Los fiscales dicen que si Rodrigo tuviera otra forma de ser quizá lo hubieran descartado

I.E. / Burgos
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«No lloró en los interrogatorios», pero entienden que es una reacción lógica, pues «tendía a ver las cosas como un espectador ajeno»

Rodrigo Barrio fue atendido por una crisis nerviosa que sufrió el día que fueron hallados los cuerpos. - Foto: Patricia

Los fiscales de Menores de Burgos, José Fernández y Luis Delgado, siguieron muy de cerca la investigación que la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía Nacional cuando centró sus pesquisas en Rodrigo Barrio, el hijo mayor de la familia asesinada. Hasta tal punto que ambos estuvieron presentes en algunos de los registros para recabar pruebas que lo incriminaran. Vistos aquellos momentos desde la distancia ambos coinciden al señalar que si la Policía «hubiera visto a un chico con otra forma de ser quizás le habrían descartado».

En su opinión, una de las circunstancias que pudo llevar a los investigadores a poner su punto de mira en él fue su conducta tras el triple crimen. Un comportamiento que destacaba por «una cierta apatía, dificultad para expresarse y un distanciamiento respecto a todo». En aquella época al menos, en 2007 (con 19 años), era una persona que «tendía a ver las cosas como si no le pasaran a él, como si fuera un espectador ajeno». Y no, «no era de los que exteriorizaban sus sentimientos». De hecho, admiten, «no lloró en ninguno de los interrogatorios» a los que le sometieron. Una reacción que tanto Fernández como Delgado entienden, pues es lógico que «tras ser detenido por tres asesinatos terribles una persona piense más en su situación».

El atestado que les llega procedente de la Policía -después de que el juzgado de Instrucción 2 se inhibiera al estar implicado un menor- «ofrecía indicios suficientes para empezar a investigar», reconocen. Pero el más importante «se cae» a las primeras de cambio. Se trata de un objeto que «solo podía haber cogido alguien en el momento y el lugar del triple crimen», las llaves del Audi de su padre. Sin embargo, acuden a Galicia a registrar la habitación de la residencia en la que vivía y solo hallan una llave de avería -que no abre ni la guantera ni el maletero-, pero ésta no le incrimina. De ahí que los fiscales, tres días después de solicitar su internamiento en el Zambrana, insten a la jueza Blanca Subiñas a ponerle en libertad.

El resto de las evidencias que componían la imputación contra Rodrigo se desmoronan y no llegan ni a la categoría de indicio. No ponen en tela de juicio la labor de la Policía, de hecho no creen que le hicieran un traje a medida al hijo mayor de la familia asesinada, pero afirman que «quizá encorsetaron demasiado la investigación, deberían haber abierto más el abanico y haber analizado todas las posibilidades». «Argumentalmente era una hipótesis bien construida, pero no basta con eso, hacían falta pruebas y no había ni una sola, todo eran sospechas, conjeturas», zanjan.

La teoría del viaje a Burgos en coche desde el colegio La Aguilera les chirrió sobremanera. La posibilidad existía, «porque nadie le vio dormido por ejemplo a las 5 de la mañana». Sin embargo, recuerda Delgado, ellos preguntaron mucho a sus compañeros y los curas por las horas a las que vieron a Rodrigo en el centro, «tanto antes de dormir como al levantarse», y este es uno de los datos que les llevó a pensar que «era difícil» que el muchacho hubiera realizado el trayecto sin levantar ni una sola sospecha.

Sobre el móvil, «en ningún momento hubo prueba de que Rodrigo» tuviera una envidia enfermiza hacia su hermano ni ningún resentimiento hacia sus padres por haberle internado en el colegio. «No se probó ni una cosa ni la otra». Y respecto a la tesis de que tenía una personalidad psicopática, apoyada en algunos dibujos truculentos hallados en su poder, ni los forenses que le analizaron en Galicia ni el equipo técnico del juzgado de Menores «observaron ningún rasgo, ni muchísimo menos».

Ambos recuerdan, asimismo, que «en pocos procedimientos han aparecido tantos vestigios biológicos». Y sin embargo «ninguno de ellos probó su participación».

Sobre Ángel Ruiz se limitan a decir que les dejaría tranquilos que «capturaran al asesino, fuera quien fuera, con las pruebas suficientes para presentarlo ante un jurado». Están muy satisfechos con el trabajo de hace un lustro y el hecho de que ahora haya aparecido otro sospechoso no les afianza más en la creencia de que hicieron lo correcto, por más que «alguna gente no entendiera» que solicitaran la libertad para Rodrigo y rechazaran celebrar un juicio contra él.