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Explosión de gozo y alegría

J.M. / Burgos
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Las imágenes del Cristo Resucitado y de la Virgen de la Alegría se encuentran a los pies de la Catedral ante la atenta mirada de cientos de burgaleses y turistas

Madre e hijo, en su reencuentro en la plaza del Rey San Fernando. - Foto: Valdivielso

A diferencia de lo ocurrido hace un año, el tiempo sí permitió ayer que la procesión del Anuncio Pascual recorriera las calles de la capital y que el sonido de las campanillas de los cofrades con el anuncio de la resurrección de Jesús llegara a los oídos de los cientos de burgaleses y también muchos turistas que se acercaron hasta la plaza del Rey San Fernando.

A las 11.30 horas salía de la Iglesia de la Sagrada Familia la moderna talla (2003) del Cristo Resucitado. Les esperaba un importante camino hasta la Catedral, que se hacía más incómodo por el  frío y el viento que, sobre todo en las zonas sombrías, jugaba con los hábitos de los cofrades. El grupo de danzas Nuestra Señora de las Nieves festejaba con sus bailes uno de los días más grandes para la Iglesia Católica y provocaba en la plaza de Alonso Martínez los aplausos del público que observaba el paso desde de las aceras.

Poco tiempo antes había pasado por ese mismo lugar la Virgen de la Alegría, que a las 12 del mediodía había partido de San Nicolás de Bari con el paso acelerado para que María y Jesús no se tropezaran antes de lo que marcaba el guión.

Con permiso de las dos tallas, la banda infantil de la Cofradía de San Gil, compuesta por unos 20 niños de entre 4 y 10 años, robaron casi todas las sonrisas de los espectadores e hicieron que se dirigieran a ellos las numerosas cámaras que los turistas. Con un ritmo sorprendentemente sincronizado para la poca experiencia de los músicos, solo el cansancio hacía pequeña mella. Destacaba entre los más talluditos el esmero con el que uno de ellos aporreaba el tambor. Por detrás, el grupo de danzas María Ángel Saiz bailaban al son de la dulzaina y el tamboril, que precedían el paso de la Virgen de la Alegría.

Todo estaba listo para la entrada de Jesús por la calle de la Paloma y la llegada de su madre por el Arco de Santa María. Los agentes de la Policía Local tenían que pedir a los curiosos que se echaran unos metros hacia atrás para dejar sitio a los dos pasos. Pocas veces, si no ninguna, se había congregado tanto público para ver esta procesión. Quizá por eso se había prescindido del vallado que sí se hace necesario para otras celebraciones más multitudinarias.

Desde la megafonía se anunciaba la entrada de las dos imágenes y los cofrades, ya a cara descubierta tras varios días con los rostros tapados por los capuchones, hacían sonar pequeñas campanas como símbolo de alegría. Los pasos de María y de Jesús se juntaban y cambiaban de posiciones como si de un baile de alegría se tratara. Suena el Aleluya de Haendel y el arzobispo, Francisco Gil Hellín se dirige a los fieles para, aun recordando las «dificultades», pedirles que «llevéis a vuestros hogares, especialmente si hay enfermos, ancianos o niños pequeños, el gozo y la alegría» de la resurrección.

Con la solemnidad del acto ya concluido, los dos grupos de danzas siguieron bailando en la plaza del Rey San Fernando hasta que los dos pasos, ya juntos, dejaron atrás la Catedral y compartieron camino hasta la plaza Alonso Martínez. Desde allí, cada una de las imágenes se dirigió ya hacia su parroquia.