Armiño versus naturaleza

A.C.
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El escultor ultima piezas en hormigón que junto a las ya creadas serán seña de identidad de Valdivielso a lo largo de la ribera del Ebro

Carlos Armiño apoyado en una de las piezas creadas para la ruta de arte que surcará Camino Natural del Ebro. - Foto: A.C.

Carlos Armiño ha vendido sus obras en París, las ha expuesto o situado en diferentes espacios públicos de grandes y medianas ciudades de España, en Bélgica o Alemania, pero en Cereceda está su casa y su taller, al que siempre regresa, donde siempre le llega la inspiración. El pasado mes de septiembre volvió a afincarse allí después de residir 25 años en Cantabria. Tras la negritud y la parálisis del confinamiento ha retomado la actividad de forma intensa con tres importantes proyectos que le ocupan todo su tiempo. El día 17 inaugurará una exposición con obras de madera y alabastro en el Museo Histórico de Las Merindades, en el Alcázar de Medina de Pomar; el 8 de agosto abrirá sus puertas El Jardín Secreto de Oña, del que de nuevo se ha convertido en comisario como ya sucediera en las ediciones de 2013 y 2014; y antes de que acabe el verano quiere que estén ubicadas junto a la ribera del Ebro en la Merindad de Valdivielso dieciséis de sus creaciones en hormigón elaborado.

De todos los proyectos, este último será el que más perdure y deje huella en su tierra y el que podría atraer a miles de visitantes que quieran contemplar las obras de Armiño en simbiosis con la naturaleza. Desde el Alto del Cardal junto a Tartalés de los Montes hasta Valdenoceda, 18 kilómetros después, se dispondrán las esculturas que seguirán el eje del Sendero de Gran Recorrido GR-99, también denominado Camino Natural del Ebro, y estarán cerca de las poblaciones del valle.

Antes de que el Chillida Leku llenará sus jardines con la obra del genio guipuzcoano, en 1988 Carlos Armiño ya convirtió su jardín de Cereceda en un museo al aire libre con su primera exposición de obras en hormigón elaborado. Alguna aún se resiste a salir de allí y muestra en sus caras la pátina del tiempo. En 2007 creó una nueva cole-cción, pensada para ubicar sus piezas en espacios o parques públicos, pero la crisis económica le pasó por encima y Armiño reconoce que tampoco puso mucho empeño en venderlas.

Las piezas de la imagen, ahora en el taller de Cereceda, tienen varios metros de altura.Las piezas de la imagen, ahora en el taller de Cereceda, tienen varios metros de altura. - Foto: A.C.

Cerca de cada pueblo. Asegura que "siempre he ofertado mi capacidad de crear obras y mi voluntad y el alcalde, Jokin Garmilla, lo ha visto factible". Juntos pensaron en ubicar una escultura en cada uno de los catorce pueblos de la Merindad de Valdivielso. Luego idearon un bosque de esculturas, pero finalmente ha cuajado la conexión entre la ruta de senderismo por el río que ha modelado el valle y unas esculturas que pueden convertirse en una seña de identidad para el municipio. Se ubicarán cerca de las localidades valdivielsanas y todas serán trabajos de gran formato con más de dos toneladas de peso que se arraigarán con fuerza a la tierra donde permanecerán, en principio, durante cuatro años.

"El proyecto no está cerrado y se puede mejorar", explica Armiño, quien estos días crea algunas nuevas piezas pensadas específicamente para este nuevo proyecto, en el que cuenta con la ayuda de dos aprendices, Paula Huijer y Alba y Gaua. Algunas serán refugios para guarecerse del frío o la lluvia, si se diera el caso. Y todas serán alimento para el alma y seguro que también una fuente de inspiración para los amantes de la fotografía.

Este nuevo museo al aire libre volverá a ser una muestra de generosidad de Armiño hacia Valdivielso, que ha nacido de la "ilusión y visión" del alcalde y de un proyecto que ha seducido al autor. De las dieciséis obras previstas, el Consistorio valdivielsano se compromete a adquirir dos de ellas y serán los propios vecinos los que las elijan mediante una fórmula que aún está por decidir. La dinamización de esta ruta que se llenará de arte será vital. "La exposición es un gancho, pero de llevar atractivos paralelos", señala el escultor. Su historia está por escribir.

La aprendiz Paula Huijer rematando una de las piezas que irá al Museo Histórico de Las Merindades. La aprendiz Paula Huijer rematando una de las piezas que irá al Museo Histórico de Las Merindades. - Foto: A.C.