"No quiero dinero por la caída, solo que lo arreglen"

F.L.D.
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Javier Díaz, vecino de la zona sur, protesta por el «lamentable» estado de un paso de cebra de la calle Madrid, esquina con Progreso, en el que, asegura, «hay tropezones todos los días» y algún percance más grave, como el que sufrió su madre

Díaz muestra el precario estado de la calzada a la altura del párking. - Foto: Luis López Araico

En 2015, la madre de Javier Díaz, un vecino de la zona sur de la ciudad, volvía hacia su casa tras hacer la compra. Al llegar hasta el paso de cebra la calle Madrid, en la esquina con Progreso, el semáforo se puso en verde y solo duró en pie unos metros. El mal estado de la parte más cercana a la entrada del párking le hizo tropezar y romperse la cadera. En un primer momento llegó una dotación de la Policía Local, que solicitó una ambulancia que la atendió, aunque, al encontrarse bien en un primer momento y notar que podía caminar sin sentir ningún dolor, no la trasladaron al hospital. Al día siguiente, su estado empeoró y tuvo que ir por su propio pie. Los médicos comprobaron que existía una rotura, por lo que decidió reclamar al Ayuntamiento. No obstante, al rehusar la primera asistencia, el Consistorio no se hizo responsable de sus lesiones. Cuatro años después, no quiere nada más que el arreglo de esta calzada.

Díaz asegura que los tropezones en esta parte de la calle Madrid son habituales. Desde luego, basta con darse una vuelta para comprobar que el asfaltado deja mucho que desear, sobre todo en la parte de la entrada al garaje. Ya solo esa rampa dificulta el tránsito de peatones y muchos, en vez de esperar en la acera, lo hacen más adelante, básicamente para ‘robar’ unos segundos al contador del semáforo, que apenas deja tiempo para poder cruzar hasta el otro lado de la calle. «Hay mucha gente mayor que va con carritos de la compra y que tienen que correr para llegar al otro lado», resalta. El riesgo de caída, por tanto, aumenta.

Pero el principal problema son los baches que, poco a poco, se han ido reproduciendo hasta el extremo opuesto. «La calzada se ha ido abriendo y a día de hoy hay grietas que llegan hasta el otro lado y que antes no estaban. Está empeorando año a año», protesta Javier, quien recuerda que ésta no es una calle cualquiera, sino que «está a los pies de la Catedral», por lo que le llama aún más la atención la inacción del Consistorio.

Tras el incidente de su madre, puso varias reclamaciones en el Ayuntamiento y lo máximo que ha recibido hasta el momento es una carta en la que le aseguraron que estudiarían la situación de la calzada. Sin embargo, han pasado los años y no solo no la han arreglado sino que, para colmo, está peor cada día. «Me sorprende mucho que se hayan tirado meses para solucionar el ruido que provocaban las rejillas y no hayan hecho nada en el asfaltado. Era un momento perfecto», sostiene.

Javier Díaz lamenta que su madre no haya «vuelto a ser la misma desde la caída», pero insiste en que llegados a este punto no le interesa una posible indemnización. «Solo quiero que lo arreglen, nada más. Es un poco desesperante, porque parece que tiene que pasar algo grave para que actúen», sentencia.