"No sé cuándo podremos salir de Italia"

I.E.-G.A.
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Paula, una burgalesa que vive en Padua con su pareja, asegura que "es duro no saber cuándo vas a poder volver a ver a tu familia y tus amigos"

Íñigo y Paula posan juntos en Padua. - Foto: DB

Paula ha decidido tomarse la situación "con paciencia y buen humor" y es la receta que muchos burgaleses tendrán que aplicar a su vida con el estado de alarma que el Gobierno aprueba hoy para todo el país. Sin duda, Italia es un buen espejo donde mirarse y es allí  -en concreto, en Padua- donde se halla esta burgalesa que emigró por trabajo. Reside junto a su novio, Íñigo -también burgalés- y ambos se encuentran atrapados e ignorando cuándo podrán salir del país de la bota. "Es duro no saber cuándo vas a poder estar con tu familia y tus amigos", se lamenta. 

Su novio trabaja en una petrolera en Venecia y ella es periodista y está empleada en el departamento comercial de una compañía de fabricación de hornos. Cuando empezó la crisis sanitaria, sus empresas los separaron en salas y dividieron por equipos para evitar contactos, pero al poco tiempo decretaron el teletrabajo y los enviaron con el ordenador a casa. Ellos evitaron hacer planes con otras personas, pero observaron que la gente hacía vida normal. Hasta el pasado sábado -hace una semana- cuando el Gobierno estableció el decreto en el que Padua era declarada zona roja. 

Y fue en ese momento cuando empezaron las restricciones. Colegios, museos, universidades cerradas, eso ya ha llegado a Burgos. Pero también imposición de horarios a la hostelería; cierre de centros comerciales los fines de semana; prohibición de coger el coche para ir a otra ciudad con el riesgo de ser sancionado porque hay controles, y cancelación de vuelos a España hasta el 25 de marzo.

Guillermo y Beatriz posan en una de las excursiones que han hecho esta semana. Guillermo y Beatriz posan en una de las excursiones que han hecho esta semana. - Foto: DB

La pareja se toma con filosofía las medidas. "Si sirven para contener esta emergencia sanitaria no nos importa renunciar a nuestra vida social por un tiempo", indica Paula. Pero "se hace duro porque ambos" cumplen los años en marzo y les gustaría estar con su familia. Se conforman con ver a sus parientes y amigos "por el móvil" y esperan venir en Semana Santa. Lo que no han notado en Italia ha sido desabastecimiento en los supermercados. Así que, calma.

Atrapados en Marrakech. Al cierre de la edición impresa de DB, Guillermo Rubio y Beatriz Barrasa viajaban en un tren rumbo a Tánger. Su objetivo era intentar cruzar la frontera por Ceuta a primera hora de hoy, contactar con un burgalés y explorar todas las posibilidades para cruzar el Estrecho de Gibraltar e intentan llegar y entrar en Madrid, donde tienen aparcado su coche; y de ahí, a casa, donde les esperan sus dos hijos. Desde el jueves no lo tienen nada fácil: su país ha sido declarado en estado de alarma y Marruecos se ha blindado a rajatabla, por aire y por mar, de Europa para intentar parar al coronavirus.

Ayer, la frontera terrestre del Tarajal que separa Ceuta de Marruecos volvió a abrir al tráfico de personas pero únicamente para permitir que los españoles que están en Marruecos puedan regresar a su país.

[Más información en la edición impresa de Diario de Burgos de este sábado]