La voz del recogimiento se oye en San Cosme

I.L.H. / Burgos
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El paso hubo de sortear al público para poder avanzar por el lateral de la iglesia. Con gestos, golpes y movimientos de cabeza los porteadores se dejaron guiar por el interior del templo. - Foto: Jesús Javier Matías

En una iglesia abarrotada, fueron más de medio centenar los cofrades que anoche estrenaron la Procesión del Silencio en el interior del templo, sin poder salir a la calle por la lluvia • Vestidos con el hábito franciscano, mantuvieron el juramento

Una carraca, la campanilla y el tambor. Los sonidos de estos tres elementos llenaron de recogimiento la iglesia de San Cosme, abarrotada para asistir a la novedad de esta Semana Santa. La lluvia impidió que el estreno de la Procesión del Silencio pudiera recorrer las calles del centro, pero aún así la talla del Cristo de la Salud procesionó por el interior del templo y la Archicofradía del Santísimo Sacramento y de Jesús con la Cruz a Cuestas mantuvo las oraciones y los actos programados.
Antes de que la lluvia se pronunciara, en los primeros bancos del templo más de medio centenar de cofrades con hábitos franciscanos se preparaban para hacer el juramento de silencio. Cuando habló el agua, el abad informó que si la talla del Cristo de la Salud había tenido que esperar cien años para volver a salir a la calle, bien podía aguantar uno más.
El acto siguió con los cofrades de rodillas, jurando solemnemente no pronunciar palabra durante la procesión. «Si así lo hacéis, que Dios Padre, que es todo amor, os lo premie. Y si no es así, que el Señor, que esto misericordia, os lo perdone», sentenció el abad.
Una vez cubiertas sus cabezas con las capuchas, símbolo de su juramento, la carraca, la campanilla y el tambor se unieron como únicas voces para indicar a los cofrades y al público asistente el camino del recogimiento. Con las velas encendidas, cofrades e imagen procesionaron como pudieron teniendo en cuenta las estrecheces de un templo lleno. Sin pronunciar palabra, apenas con gestos y movimientos de cabeza, los «nuevos franciscanos» contagiaron su mutismo a los que presenciaban la escena.
Posado el Cristo frente al altar, prendieron una pequeña hoguera para rezar por los fallecidos de todas las épocas. «Ante este fuego que habéis avivado con vuestras obras de misericordia, nos unimos en oración silenciosa por todos aquellos familiares, amigos, compañeros, e incluso desconocidos a los que cada uno de vosotros, en esos papeles que ahora arden, habéis querido dedicar vuestra participación en esta procesión».
Y tras unos minutos de silencio, el abad levantó el juramento y los cofrades se retiraron la capucha, dando así fin a la primera edición de la Procesión del Silencio.

Desde 1901

 

La imagen del Cristo de la Salud es una talla de la segunda mitad del siglo XVI que pertenece a la escuela castellana, aunque contiene elementos reformados y de épocas posteriores. Representa a Jesús muerto en la Cruz, sujeto por tres clavos y con un paño dorado. La imagen ha sido restaurada para que pudiera salir en esta procesión que recupera el uso que le dio la Hermandad del Calvario y Santo Entierro entre 1860 y 1901. Desde entonces no había vuelto a procesionar.
El hábito, por su parte, recuerda al que utilizaba la primera cofradía que existió en la ciudad, la de la Vera Cruz, que tenía su sede en el convento de San Francisco.

Los cofrades arrojaron al fuego el nombre de sus muertos. Jesús Javier Matías
Los cofrades arrojaron al fuego el nombre de sus muertos. - Foto: Jesús Javier Matías