Cuando Burgos devolvió obras de arte a Cataluña

R. Pérez Barredo
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Juan Carlos Elorza evoca un gesto apenas conocido de la Transición, cuando le fueron devueltas a la Generalitat obras que habían sido confiscadas en alta mar durante la Guerra Civil y depositadas en Burgos

Juan Carlos Elorza, con el catálogo de la exposición que se hizo en la Transición. - Foto: Patricia González

La Transición aún gateaba cuando Juan Carlos Elorza llegó a Burgos en 1978 para ponerse al frente del Museo Provincial. Ya había desempeñado ese cargo en los de Logroño y Salamanca, y sabía que tenía un proceloso y duro trabajo por delante; podría anotarse aquí lo que García Márquez escribió en su arranque de Cien años de soledad para comprender cuán en mantillas se hallaba toda gestión, y aún más la cultural, tras décadas de oscuridad: El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo. A los cinco meses de su llegada a la capital castellana Elorza fue nombrado subdirector general de museos de la Dirección General de Patrimonio Artístico, Archivos y Museos del Ministerio de Cultura. Y en ello estaba cuando un día recibió la llamada del ministro Pío Cabanillas, quien le requería información acerca de unos fondos que al parecer se hallaban depositados en Burgos desde los años de la contienda civil. Aunque apenas había estado unos pocos meses, podía considerarse un tiempo suficiente para que Elorza hubiera conocido bien el centro museístico burgalés y cuantas obras atesoraba éste. Y aquella historia de la que le hablaban no le sonaba en absoluto. 


Habló Elorza con Javier Tusell, director general de Patrimonio y su jefe inmediato, quien le hizo alguna precisión: se trataba de una colección de obras de artistas catalanes que, al parecer, había sido interceptada en 1937 en el estrecho de Gibraltar cuando era trasladada en barco rumbo a México, donde iba a ser subastada con la intención de recabar fondos económicos para que la Generalitat pudiera seguir combatiendo al fascismo. Según la información, aquellas obras -cuadros y esculturas- habían sido depositadas en Burgos, capital de la España sublevada. Juan Carlos Elorza goza de una memoria espléndida, en la que ha conservado cada instante de aquel episodio. "Como tenía el cargo de director del museo reservado me presenté en Burgos y le pregunté a la máxima autoridad que me estaba sustituyendo, y que era el portero mayor, pues no había nadie más. Se llamaba Quirce", evoca. Interrogado por tan misterioso fondo, este admitió que, en efecto, en unos almacenes había unas cuantas cajas muy viejas que no se habían tocado nunca. La sorpresa de Elorza fue mayúscula cuando, en efecto, vio todo aquel depósito. Y aún recuerda la leyenda escrita en las cajas: ‘Presas marítimas’.


Tras ser abiertas con sumo cuidado descubrieron que, en efecto, estaban llenas de cuadros y esculturas que se encontraban en un perfecto estado de conservación. Elorza entonces recurrió a Joan Ainaud de Lasarte, una de las principales autoridades en arte contemporáneo catalán, para que le ayudara a confirmar que, en efecto, se trataba de aquel fondo incautado durante la Guerra Civil y si las obras que allí estaban eran todas las que tenían que ser. La fortuna le salió al paso al que fuera durante tantos años directo del Museo de Burgos: Lasarte le comunicó que obraba en su poder el catálogo con la lista de todas las obras que habían sido embarcadas para su subasta en México. "Así supimos que se trataba de en torno a 150 obras, de las que unas 120 recalaron en Burgos".
En aquella actividad detectivesca también supo que no sólo existía el depósito del Museo de Burgos, sino que algunas obras de aquella incautación se hallaban en otros puntos de la ciudad, concretamente en el comedor del Palacio de la Isla, que había sido residencia de Franco en Burgos, y en el Palacio de Justicia, concretamente en dos estancias: Presidencia y Fiscalía. "Conseguimos reunir cerca del 90 por ciento de las obras que Ainaud de Lasarte me había dicho que era el conjunto". Recuerda Elorza que se trataba de obras de artistas catalanes vivos en 1937, creadores del momento, aquellos que podían englobarse en el ‘Noucentisme’, estilo mediterráneo iniciado en la segunda década del siglo XX. No tuvo Elorza problema para juntar todas las obras, salvo el ‘no’ que de entrada recibió por parte del fiscal, a quien no debió seducir quedarse sin sendas esculturas obra de Josep Clarà. Hoy podría hablarse del exquisito gusto del responsable del Ministerio Público: una de las tallas que adornaban su despacho se exhibe en el Museo Reina Sofía... 


un gesto generoso. Finalmente, reunió Elorza la colección -"hay que valorar que se guardó con celo, con mimo, que no se repartió por cualquier sitio"-, identificó a los autores y organizó una exposición con todas ellas primero en Madrid, en el Palacio de Congresos del Paseo de la Castellana, y más tarde en Barcelona, acto que sirvió para entregar oficialmente todo aquel fondo a la Generalitat, legítima dueña. En este sentido, y ante las horas tristes que se están viviendo en Cataluña, Elorza reflexiona sobre aquel gesto. "Había una voluntad política de que el gobierno de la Generalitat se convenciera de que el nuevo gobierno del Estado español tenía muchas ganas de reconocer muchas cosas y, sobre todo, de reestablecer con la Generalitat una política de cooperación. Se quiso devolver todas esas obras cuanto antes. Tanto, que no se pudo hacer un estudio pormenorizado de las piezas. Sí encargué a dos profesoras universitarias que hicieran lo posible por identificar las obras y a los autores. Se consiguió elaborar un pequeño resumen sobre cada uno de los artistas", apunta Elorza. 


La nómina de artistas era impresionante: Pere Costa i Segura, Jaume Mercader, Lluis Masriera, Ferrán Guerrero Guimó, Llorenç Brunet,  Enric Casanovas Roig, Josep Clarà, Apel·les Fenosa, Xavier Nogués, Juan Bautista Porcar Ripollés. "Fue un gran acto de generosidad que pasó desapercibido. Y ahora que las cosas están tan complicadas tiene mucho sentido que se sepa. El comienzo en la nueva política española tras la dictadura no fue el que ahora dicen que fue, sino de tender la mano para que nos lleváramos bien. Fue importante porque fue un gesto temprano. El gobierno de la UCD no quiso tapar aquello, sino todo lo contrario. Javier Tusell tuvo un mérito extraordinario. Es cierto que puede ser un detalle pequeño, pero que refleja muy bien la actitud que se tenía por ambas partes". Evoca el exdirector del Museo de Burgos que el gesto fue recibido en Cataluña con verdadera gratitud.