Plaza Mayor

Isabel Martín


Morado

07/03/2021

La igualdad, esa lucha de décadas que no ha acabado, esa necesidad de una sociedad más ecuánime, esa reivindicación heredada y que, lamentablemente, vamos a dejar como legado. 

Es cierto, hemos avanzado mucho, las mujeres y algunos hombres, pero aún quedan muchos espacios por conquistar, pero para mantener viva la lucha hay que saber adaptarse a los tiempos. 8 de marzo hay en todos los calendarios, cada año se repite esta fecha en la que la voz de las mujeres se hace oír con más fuerza, o más enfocada que el resto del año, para denunciar desigualdades y reclamar nuestro lugar.

¿Pero de verdad creemos que el 8 de marzo solo se puede conmemorar en la calle? ¿Que hace falta que se vea una marea de mujeres reivindicativas? Me van a perdonar, pero no estoy de acuerdo. Vivimos en un mundo globalizado, con la tecnología ocupando cada vez más espacios y en medio de una pandemia. No señoras, no tenemos que juntarnos, ni aunque sea al aire libre, con mascarillas y distancia social. No señoras, la reivindicación de derechos e igualdad no debe ir en contra de algo vital como la salud. Si para reivindicar lo que significa el 8 de marzo tenemos que poner en riesgo la vida, conmigo no cuenten.

Alternativas hay muchas, virtuales y físicas. Pintar un mural colaborativo en grupos reducidos, compartir un vídeo de testimonios de mujeres de nuestro entorno, llenar las redes sociales de mensajes para que sean el ágora de nuestras reivindicaciones. Inundémoslo todo de morado, las redes sociales y las calles, pero con respeto a la pandemia. Les hago una propuesta: todo aquel, mujer u hombre, que quiera manifestarse por la igualdad lleve este 8 de marzo una prenda morada, bien a la vista para que no se olvide que la lucha por la igualdad se debe trasladar al día a día, en lo cotidiano. Busquen en su armario, seguro que encuentran algo.



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