Los otros hijos de Félix

G. Arce
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Una treintena de cetreros preservan en Burgos un arte de caza ancestral que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Juan Antonio (i.) y Rubén posan con sus halcones peregrinos - Foto: Alberto Rodrigo

El inmortal naturalista de Poza de la Sal los denominaba "proyectiles vivientes", pues su ataque en pleno vuelo dura apenas unas décimas de segundo, pero está cargado de belleza, de precisión, de fortaleza y de muerte. La visión de este espectáculo y el regreso del cazador a la mano alzada al viento es uno de esos momentos mágicos que persiguen los pocos cultivadores del arte de la cetrería que aún sobreviven en la provincia de Burgos, todos ellos herederos de una tradición medieval -hoy declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad- que recuperó y divulgó su paisano y mentor Félix Rodríguez de la Fuente.


Durandal y Cheis son dos halcones peregrinos machos de 4 y 3 años, respectivamente. Sin perder ni un solo movimiento en su alrededor con su mirada de un negro profundo,  descansan tranquilos agarrados a las manos enguantadas de Juan Antonio Álvarez y Rubén Delgado, integrantes de la Asociación Burgalesa de Cetrería. Son 25 aficionados a este arte de la caza en la provincia, la mayor parte criadores de halcones peregrinos, aunque también incluyen a otras aves de presa autóctonas como el azor, el alcotán, el esmerejón o el cernícalo, entre otros. Incluso hay quien cría y adiestra águilas reales (que ya pueden cazar hasta los corzos), perdiceras o harris, en este caso un ave importada y de fácil cría. 


En España suman cerca de 3.000 federados repartidos entre 40 asociaciones, muy lejos del millón que se alcanzan en Qatar, donde la cetrería es una actividad de fin de semana muy popular.


Aunque pueda parecer lo contrario, las leyes de caza, las de protección animal y la exigente normativa que rodea a esta práctica han contribuido a preservarla e incluso a impulsarla en los últimos tiempos.  "Hemos estado muchos años luchando para poder adiestrar a nuestras rapaces en el campo y ahora nos están dando facilidades para poder volar en determinadas zonas y épocas del año".


Para cazar con rapaces hay estar federado y ser socio de un coto o estar invitados al mismo. Para entrenar, se puede hacer en cualquier lugar salvo que en la actividad haya animales vivos para ser cazados o sea tiempo de cría. Las rapaces deberán llevar fundas en las garras. Las zonas de adiestramiento están reguladas por la Junta. En el caso de Burgos se suele cazar en Cilleruelo de Abajo, donde los cetreros se darán cita el 23 de noviembre. 


Frente a los que ponen en duda la caza, la cetrería, recuerda Juan Antonio, es una técnica "muy natural, de poder a poder, disputándose la vida en el aire y no es masiva: cazas una pieza, si la cazas...". Entre estos aficionados prima más el contacto con la naturaleza y el disfrute de un lance que el llenar una percha con piezas abatidas, generalmente, palomas, perdices y aves consideradas plagas dañinas como las cornejas o las urracas.


Dedicación.

La mayoría de los cetreros crían y adiestran varias rapaces a la vez, incluso algunos las comercializan entre aficionados de todo el mundo, dentro de un mercado al margen de la vida natural (está totalmente prohibido la captura de pájaros salvajes), muy regulado por la Junta y el CITES y en el que la trazabilidad de las aves criadas en cautividad se analiza escrupulosamente. "Son especies protegidas y cada pájaro tiene su anilla y su papel certificando su procedencia. Cuando nacen, se extrae una muestra de sangre de todos los pollos para certificar quiénes son tus padres". 
Por un halcón peregrino, por ejemplo, se suele pagar a partir de 500 euros, aunque si se meten los jeques árabes por medio se pueden llegar a desembolsar miles.

 
Antes era obligado ir al norte de Europa para adquirir una rapaz, ahora se pueden comprar en Burgos. Incluso los cetreros comparten sus pájaros. "Nosotros somos los primeros que velamos por el estricto cumplimiento de las leyes, máxime con los movimientos conservacionistas que nos han ‘mirado’ en los últimos años...". 


"Esclavitud".

"La cetrería es una esclavitud consentida, requiere de mucho tiempo y de cuidados cotidianos, lo que condiciona tu vida y tu casa. Una rapaz debe estar bien alimentada con comida de calidad. Las mudas (de 3 por 3 metros) donde viven deben estar limpias, con luz solar o con sombra", explica Rubén, que cuida un macho y una hembra de halcón.


Además, hay que adiestrarlas, tarea que es "laboriosa". "Al final, lo que buscas es que vuelen (alto o bajo vuelo) y cacen y para llegar a este objetivo el camino es complicado y lleno de pasos". Se empieza por amansar al pájaro que, a pesar de nacer en cautividad, es bravo. Luego hay que lograr que se acostumbre a la presencia del hombre y que acuda voluntariamente al puño. Se trabaja con señuelos, con estímulos positivos y finalmente con presas vivas.


Un halcón peregrino puede vivir entre 15 o 20 años, lo que establece una relación con el hombre, su colaborador en la caza, profunda y prolongada en el tiempo. Vuelan libres al año -tiempo en los que se utiliza una anilla con GPS para evitar despistes- y a la segunda temporada se puede lograr un halcón altanero. "Un picado de un halcón son pocos segundos, pero se te quedan grabados. Tenemos la suerte de disfrutar de una lucha espectacular por la supervivencia, depredador y presa que se conocen, atacan y defienden desde hace miles de años". "Cuando tú te acercas a la rapaz que ha capturado una presa -reflexiona Rubén- tú te arrodillas ante ella para unirla a ti. Hemos disfrutado los dos juntos...".