Ruina en el campo bravo

Leticia Ortiz (SPC)
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Los ganaderos de lidia denuncian pérdidas millonarias por la paralización de la temporada, que ha provocado que los animales terminen en el matadero y amenaza el futuro de muchos hierros

Un toro de Victorino Martín mira a la cámara en la finca ‘Las Tiesas’, desde donde el ganadero asegura que "conserva la fe de que la situación se alivie un poco en verano". - Foto: JuanJo MartÁ­n

Los vídeos saltan estos días de móvil a móvil de profesionales y aficionados. A decenas cada día. Y en todos la misma escena: astados de lidia desembarcando en mangas anchas camino de su final, pero no donde deberían, los corrales de las plazas, sino en mataderos cualquiera. El mito, el uro mediterráneo adorado desde tiempos inmemoriales, reducido al trágico destino de cualquier animal de consumo sin la grandeza de poder ganarse el derecho a la vida o de morir matando sobre el albero de algún coso español o francés. El dolor, aunque el profano o el anti no lo entienda, es infinito y viene a ratificar uno de los argumentos más utilizados y más discutidos para la defensa de la supervivencia de la Fiesta: sin Tauromaquia, el campo bravo se extinguiría. Una paradoja que explican las cifras que esta crisis sanitaria ha puesto al descubierto. Veamos.
Criar un toro bravo cuesta de media, entre saneamientos y alimentación, de 4.000 a 5.000 euros según la ganadería. En las plazas, los empresarios pagan no menos de 5.000 euros por cabeza, con máximos que pueden llegar a los 8.000. En el caso de los festejos populares, de gran arraigo en distintos puntos de la geografía española como la Comunidad Valenciana o Aragón, por un solo astado los organizadores desembolsan similares cantidades. Así pues, los ganaderos pueden obtener beneficios y seguir con su trabajo ya que, según explican diversos criadores, por cada animal que se lidia consiguen subsistir otros 15 en la dehesa.
En la situación actual, con ferias tan importantes como las de Valencia, Sevilla, Madrid o Pamplona suspendidas y la temporada parada como mínimo hasta junio (así lo indica el plan de desescalada del Gobierno, que ha abierto una ventana de esperanza para que se celebre algún festejo -con restricciones- a partir de julio), solo quedan dos grandes opciones, más allá de vender el burraco a algún torero para que los lidie a puerta cerrada en su preparación: aguantar los animales en el campo o mandarlos cuanto antes al matadero.
En el primer caso, cuidar al animal un año más incrementaría los gastos en unos 1.000 euros, con lo cual para sacar rentabilidad deberían venderse más caro, pero nadie pagaría esas cantidades, sobre todo, con el complejo escenario económico que se avecina tras la pandemia. Además, hay más contrariedades. La reglamentación taurina no permite actualmente lidiar reses con seis años, que sería la edad de la myoría de los animales el próximo año, con lo que habría que cambiar la normativa y retrasar todas las camadas ya previstas, con el consiguiente gasto futuro (1.000 euros más por toro) y la sobreoferta de toros en el campo.
Los mataderos están pagando aproximadamente 500 euros por la canal de cada astado. Es decir, el déficit por cada uno es de no menos de 4.500 euros. Un negocio ruinoso en el que nadie se embarcaría, pero que ahora los ganaderos están obligados a soportar. Los que puedan, claro, porque muchos tendrán que cerrar las cancelas para siempre por cuestiones económicas. 
Con estos datos en la mano, es más que evidente que la Fiesta es absolutamente necesaria para la supervivencia del toro de lidia. Y no solo de ese animal. Las casi 1.000 ganaderías censadas en España ocupan alrededor de 250.000 hectáreas de dehesa, definidas por la Unión Europea como Sistemas de Alto Valor Natural, que también sufren por la ruina de las ganaderías bravas. Por eso, la Unión de Criadores de Toros de Lidia ha solicitado al Gobierno una serie de medidas que palien su desgaste económico por el coronavirus, que van desde las ayudas directas a la producción hasta la inclusión en las nuevas normativas que facilitan liquidez para el mantenimiento del empleo.