El huracán del cambio

Carlos Cuesta (SPC)
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La industria vive una cuarta revolución en la que impera una total digitalización, que está modificando todos los sectores productivos con nuevas fórmulas más eficientes para un entorno sin fronteras que utiliza la inteligencia artificial

El huracán del cambio

La clase empresarial se había acostumbrado a manejar los tiempos y a controlar hasta el más mínimo detalle de su negocio, sus clientes y, sobre todo, su competencia hasta que, en la última década, la tecnología ha dado un vuelco sin precedentes que ha dejado obsoletos los sistemas tradicionales que habían funcionado durante siglos provocando un gran vértigo ante las enormes transformaciones que se están produciendo a nivel mundial.
Las innovaciones tecnológicas en campos como las finanzas, el comercio, los transportes, los servicios... etc., ocupan y preocupan a la clase patronal que lucha para no perder el tren del progreso. 
La industria vive una cuarta revolución donde impera la digitalización absoluta de sus sistemas y, de hecho, cada vez están más implantadas fórmulas productivas en las que las máquinas se interrelacionan intercambiando información y procesos que incrementan la productividad hasta parámetros que nunca antes se habían conseguido. 
La inteligencia artificial se está incorporando de forma implacable y la sustitución de robots por trabajadores empieza a ser algo normal y cada día más habitual.
Internet ha transformado los medios de comunicación en unos pocos años más que la radio o la televisión en todo el tiempo que llevan de existencia, de la misma forma que, por ejemplo, el selfie, efectuado con teléfonos móviles, ha desterrado del mercado a la antigua cámara fotográfica. 
En este contexto, las redes sociales se han convertido en medios muy influyentes, con una difusión mayor que la prensa tradicional. 
El nuevo modelo de negocio colaborativo marca un sistema más competitivo con el nacimiento de plataformas de software como Airbnb que, sin ser propietarias de un solo inmueble, cuentan con innumerables apartamentos de alquiler por todo el mundo, u otras dedicadas al transporte de pasajeros como Uber o Cabify que, sin tener un solo coche, poseen una enorme flota para poner a disposición de terceros o, también, otras iniciativas empresariales capaces de cambiar el paisaje urbano como los profesionales de Glovo que utilizan la bicicleta para entregar paquetes por toda la ciudad.
Se trata de unos cambios vertiginosos, acelerados y apasionantes, aunque muchos los critiquen por el esfuerzo que requiere adaptarse a ellos. La inteligencia artificial, que hasta hace muy poco sonaba a ciencia ficción, es ya una realidad desafiante que coloca a la sociedad ante la encrucijada de o bien hacerla su aliada o, de lo contrario, permitir que se cumpla la profecía de Stephen Hawkings que afirmaba que «la inteligencia artificial será el final de la raza humana».
Así, en los programas de políticos tan destacados como el presidente francés Emmanuel Macron, se observa que entre sus objetivos prioritarios no están materias como la economía o la defensa, sino que su pretensión es situar a Francia a la cabeza de la inteligencia artificial.
Ante este nuevo escenario, analistas como Christopher Wylie sostienen que la economía está en el centro del huracán del cambio y defienden que «igual que es imposible vivir en una sociedad moderna sin electricidad o agua corriente, es muy difícil vivir ahora sin internet, o sin un teléfono móvil».
El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, se manifestaba también en esta línea asegurando que «ningún negocio va a permanecer igual que hace una década y ninguna de las personas de la sociedad actual va a permanecer en el futuro como está ahora».
En el entorno empresarial todo va tan rápido, es tan universal, tan global y tan fulminante que quien no se resetee y actualice puede ser expulsado de la vía del cambio si decide permanecer rezagado.
La revolución tecnológica ha llegado para quedarse y está produciendo cambios en la industria, el comercio, los servicios, la sanidad, la agricultura, la construcción, los medios de comunicación, la banca, el sector retail, y todos y cada uno de los procesos productivos actuales.
El dinamismo es tan fuerte que afecta a cada eslabón de la cadena, en cada producto o servicio que sale al mercado, en la relación con los proveedores, los clientes, el sistema fiscal, la organización interna e, incluso, en la imagen de la empresa.
En este nuevo modelo, sectores como el comercio, que sigue siendo estratégico y fundamental para la economía, se enfrentan a la gran transformación de la digitalización, para seguir siendo un gran motor generador de empleo y de riqueza, una fuente de recursos a las finanzas del Estado, un proveedor de servicios a la sociedad y, esencialmente, uno de los grandes instrumentos en la mejora de la calidad de vida. Solo en España, representa el 12% del PIB y da trabajo a más de tres millones de personas.
La competencia del escaparate virtual en páginas web ha provocado un claro competidor, pero también un gran aliado para mantener un contacto permanente con el cliente, ganarse su fidelidad y lograr su satisfacción como consumidor en lo que es un nuevo contexto que supone aceptar el gran desafío que representa la adaptación y la superación a las nuevas reglas que están, incluso, por encima de las legislaciones y sistemas de fiscalidad más exigentes de todo el planeta.
Hoy en día, el comprador está en constante transformación, cuenta con un alto nivel de información, disfruta de una enorme oferta a su alcance, es más consciente que nunca de sus derechos y, además, ha asumido los cambios que aportan las nuevas tecnologías.

 

Asegurar el éxito. En este nuevo mercado, lo que es seguro es apostar por ofrecer la máxima innovación, calidad, servicio, especialización y garantías que demanda el cliente, que es quien mantiene todo el sistema económico.
El reto digital es de tal magnitud y transcendencia que los empresarios deben tratar de no distraerse con lo que realmente es importante para seguir creciendo. El consultor y profesor de negocios Peter F. Drucker escribió que «de lo que no hay ninguna duda es que este es el momento de hacer futuro, precisamente porque todo está cambiando, ahora es el tiempo para la acción».
El gran secreto está en encontrar la clave que hace diferente a una empresa por el valor añadido que aporta, que ya no compite solo son sus vecinos sino que trabajan un mercado sin fronteras. Sin embargo, en el futuro, la experiencia del consumidor no va a ser solo digital o solo física, sino que irán unidas y beneficiará a quienes estén en ambas partes.