La ruta que se le escapa al GPS

S.F.L.
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Vecinos de Fuentebureba denuncian el abundante paso de camiones por el pueblo, que acceden por error en busca del acceso a la N-232

Los vehículos de gran tonelaje que entran a Fuentebureba en busca de la N-232 corren el riesgo de quedarse atrapados en las calles, llevarse por delante árboles, rozar las fachadas de las casas y destrozar jardines. - Foto: DB

El GPS se ha convertido en un elemento indispensable en el coche, sustituyendo a los mapas de carretera, que han pasado a la historia. Sin embargo, en más ocasiones de las deseadas, el navegador puede que guíe de forma errónea al conductor y le fuerce a acabar en un punto geográfico que nada tiene que ver al que se dirigía o en un auténtico atolladero.
A este sistema es al que culpan los camioneros cada vez que entran hasta el centro de la localidad de Fuentebureba con intención de acceder a la carretera nacional 232 y se encuentran prácticamente atrapados en las estrechas calles. Según los conductores, los navegadores «indican el desvío por Fuentebureba» para llegar a dicha vía desde la Nacional I en vez de continuar la ruta por Cubo de Bureba y desde allí tomar la variante. Una decisión que carece de sentido, teniendo en cuenta los obstáculos con los que los vehículos de gran tonelaje se encuentran por el camino y los daños que pueden llegar a causar en la localidad.
 Asimismo, los conductores deben tener en cuenta que la distancia que separa Fuentebureba de Cubo -donde se coge el acceso a la N-232- no llega a los tres kilómetros, por lo que es preferible que utilicen la vía general que el camino del Seto, pues los camiones resultan demasiado pesados para ese firme y puede sufrir desperfectos. Sobre ello alertan los residentes en este pequeño municipio, ya que su rehabilitación ha supuesto un coste elevado, más de 100.000 euros, y las actuaciones se han ejecutado a lo largo de cinco años.
La ruta que se le escapa al GPSLa ruta que se le escapa al GPSEl paso de vehículos pesados por el pueblo se percibe casi a diario, aunque una de las vecinas asegura que desde que se liberalizó la AP-1 el tránsito se ha «reducido mínimamente». Aun así, los daños generados como socavones en la calzada, inmuebles rozados, árboles derribados o terrenos levantados, prosiguen. «Cuando vemos que un camión entra al pueblo le indicamos por donde debe seguir, pero no hay espacio para que realice las maniobras», declara otra residente.
En la mayor parte de las ocasiones, los chóferes optan por dirigirse a la Nacional 232 por el camino rural pero, otras muchas, avanzan hasta Calzada de Bureba por otro vial que une ambas localidades con el fin de incorporarse de nuevo a la carretera. Dicha acción presenta un gran inconveniente: el quebrantamiento de la calzada. Estos caminos los utilizan los turismos y maquinaria agrícola, que también resulta pesada pero, al menos «el Ayuntamiento recibe algún beneficio de los agricultores. De los camioneros ninguno», afirma la alcaldesa del pueblo, Ana Isabel Cornejo.
Esta situación tan incómoda para los vecinos ha generado que la regidora tome cartas en el asunto. En un principio expondrá el caso en Tráfico con el fin de que le propongan alguna solución para modificar la ruta del GPS.


La ruta que se le escapa al GPS
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