La magia del alumbramiento

ALMUDENA SANZ
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Óscar Martín ultima la exposición 'Origen humano', que girará en torno a la obra 'Úterus', un espacio espiritual en el que espera que el público sienta que se funde con el universo

Óscar Martín, dentro de ‘Úterus’, una pieza que él considera sagrada porque sostiene que en sí mismo también lo es el útero, el lugar donde se gesta la vida, el origen de todo. - Foto: Alberto Rodrigo

La poderosa luz que entra por el techo de la enorme nave se confabula con Óscar Martín para acariciar a la gran pieza de aluminio instalada en el centro y subrayar el discurso mágico que irradia y que desgrana su autor con entusiasmo. Úterus es el nombre de esa obra que va más allá de ser una escultura para convertirse en un espacio co-creador, un lugar para la meditación, para fundirse con el universo, para viajar a otra dimensión, para escapar y encontrarse. Su perfil imponente y sugerente acapara todas las miradas en ese pabellón industrial en el que el artista ultima la exposición que inaugura en el Museo de la Evolución Humana (MEH) el jueves 6 de agosto. Origen humano girará en torno a esta creación que se erige como el útero donde se gesta la vida y tiene las hechuras de una nave espacial con capacidad para traspasar el espacio y el tiempo y acomodarse en la esfera espiritual. 
Úterus esconde el misterio del alumbramiento, del nacimiento, del origen de la existencia. Es principio y ¿es fin?  
«Es una pieza sagrada. El útero en sí mismo ya lo es, es el lugar en el que se gesta la vida. ¡¿Qué hay más importante?!», se emociona Óscar Martín en medio de esa luz solar que atraviesa el tejado y observa que su magia la convierte al mismo tiempo en un vehículo para viajar. No por un capricho suyo, sino porque mientras la construía así se lo hicieron ver en sueños cuatro sabios ancianos, que le conminaban a terminar la nave cósmica sin que él determinara a qué se referían. Al despertar, se fijó en esa escultura en la que estaba inmerso (y cuya concepción viene de lejos, muchos años atrás) y se percató de que, efectivamente, el ensamblaje de las piezas que la componen se asemeja al fuselaje de un avión. Por eso dejó a la vista los tornillos que las unen cuando su plan inicial era esconderlos. 
«No quise. Quería que se viera que es una nave que te hace viajar a la dimensión del espíritu, en la que no existe el tiempo ni el espacio. Cuando entras en ella y meditas te lanza a ese lugar», se explaya consciente de que esa conexión no necesita de ningún atrezo, que la capacidad de imaginación del ser humano le permitiría alcanzar ese estado desnudo y en medio de la nada, pero, como ocurre, por ejemplo, en la religión católica con la rutina de acudir a la iglesia, a veces es necesario un empujón. «El arte te facilita entrar en ese estado determinado. Es un vehículo para lograrlo. La música, el teatro, la escultura...», agrega el artista, que durante la muestra regalará postales con instrucciones precisas para quien desee vivir ese estado. 
Este discurso conceptual, creativo y espiritual convive con otro más frío, prosaico y, sin embargo, necesario como es el de los cálculos numéricos, dimensiones y proporciones que urge el proceso de fabricación. Los datos también resultan apabullantes en esta escultura por sus grandes dimensiones, 1,75x2,40 metros, y las 96 piezas de aluminio que la configuran. Para afinar en esta parte cuenta con Rodolfo Pérez, un ingeniero que ayer ya miraba cómo la transportarían. 
Esa mudanza desde el corazón del polígono industrial de Villariezo, donde Óscar Martín ha encontrado su particular edén, no obligará a despiezarla una a una, pero sí un troceado en cinco partes y un trabajo delicado para armarla de nuevo en el MEH. Empezarán esta misma semana. 
«El arte siempre está presente como concepto, simbología y conexión con el espíritu. Yo me siento una herramienta del espíritu. A mí me llegan las ideas, me inspiro y a partir de ahí hay que realizarlas y en esa ejecución me sirvo de la industria y de todo lo que esté en mi mano para llevarlo a cabo de la mejor forma posible, aunque el acabado final vuelva a ser artístico en el sentido de más manual, más humano, no tan industrial y tan artificial, con más carisma, más amoroso. Las esculturas deben darte ganas de tocarlas y sentirlas», advierte Martín cómo esas dos caras conviven y se reclaman mutuamente en sus creaciones en una suerte de doctor Jekyll y míster Hyde. 
La voz de María Jiménez en el hilo musical -Hoy dice el periódico que ha muerto una mujer que conocí, que ha perdido en su campo el Atletic...- acentúa la versátil mirada de este inquieto creador que se ha movido por todo el mundo con su obra y que esta vez, también motivado por la pandemia del coronavirus, ha querido brindársela a sus paisanos. Será un renacer compartido, una vuelta a la vida, tras esta crisis que aún permanece latente. 
en los coros... Alrededor de esas mismas ideas de alumbramiento, simbología, evolución, espiritualidad y conocimiento de uno mismo giran el resto de las creaciones que apuntalarán Origen humano, la mayoría inéditas en Burgos y algunas ubicadas en espacios públicos que él vuelve a gestar con nuevos materiales y significados. 
El aire y la tierra se funden en busca del equilibrio en los dos cuadrados vacíos que se acoplan en Neolito; el cambio de los roles, el juego de la evolución en la sociedad, se plasma en La hormiga; aludirá al reflejo de uno mismo en el otro como idea principal de un tríptico que componen las piezas denominadas Yo soy tú, Shiva y Parvati y Protector; la simbología milenaria se rastrea en Niu, que forma parte de una serie de piezas chinas que modeló a partir de ideogramas de hace 3.100 años; el guiño a Atapuerca llega con una Pelvis en madera de castaño inspirada en la famosa Elvis... 
Se acomodan estas esculturas por todo el pabellón. Algunas pendientes de los últimos retoques. Otras prestas a subir al camión que las trasladará a su residencia de verano. De nuevo, la simbiosis entre lo prosaico y lo poético; la frialdad y la calidez; la magia y la tierra. Un camino a dos necesario en la búsqueda del misticismo que empuja a Óscar Martín a seguir adelante en su proceso creativo. 
Otra voz de mujer suena en el hilo musical. Silvia Pérez Cruz interpreta su versión de la canción Gallo rojo, gallo negro. El artista baja la persiana y vuelve a fundirse con ese universo a medida que se va construyendo en medio de la meseta castellana, un lugar desde el que atisba la línea del horizonte, esa meta inalcanzable a la que le conducen sus sueños.