Sin clase y sin parque

B.G.R.
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La casualidad hizo que Marta no tuviera que trabajar ayer. Su marido es funcionario y ha pedido un permiso para cuidar a sus dos hijos

Sin clase y sin parque

"¿Bajamos al parque?" Miguel, de cinco años, hacía esta pregunta a su madre, Marta Aparicio, mientras se ponía los zapatos, a lo que esta le respondía con naturalidad: no, mejor damos un paseo. El de ayer era la primera jornada sin clase de las dos semanas de suspensión de la actividad docente decretadas por la Junta el jueves y que, de un día para otro, hizo pensar a las familias qué hacer con los niños durante su jornada laboral.

En este caso, la casualidad quiso que Marta, profesora de Religión en el colegio de Tardajos, no trabaje los viernes al tener un contrato por horas. Sin embargo, y de cara al futuro más cercano, que es este mismo lunes, su marido, funcionario, ya ha solicitado el permiso por deber inexcusable que recoge el artículo 48 del Estatuto Básico del Empleado Público. Confían en que la respuesta llegue con celeridad y asentimiento, ya que de lo contrario tendrán que contratar a una persona para que atienda al pequeño Miguel y a su hermana Julia.

Se enteró de la suspensión de las clases a las tres de la tarde mientras iba escuchando la radio en el coche y ya había recogido a sus vástagos, que cursan segundo ciclo de Educación Infantil.

Ayer por la mañana recibió una comunicación del centro al que acuden en la que se informaba a todos los padres de que podían ir a recoger el lunes material escolar pero de forma escalonada. Es decir, en horarios establecidos por clases para que no se produzca ninguna aglomeración de personas. El resto de deberes se colgarán en las plataformas digitales, mientras que la secretaría permanecerá abierta, como en el resto de colegios, teniendo en cuenta que estamos en pleno proceso de presentación de solicitudes de admisión para el curso que viene.

Marta es consciente de que la medida afecta de forma más significativa a los alumnos que se encuentran en edades más avanzadas. En su caso y, además siendo docente, trabajará con ellos en casa complementando fichas, haciendo dibujos o cualquier tipo de actividad que permita combinar el aprendizaje con el juego. Lo que aún no sabe es qué pasará en el colegio en el que imparte clases, algo que se irá definiendo de forma generalizada en los próximos días con las decisiones que adopten los equipos directivos atendiendo a las directrices de la Consejería de Educación del Gobierno regional. En lo que sí que insiste es en que esa atención telemática requiere de medios y, tal y como aseguran los sindicatos, "no disponemos de un ordenador para cada profesor".

"Todo se está haciendo sobre la marcha y hay veces que las respuestas no pueden ser tan rápidas", subraya desde una calma que no oculta la preocupación por la situación que se está viviendo, pero en la que esta profesora hace valer el "sentido común y la responsabilidad". Porque cuando este periódico habló con Marta aún no se conocía el cierre de los parques infantiles decretado por el Ayuntamiento y respondía desde la lógica al hacerle la pregunta de si acudiría o no a estos espacios. "Si veo que hay más niños, no iremos, y si los columpios están vacíos les dejaré un rato", manifestaba.

También había advertido a sus padres de que dejarán de verlos un tiempo y que intentarán hacerlo por internet. Porque lo que Marta tiene claro es que muchos padres que no se encuentren en su situación o medios al alcance se verán obligados a llevar a sus hijos a casa de los abuelos y "no estamos mentalizados de que son el colectivo más vulnerable". Más allá de las clases o no, prevé semanas difíciles y "cada vez menos gente en la calle", confiando eso sí en esa responsabilidad común.