Prácticas para alumnos con discapacidad visual

B.G.
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Dos profesoras de la Universidad de Burgos realizarán prácticas en el laboratorio con grupos de estudiantes de Maristas y la SAFA. Su proyecto cuenta con la colaboración de la ONCE

Ana Herrero, a la izquierda, junto a Susana Palmero en la Facultad de Ciencias - Foto: Patricia

Facilitar la integración y la autonomía de los escolares con discapacidad y hacer ver al resto el esfuerzo añadido que tienen que hacer en su aprendizaje son los dos objetivos prioritarios del proyecto que han puesto en marcha dos profesoras de la Universidad de Burgos. Ana Herrero y Susana Palmero, del departamento de Química Analítica, se han propuesto adaptar a este colectivo las clases prácticas en el laboratorio y para ello cuentan con la colaboración de la ONCE.

Su proyecto se estrenará el día 19 de este mes en la Facultad de Químicas del campus, a donde acudirán medio centenar de estudiantes de Secundaria de los colegios Marista Liceo Castilla y de la Sagrada Familia (SAFA). Estos dos centros han sido elegidos por contar entre su alumnado con afiliados a la organización, si bien las  docentes confían en que esta primera experiencia se extienda a otros y se prolongue en el tiempo. No obstante, afirman que todas las herramientas que han desarrollado al respecto se presentarán en un congreso internacional educativo que se celebrará próximamente en Sevilla para que puedan estar a disposición de todos los profesores.

La idea partió de una reunión previa que mantuvieron dentro de un proyecto Erasmus de investigación sobre enología en el que colabora la UBU con el Aurelio Gómez Escolar, además de contar con otros socios nacionales e internacionales. Herrero narra que en ese encuentro conocieron a un profesional de la educación de Lanzarote que lamentaba que una de sus alumnas, con deficiencia visual, no pudiera hacer prácticas en el laboratorio. Fue ahí cuando las dos profesoras aludieron a la posibilidad de emplear una metodología sencilla o desarrollar experimentos que se pueden realizar aplicando otros sentidos que no sea la vista.

A partir de aquel momento comenzaron a trabajar en ese objetivo aprovechando la experiencia de haber participado en el campus de inclusión celebrado este verano en la UBU para estudiantes con capacidades diversas. Y también se hicieron la pregunta de por qué no trasladar la iniciativa a Burgos. Se pusieron en contacto con la ONCE y la entidad les dio la respuesta ofreciéndoles su colaboración, además de ponerlas en contacto con un experto en recursos educativos de Física y Química de la entidad en Madrid. «Nos asesoró sobre cómo poder adaptar determinados ensayos para que el alumno con discapacidad pueda tener también cierta autonomía», explica Herrero.

Con todo ello han preparado el taller del día 19, donde realizarán prácticas de Química empleando materiales sencillos que permitan a los participantes poder continuar sus experimentos en sus centros o en casa. El instrumental que se usará posibilitará que los resultados se puedan conocer a través de señales auditivas, el tacto o el olfato.

A modo de ejemplo, explican que existen utensilios con sensores que alertan con un sonido del llenado correcto de un recipiente; cómo se oyen y se pueden tocar con un guante las burbujas que produce la reacción de la mezcla de bicarbonato con vinagre; el cambio de textura de la cáscara de un huevo de codorniz cuando se sumergen también en vinagre, o el hecho de que a la hora de medir la concentración de ácidos existan indicadores que no solo cambian de color, sino que también ofrecen información a través del olfato, empleando objetos como jeringuillas con muescas para saber la cantidad de líquido necesaria.

Para que la experiencia resulte completa, el resto de alumnos realizarán estas prácticas con antifaces, con el fin de «sensibilizarles sobre la dificultad añadida» que tienen sus compañeros de clase. Todo está preparado para las dos horas que dura el taller, que las profesoras esperan que se extienda a otros centros educativos.



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