La Policía busca a una banda que ha desvalijado viviendas

A.M.
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La Policía busca a una banda que ha desvalijado viviendas - Foto: Diario de Á?vila Lola Ortiz

Los agentes tratan de desarticular una organización que usa los mismos métodos que las redes de georgianos que cayeron en 2017 y 2018

La Policía Nacional mantiene desplegado un operativo para tratar de localizar, detener y poner a disposición judicial a los autores de una oleada de robos registrados por toda la ciudad y que ya han afectado a docenas de viviendas de la capital en las últimas semanas. Aunque no hacen distinciones por barrios, en los últimos días se ha registrado una concentración de asaltos en el G-3 y su entorno más inmediato, replicando un modus operandi que no es nuevo para los efectivos de la Comisaría de Burgos y que ha despertado cierta inquietud por su similitud con otros hechos recientes. Tanto, que parecen vivir en un bucle.
Hay varias circunstancias que se repiten como un patrón. La más clara, que casi siempre atacan viviendas situadas en el ático o en las últimas plantas de los edificios, lugares en los que hay menos viviendas, a los que rarísima vez los vecinos acceden por las escaleras y que tiene menos contacto directo con otros hogares. Esto permite a los autores forzar las cerraduras y registrar los pisos con relativa calma, buscando el único botín que persiguen: dinero en efectivo y joyas. Así haya electrónica de última generación, obras de arte o prendas caras, su único objetivo es el dinero o aquello que se convierte en dinero de la forma más rápida posible.
También se repite al patrón en cuanto al control de las viviendas y los horarios de ‘trabajo’ de los delincuentes. En muchas ocasiones marcan las puertas de sus potenciales víctimas para conocer los horarios. Suelen colocar pequeñas piezas de plástico, casi imperceptibles, en los marcos de las puertas de las viviendas. También hilos de pegamento o plástico. Así, acceden a los portales cada cierto tiempo y comprueban cada cuánto se rompen o desprenden esos ‘chivatos’, estableciendo las rutinas de los propietarios. Una vez trazado este horario, acceden al portal, suben a la última planta, fuerzan la cerradura y registran sin el mínimo cuidado hasta dar -o no- con lo que buscan.
Otro hecho relevante es que rara vez se introducen en viviendas de nueva construcción. Detrás de esa constante hay, según diversas fuentes consultadas por este periódico, un motivo claro: prefieren asaltar hogares de personas mayores y en los pisos nuevos suele vivir gente mucho más joven. No lo hacen porque teman toparse con resistencia, sino porque son conscientes de que es más fácil encontrar lo que buscan en las viviendas de personas ya asentadas que en las de gente joven.
Además, y en aras de protegerse, estas organizaciones, perfectamente jerarquizadas y experimentadas, acostumbran a tener vigilada la entrada del portal, de forma que si ven que accede algún vecino cuya casa están ‘limpiando’, dan el aviso que quienes se están encargando de pegar el golpe para que  se esfumen.
¿georgianos de vuelta? Lo que no está claro es si la Policía se enfrenta a una banda o a varias. La duda la siembra que parecen existir al menos dos formas diferentes de perpetrar el delito. Una de ellas es muy fina, apenas deja huella e incluso las cerraduras de los pisos funcionan perfectamente cuando sus propietarios están a punto de llevarse un disgusto mayúsculo. Revuelven menos las viviendas y son rápidos. Por otro lado, hay ‘golpes’ que se hacen destrozando la cerradura -no hay puerta que se les resista- y causando daños en las casas. Esto indica que podría haber más de una organización operando en Burgos, aunque también podría tratarse de la misma banda utilizando distinto ‘personal’.
Lo que sí ha arraigado entre los efectivos de la Comisaría de Burgos es el temor al regreso de unos viejos conocidos: los georgianos. Las mafias de este país del Este organizan bandas que envían a España. Esas células tienen la misión de asaltar pisos (hasta la fecha no han cometido delitos contra las personas) y sustraer material convertible en dinero, dinero que después se remite a su país para ser administrado por el capo de turno en sus estructuras criminales.
Las dudas de la Policía Nacional parecen más que razonables por cuanto que en agosto de 2017 ya desarticularon una banda de tres miembros y en septiembre de 2018 cayó otra formada por ocho miembros. Todos eran georgianos. Los tres primeros fueron juzgados y dos de ellos no cumplieron sus penas (de cuatro y cuatro años y medio de cárcel por robo con fuerza y falsedad documental) porque la Audiencia Provincial de Burgos, en acuerdo con la Fiscalía, ‘conmutó’ sus penas de prisión por la expulsión de España y la prohibición de regresar en un periodo de 10 años.
Esa decisión, por cierto, levantó ampollas en la Policía, si bien nadie lo ha hecho público. Consideran, al menos parte de los efectivos de la Comisaría de Burgos, que ese tipo de acuerdos ejercen un ‘efecto llamada’ para el regreso de otros secuaces de las mismas organizaciones. La cuestión es que esas dos bandas actuaban de forma casi calcada a la que está desvalijando a diario pisos en la capital burgalesa y que trae de cabeza a la Policía Judicial de Burgos. Casi calcada porque en esos casos ‘trabajaban’ esperando a que los domicilios (que también marcaban con chivatos de plástico o pegamento) estuvieran vacíos durante días y actuaban por la noche. Ahora, los robos casi siempre se producen en horario diurno, aprovechando salidas cortas de los residentes para hacer recados o ir a trabajar por la mañana.