centenaria nació en esa localidad el día de Santa Ana, así que ese fue el nombre elegido por sus padres para su cuarta hija, la que tuvieron tras Clemencia, Iluminada y Jesús. Después nacieron los dos pequeños, Feli e Irene, esta última, junto a Ana, las dos únicas hermanas que hoy en día viven. «Todos los demás murieron con 82 años», relata Pilar, una de sus sobrinas, que habitualmente vive en Madrid pero ahora se encuentra en la localidad pasando unos días y que también se acercó a la residencia para felicitar a su tía. 

Todos los hermanos quedaron huérfanos muy jóvenes, ya que sus padres fallecieron antes de cumplir los 50, así que Clemencia cuidó de Ana una temporada, hasta que con 18 años se casó con Bernardino Merino, también de la localidad. El matrimonio no tuvo hijos, pero compartió duras jornadas en el campo, a lo que dedicaron toda su vida, incluso cuando se quedó viuda poco después de cumplir los cincuenta. «Hasta que tuvo casi 100 años cuidó de su huerta», cuenta otra de sus sobrinas, también Pilar, que destaca la dureza de su tía y el esfuerzo de su trabajo en el sector agrícola. «Hacía de todo. Trabajar más es imposible», incide su hermana. 

Y es que Ana ha sido siempre una mujer de carácter, muy inquieta y trabajadora. De la residencia salía y entraba para ir a su casa o cuidar del huerto hasta hace unos años, pero una segunda rotura de cadera hace que ahora se tenga que desplazar en silla de ruedas, aunque sí que es capaz de ponerse en pie. El paso del tiempo también le ha provocado cierta demencia, pero lo que sigue manteniendo es su genio. «¡Que no quiero hacer años!», decía mientras le entregaban un ramo de flores y le recordaban el día que era, entre las risas que se hacían dueñas del ambiente por sus réplicas.