Sin parar en el PAC único

G.G.U.
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San Agustín atiende desde ayer todas las urgencias ambulatorias de la capital. La sala de espera estuvo a tope y la demora rondó las dos horas

Tres facultativos estaban de guardia ayer en las urgencias de Primaria, pero en un momento dado se quedó uno solo y la sala de espera empezó a llenarse. - Foto: Alberto Rodrigo

Son las siete de la tarde y en la sala de espera de las urgencias de Primaria ya no hay donde sentarse. Entre la veintena de pacientes que aguardan para ver al médico hay de todo: mucha cara de cansancio, ojos enrojecidos, pañuelos de papel en mano, un par de personas con mascarilla, dos niños comiendo chuches y una cierta confusión entre los recién llegados por el orden de admisión. Algunos de los que dan la vez llevan un par de horas en el mismo sitio, así que también se percibe una cierta tensión; un estar a la que salta ante el mínimo indicio de que alguien pretenda colarse y acabar por la vía rápida la visita al ya único Punto de Atención Continuada (PAC) de la capital: el de San Agustín.

La Consejería de Sanidad decidió la semana pasada que en unos metros de la planta baja de este centro de salud de la zona sur hay que atender todas las consultas de la ciudad que no pueden esperar a una cita convencional con el médico de cabecera pero que tampoco son como para ir a las urgencias del HUBU. Ayer fue el primer día y, tal y como se vaticinó, el estreno no defraudó: el espacio es escaso y sus consultas han conocido tiempos mejores. En la zona en la que el equipo descansa hay camas pegadas a lavabos y armarios bajeros; ventanas que si se abren ya no se pueden cerrar o, directamente, sin ventilación.

Pero eso, de sobra conocido para los altos cargos de Sacyl, es independiente de los despachos donde los tres médicos que estaban en turno ayer tenían que examinar a los pacientes. En un momento dado, se recibe una llamada que obliga a movilizar al personal que atiende los avisos domiciliarios: facultativo y enfermero se marchan del PAC, donde todavía quedaban dos para seguir con la asistencia. Pero, he aquí que entra en la consulta un paciente que requiere de un traslado al HUBU. Otro médico y otro enfermero se montan en la ambulancia para llevarlo y se marchan del PAC, donde ya solo queda un especialista. Solo una puerta lo separa de una sala de espera en la que el número de personas aumenta de forma proporcional al paso de los minutos, porque es la dinámica habitual: más gente a última que a primera hora. Y está solo.

(Más información, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)