El EVA 12 supera un invierno de récord

H. Jiménez / Burgos
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Tres de los militares del Escuadrón, este miércoles a la entrada del edificio bajo una intensa niebla. Arriba, un momento de descanso del personal y dos imágenes tomadas en 2008. - Foto: Valdivielso

La base militar de Lunada ha batido este año su propio registro de aislamiento con más de 80 días incomunicados por la nieve. La semana pasada les cayeron otros 10 centímetros pero su personal le resta importancia y asegura estar más que acostumbrado

Los campos ya empiezan a amarillear, el sol brilla la mayor parte de los días y las temperaturas superan los 20 grados con alegría. La primavera es un hecho para casi todo el mundo, pero no para quienes trabajan a 1.700 metros sobre el nivel del mar en el lugar habitado más alto de la provincia de Burgos. Allí la niebla se resiste a retirarse, las temperaturas siguen siendo frías y el viento no perdona. Por suerte para ellos pasan las horas en un edificio bunkerizado.
El Escuadrón de Vigilancia Aérea número 12, situado por encima del puerto de Lunada justo en el límite con Cantabria, acaba de dejar atrás el invierno más largo de cuantos había experimentado desde su creación en 1997. A lo largo de sus 18 años de existencia nunca había permanecido más de 73 jornadas aislado por carretera hasta que este invierno llegó a las 82. El nuevo récord se ha visto acompañado por temperaturas de hasta 12 grados bajo cero, 8 metros de acumulación de nieve en algunos puntos y vientos de más de 180 kilómetros por hora, pero quienes lo han padecido de cerca no se dan importancia.
No lo hacen ni el sargento Mantilla (jefe de seguridad) ni el teniente Dermit (jefe de apoyo) ni tampoco el comandante Rodríguez (máximo responsable de la base). Mientras explican las distintas dependencias del edificio insisten en que «las condiciones climatológicas son algo que va con nuestro trabajo».
No se inmutan al repasar cifras como los 22 bajo cero que alcanzaron hace unos años o las rachas de viento de hasta 230 kilómetros por hora que han llegado a medir. Tampoco al contar que durante los periodos de aislamiento deben caminar unos cuantos kilómetros con raquetas sobre la nieve hasta llegar a la carretera general, o incluso bajar esquiando para el abastecimiento de la base. Si ni siquiera así pueden hacer los relevos, un helicóptero los visita periódicamente y contribuye al traslado del personal que procura hacerse un mínimo de dos veces por semana.
En condiciones normales, los hombres y mujeres de la base militar (hay alrededor de un 30% de personal femenino) suben y bajan cada día por Las Machorras y realizan una jornada ‘normal’ de 7,30 a 15 horas. Pero hay personal de mantenimiento 24 horas al día los 365 del año y alguien tiene que estar comprobando permanentemente que el radar funciona bien.
Esa es la principal función del EVA 12: la vigilancia de los cielos de la mitad norte de España a 500 kilómetros a la redonda. El aparato instalado bajo una gran estructura que recuerda a un balón de fútbol capta toda la información del tráfico aéreo sobre la Península Ibérica, Francia y el mar Cantábrico y la remite tanto a los centros de control militares como a AENA. Explica el comandante que el control del espacio aéreo asignado al Ejército del Aire «ha adquirido una nueva dimensión al complementarse la tradicional de defensa contra una amenaza exterior con la lucha permanente contra la amenaza terrorista y por el establecimiento de dispositivos especiales de seguridad con ocasión de la celebración de actos de especial relevancia».
En Lunada no se toman decisiones sobre las trayectorias de los aviones o sobre la hipotética resolución de un problema. Es simplemente un ‘ojo’ gigantesco orientado a los cielos que capta información, la procesa y la remite para que otros lo gestionen. Su ubicación en un lugar tan remoto responde a una cuestión geográfica y su carácter de atalaya permite un enorme campo de vigilancia, pero conlleva problemas logísticos. No solo es el aislamiento al que se arriesgan por la nieve, sino también cuestiones que serían sencillas en cualquier emplazamiento urbano pero que allí se complican sobremanera.
 
Autosuficientes. ¿Qué hacer, por ejemplo, si se interrumpe la corriente eléctrica? El Escuadrón es el extremo final del tendido general procedente del valle de Lunada pero los temporales suelen provocar cortes. El radar no se puede permitir ninguna interrupción y para ello tienen grupos electrógenos con los que autoalimentarse. Lo mismo ocurre con la alimentación (tienen enormes cámaras frigoríficas y despensa suficiente para aguantar durante días) o el agua potable.
Así, la vida en la base discurre con normalidad incluso en las condiciones más duras. El comandante Julio César Rodríguez prefiere no especificar el número de efectivos que componen el acuartelamiento, pero explica que «hay tropa, suboficiales y oficiales» y entre ellos según su especialización se distribuyen los trabajos de mantenimiento, gestión del pequeño parque de automóviles del que disponen (incluyendo dos máquinas fresadoras y un camión con cuña quitanieves), mantenimiento del radar, comunicaciones o instalaciones generales.
El personal que duerme allí, por su turno o debido a los periodos de aislamiento, dispone de sus habitaciones donde poder descansar. Tienen televisión, conexión a internet de alta velocidad y una pequeña biblioteca. Cuando no realizan prácticas en el exterior o tareas de entrenamiento hay que pasar muchas horas a cubierto de un edificio sin ventanas y necesitan también recursos para el tiempo libre. 
Los implicados lo viven con absoluta normalidad. Algunos de los militares destinados allí llevan tantos años que ya no se sorprenden de los ventisqueros, de que a finales de mayo aún queden neveros en las cunetas de la carretera de acceso o de que la semana pasada les cayera una nevada de 10 centímetros. Allí han visto teñirse de blanco la base 10 meses al año, de septiembre a junio ambos meses incluidos. 
Dicen no saber si el suyo es el Escuadrón con las condiciones meteorológicas más duras de todos los que dispone repartidos por la geografía española el Ejército del Aire. «¿Qué es mejor, pasar mucho frío o mucho calor, como les pasa a algunos de los compañeros del sur?», reflexionan.
Al borde del precipicio que separa Burgos y Cantabria las vistas, si no hay niebla, son privilegiadas. El tiempo no tanto.