La interinidad agrava el retraso en los juzgados mirandeses

R.C.G.
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Cerca de la mitad de la plantilla está de forma provisional y los abogados denuncian que "algunos expedientes llevan años atascados". Hasta hace unas semanas, tres de los cuatro máximos cargos estaban cubiertos temporalmente

La interinidad agrava el retraso en los juzgados mirandeses - Foto: Gonzalo Angulo

El retraso que como mal endémico sufre la justicia se agravará por la crisis del coronavirus, ya que salvo los casos más urgentes, el resto de procedimientos están prácticamente paralizados. En Miranda la acumulación de expedientes era algo habitual antes de la alerta sanitaria, provocada por la carga de trabajo que soportan los dos juzgados existentes y porque la situación laboral del personal no es la idónea. Y es que casi la mitad de la plantilla es interina. Unos días antes de la pandemia asumió una nueva jueza titular, acabando con una suplencia de cuatro años, pero hasta ese momento tres de los cuatro máximos cargos estaban ocupados de forma temporal. En esa situación sigue la otra magistrada, que cubre una baja. También es interino uno de los letrados de la administración (puesto que anteriormente se denominaba secretario), a lo que se suma que entre los funcionarios hay un numeroso grupo que no tiene su plaza en propiedad, un factor que no ayuda a aligerar el elevado volumen de casos que soportan ambas salas. Algunos llevan mucho tiempo desarrollando las mismas tareas, por lo que cuentan con experiencia, pero el hecho de que exista una continúa rotación en los puestos, sobre todo si es en los de más rango, trastoca la planificación diaria. El problema radica en que las suplencias conllevan que el nuevo personal se ponga al día en los procedimientos pendientes, y cuando esto sucede, muchas veces se produce un nuevo traslado que obliga a empezar casi de cero. "Es una vergüenza", denuncian varios abogados consultados por este medio y que en repetidas ocasiones han elevado quejas por las condiciones en las que se ven obligados a desarrollar su trabajo en los juzgados mirandeses. "Hay ejecuciones de sentencias que llevan más de un año paradas", relatan. Los casos penales avanzan con más celeridad pero "en Familia y Civil tienes que armarte de paciencia porque pueden pasar meses o años sin que ni siquiera se haya incoado el expediente". El estado de alarma ha empeorado la situación porque se ha suspendido la actividad hasta el punto de que en el Registro Civil es "imposible" obtener certificados de defunción, "un trámite necesario para las pensiones de viudedad". La solución no es sencilla ya que las últimas reformas judiciales apuntaban a evitar la interinidad pero en Miranda el problema no pasa por la convocatoria de oposiciones, sino que la ciudad es un destino de paso. Es decir que quienes sacan su plaza cuando pueden se van a ejercer a otros lugares con más atractivo o más cercanos a su lugar de residencia. En los últimos años también las bajas han jugado un papel determinante que ha obligado a tirar de suplencias para cubrir las vacantes.