Acelera la venta de patinetes eléctricos, frena la de bicis

G. Arce
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La llegada del alquiler de vehículos de movilidad personal a Burgos añade aún más presión a la quincena de comercios de las dos ruedas

Acelera la venta de patinetes eléctricos, frena la de bicis

Basta con echar un vistazo a las calles de la ciudad: cada vez hay más patines eléctricos y menos bicicletas convencionales. El boom de las dos ruedas en el entorno urbano y natural, el peladear para moverse y tener una vida más saludable surgido hace una década, se está transformando con la movilidad eléctrica, con la llegada de estos vehículos plegables que permiten desplazarse a hasta 55 km/hora (en los modelos más extremos) o con las bicis de pedaleo asistido.
Una quincena de comercios locales operan en un sector que vive un estancamiento en las ventas desde hace aproximadamente dos años -en el ámbito convencional del pedaleo- y que ve como irrumpen con fuerza los patines enchufables, los denominados VME, los vehículos de movilidad personal. De hecho, en Burgos acaba de abrir la primera tienda especializada en movilidad eléctrica y en los próximos días comenzará a operar un servicio de alquiler de estos sistemas, por horas o por días.
En paralelo a estas novedades, el concepto de bicicleta ha madurado y se ha estirado hasta límites insospechados, especializando a los comercios y segmentando a los clientes. El abanico va desde los que apuestan por marcas de alta gama y componentes exclusivos, a los que buscan los precios más bajos posibles intentando que los robos -un fenómeno muy habitual e imparable- supongan el menor  drama posible. En Burgos se venden bicis desde 20.000 a los 40 euros, de marca, convencionales o asistidas, confeccionadas a medida, usadas o recicladas.
Además de la falta de seguridad, los empresarios consultados intuyen que se ha llegado a una cierta «saturación» del mercado tras años intensos en ventas: «Cada vez cuesta más vender bicicletas». Hay, argumentan, demasiados comercios en liza y es posible que en próximos años se vayan reduciendo los puntos de venta o transformando hacia la movilidad eléctrica, que ha llegado para quedarse, crecer y transformar la forma de desplazarse por la ciudad.
Cada cual tiene sus números y no hay una matriculación como en los coches que permitiría poner cifras a esta realidad.
Las cifras del sector, de la Asociación de Marcas y Bicicletas de España, pueden aportar luz sobre lo que ocurre en Burgos: las ventas totales han caído un 6% el último año, pero si se incluyen componentes, equipamiento, accesorios, cascos, etc., suben un 5%. Mientras la  venta de bicicletas de montañas cae un 11% y la de niños un 15%, las bicis con apoyo eléctrico se disparan un 54%. Por este motivo, el precio por unidad sube.
El número de comercios desciende un 2% y ya se da por superado aquel boom de emprendedores registrado hace un lustro.
La incertidumbre también está en el limbo legal que hay en torno al uso de las bicis y el patín eléctrico en el entorno urbano. Los comercios estiman que buena parte de las ventas futuras dependerán de si la normativa municipal o la Ley de Seguridad Vial son más o menos permisivas con los nuevos medios de locomoción. Muchos creen que las limitaciones de movilidad al patín eléctrico se extenderán a la bici. 

 

Álvaro Velasco (Zeeclo): «Alquilaremos patines por horas o por días»
Zeeclo es el nombre de la primera tienda cien por cien de movilidad eléctrica (patinetes y minibicis urbanas) que hay en Burgos. Se trata de una marca nacional que ya comercializa modelos en España, Portugal y Sudamérica. Burgos acoge la primera tienda física en España (hay otra en Chile), una experiencia piloto para iniciar un desembarco en capitales del entorno. La elección obedece a que Álvaro Velasco, uno de los dos socios del negocio, es de aquí. «Nuestro cliente tiene entre los 25 y 55 años. Aquí hay mucha afición, es una ciudad cómoda para circular  y con carril bici. Vemos mucho potencial».
El comercio lleva dos semanas abierto. «Contábamos con vender bien pero nos está sorprendiendo el vender tanto». Los aparatos se comercializan a partir de los 359 euros y en próximos días empezarán a prestar un servicio de alquiler, por horas y por días, que también será el primero que se ofrece en la ciudad. Si existe alguna incertidumbre en torno a esta actividad es la normativa:«Los clientes nos preguntan mucho por esto...». En el futuro, a ojos del gerente de Zeeclo, «el patín irá sustituyendo a la bicicleta, especialmente para la gente que usa la bicicleta como medio de desplazamiento. Es más cómodo, más manejable y más práctico».

 

Cruz Herrero (La Estación de Bicicletas): «Incluso oxidamos las bicis para que parezcan viejas y no se roben»
La Estación de Bicicletas, fundada a finales de 2014 en la calle Rey don Pedro, mantiene su actividad, principalmente, con el mercado de la segunda mano y el taller. «Hay pocas ventas, la verdad. Hay un estancamiento generalizado en el mercado, somos muchas tiendas y creo que el cliente está buscando la diferencia». En este sentido, Cruz Herrero apuesta por la bicicleta personalizada en el taller, todas ellas enfocadas a su uso en la ciudad, para el paseo o para el trabajo. «Intento que no haya dos bicicletas iguales», resume. El cliente es muy variado, se mueve entre los 20 y los 70 años, sin olvidar a los niños. Cuanto más mayores, más demandan la electrificación de sus bicis, un cambio que es especialmente solicitado por las mujeres. «En el tema de la restauración y personificación, nos vienen a partir de los 40 años y con un nivel adquisitivo mayor».
La abundancia de robos ha provocado que haya una demanda de bicicleta muy económica, de menos de 50 euros. «Hay gente que busca bicis con aspecto de viejas pero que sean totalmente funcionales. Incluso algunas las llegamos a oxidar».

 

Juan Antonio María (Decathlon): «El mercado sigue activo, pero no como hace años»

Hace 24 años, la llegada de la multinacional francesa a Burgos supuso un antes y un después en el comercio de artículos de deportes, también en el de bicicletas. Se hicieron con el mercado de las dos ruedas y obligaron al comercio tradicional a cambiar y a adaptarse a la nueva competencia. Ahora la actividad de Decathlon es muchas veces complementaria de las pequeñas tiendas (llenado los talleres con los modelos  que no se reparan en el centro comercial)y ayuda a mantener la cultura de la bici viva (generando más afición entre las familias y los niños). «Nosotros abarcamos un público muy amplio y las ventas dependen de muchos factores, desde la climatología a cómo se vive el deporte de la bicicleta». No obstante, reconoce el director de Decathlon en Burgos y toda Castilla y León, el crecimiento de las ventas «se ha aplanado: hay más bicicletas en el mercado que nunca y el mercado sigue activo, pero no es lo que era hace unos años». La reina de las ventas sigue siendo la mountain bike, aunque también se vende la bici de ciudad, la plegable y la de niño. «Nuestra ventaja es que tenemos un producto propio muy competitivo pero no somos competencia del pequeño comercio:las tiendas especializadas y nosotros nos complementamos. Vendemos al gran público pero no llegamos al segmento alto que se vende en otros comercios». Decathlon también venden sus modelos por internet, aunque en su caso la web corporativa se utilizar para completar la gama de modelos de la marca, imposible de exponer al público en los 3.000 metros de la tienda física de Burgos. «Como ya le ocurrió al sector de la moto, creo que la bicicleta seguirá creciendo pero no tendrá un repunte muy fuerte. La bici ha cogido su mercado y las innovaciones  no van a ser tan brutales como en los últimos años», augura María.

 

Óscar García Ayala (Ciclos García): «Intentamos vincular al cliente por el taller»

Es la segunda generación de una empresa familiar nacida en el año 86 en el barrio de Gamonal. Óscar conoció el despegue del negocio a finales de la década de los 80 y principios de los 90, con la irrupción de la bicicleta de montaña, que es hoy su especialidad, junto con todo el equipamiento que conlleva esta actividad deportiva. «La gente cogió afición a salir al campo y eso supuso que nosotros pasásemos de trabajar solo en invierno a todos los meses del año, aunque todo depende del tiempo».
A las mountain bike se unieron las bicicletas de ciudad y las de trekking, la clientela se diverficó en edades, gustos y rangos de gasto. «Nos hemos especializado en las bicicletas de precio alto, nuestro mínimo son los 400 euros para garantizar una mínima calidad y de ahí hasta los 12.000, los 15.000,  los 18.000 o los 20.000...». Las bicicletas, incluso las de marcas reconocidas con amplio catálogo, se montan a la carta, con componentes específicos a gusto del consumidor.
El comercio electrónico, explica, fue competencia en un primer momento «pero ahora lo que busca el cliente es servicio y no recurre tanto a internet. Nosotros hemos apostado por el taller, si luchamos por precio es muy difícil vender, hay mucha oferta en el mercado».
Uno de los problemas a los que se enfrenta el sector, apunta García, es el robo de bicis y su difícil recuperación. «Un 90% no aparece. Nosotros las tenemos registradas y alguna aparece, pero casualmente. Cada vez se venden mejores candados...».
La irrupción de la movilidad eléctrica también ha incidido en las ventas:«Esta claro que el que se compra un patinete, no se compra una bici». Ellos no han entrado en este campo, aunque en este comercio también reparan los componentes ajenos a la parte eléctrica de los patinetes.