"En las viñas la gente te enseña con corazón"

ADRIÁN DEL CAMPO
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Ibou Sy llegó a España en patera hace 12 años. Tras trabajar en los invernaderos de Almería o los pesqueros de A Coruña, por fin se siente respetado. Busca 6 nóminas seguidas para traer a su familia

Ibou Sy posa en uno de los viñedos en los que trabaja. - Foto: A. del Campo

No es fácil conseguir hablar con un temporero en la Ribera del Duero. En estas fechas son muchos los que ya están trabajando en la poda en verde de las viñas, pero a pesar de ello, a las organizaciones agrarias les cuesta encontrar jornaleros que quieran ser protagonistas o viticultores que estén dispuestos a abrirse a los medios. Los cobros en negro, las labores sin contrato o el miedo a una posible inspección todavía siguen existiendo. Sin embargo, también hay quienes no tienen nada que ocultar y reciben con los brazos abiertos a una grabadora y una cámara. Es el caso de Ibou Sy, temporero, y Susana Carazo, viticultora.

En medio de varias hectáreas de viñedo que ya piden la poda en verde, Ibou Sy cuenta cómo ha llegado a la Ribera del Duero. Lleva cuatro meses en la comarca y su cara desprende un agradecimiento absoluto hacia quienes hoy le dan trabajo. Este senegalés de 42 años entró en España por Canarias. Su medio de transporte, como el de tantos de sus compatriotas, fue una patera. De las islas terminó en Almería, donde estuvo siete años trabajando en los invernaderos. Así consiguió los papeles para faenar en el mar en A Coruña. Los viajes semanales de ida y vuelta hasta Irlanda en un barco pesquero no se le olvidarán fácilmente. "Si puedo no voy más allí porque fue un poco duro, porque te quedas sin dormir y la gente allí no te da respeto como te mereces", declara Ibou.

Una nueva oportunidad. Cuando estaba en los pesqueros gallegos recibió la llamada de un amigo, le contó que estaba trabajando en la Ribera del Duero, en las viñas, y que le iba bien. Así, animado por la idea de tener mejores condiciones y de reencontrarse con gente que conocía de Senegal, Ibou  volvió a viajar para asentarse en la comarca burgalesa. De estos cuatro meses aquí solo tiene buenas palabras, reconoce que la labor en la uva "es más fácil que en los invernaderos de Almería", pero sobre todo se queda con un detalle que le cambia la cara: "En las viñas la gente también te enseña con alegría, con corazón para que tú aprendas, y la gente te acoge igual que a ellos mismos, por eso de verdad desde que desde que estoy aquí en España hace doce años, estoy más feliz que nunca cuando estoy con ellos, de verdad".

La sinceridad de sus palabras dibuja una sonrisa en la cara de Susana Carazo, la viticultora para quien trabaja. Sin embargo, la mejora laboral de Ibou no significa que su lucha por integrarse en España haya concluido. Todavía le queda su mayor reto: conseguir traer a su mujer y a su hijo, que siguen en Senegal.  "Quiero traerlos aquí y que estén conmigo, pero necesito seis nóminas seguidas de trabajo para poder hacer la petición", declara. Mientras lo explica, Susana y su marido, ambos viticultores, intervienen en la conversación. Inciden en que harán lo posible porque logre esa meta, incluso le van a enseñar a manejar el tractor para que pueda trabajar en las viñas en otras épocas del año, aunque matizan que la continuidad en las nóminas tiene que ser del mismo pagador y que si lo contratan ellos perdería los cuatro meses que acumula, ya que está empleado a través de una empresa de servicios.

Contacto con ibou. Susana Carazo y su marido tienen 50 hectáreas de viñedo. La pareja es la que se encarga durante todo el año del campo y cuando necesita apoyos puntuales contrata a gente a través de las empresas de servicios. Durante la vendimia del año pasado vieron que venían chicos de Senegal. "Les vimos trabajar, nos gustó cómo trabajaban, que eran serios, y les dijimos que si querían venir a trabajar con nosotros el resto del año, y se vinieron dos", cuenta Susana Carazo. Uno de los senegaleses era amigo de Ibou y así es como este acabó llegando a la Ribera del Duero.

La viticultora de Quintana del Pidio cuenta que tienen una casa muy bien preparada para los temporeros en la que acaban de renovar el sistema de calefacción y donde no les falta de nada. "Y sin pagar", apostilla Ibou. Y es que este matrimonio de agricultores no les cobra por el alojamiento y se hace cargo de los gastos de luz o agua. Así es como Sy ha encontrado, tras doce años en España, un lugar donde se siente respetado como uno más y que le permite ver más cerca su sueño de volver a vivir con su mujer y su hijo, de volver a unir a su familia.