Amor en tiempos del confinamiento

Juan Vargas (EFE)
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El estado de alarma ha tirado por tierra los planes de muchas parejas que se resignan a vivir su relación desde la distancia echando mano de la paciencia y su ingenio para hacer la separación más llevadera

Amor en tiempos de coronavirus - Foto: Mariscal

El confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus ha traído consigo una realidad extraña para aquellas parejas que no conviven bajo un mismo techo, obligadas a un distanciamiento que todavía no tiene fecha de caducidad, y que han encontrado en la paciencia, el ingenio e internet sus mejores aliados.
Aunque cada relación es un mundo, el estado de alarma las ha igualado en cierto sentido, porque ahora da lo mismo que entre uno y otro medien unos pocos kilómetros o las fronteras de varios países: en ambos casos los besos se mandan a una pantalla.
«Es raro estar en la misma ciudad, separados por un bus y un metro, tan cerca, y con la imposibilidad de salir y vernos», cuenta Marta, para quien lo que más se echa en falta son esas citas ya convertidas en rutina: las cervezas de los lunes, el cine de los miércoles...
Una normalidad que, al igual que para tantos otros, se ha visto reemplazada por soluciones de todo tipo: quedadas a distancia para hacer deporte o estudiar, películas vistas simultáneamente, juegos en línea y, por supuesto, las omnipresentes videollamadas, auténtica tabla de salvación en todos los casos.
Más allá de su impacto en el día a día, el confinamiento ha tirado por tierra multitud de planes elaborados antes de que el coronavirus golpeara España. 
«Yo ahora mismo tendría que estar en Salzburgo, porque se suponía que íbamos a pasar allí la Semana Santa, y en cambio ni sé cuándo me voy a ir ni si voy a poder ver a Martin en verano», cuenta Lola, cuyo novio es austríaco. Aunque su relación «siempre ha sido a distancia», normalmente se ven cada dos o tres semanas, lo cual contrasta con la «incertidumbre» actual, amplificada por las realidades dispares de España y Austria, donde «las medidas de confinamiento son mucho más laxas».
A Víctor la pandemia le pilló en Ibiza, donde estaba de vacaciones con su pareja. Ante la declaración del estado de alarma, adelantaron su regreso, y según aterrizaron se dijeron adiós, él camino a Vitoria y ella en dirección a Madrid. No han vuelto a verse desde entonces.
Más suerte tuvo Pablo, a quien le dio tiempo a completar el viaje por Francia con su novia que había planeado tras hacer el examen del MIR. Pero, también en su caso, se separaron nada más volver a casa.
«Realmente Manu y yo nos ‘vemos’ mucho. Por ejemplo por las mañanas nos hacemos una videollamada y nos dejamos los móviles puestos mientras cada uno estudia, y así es más o menos como si estuviéramos juntos en la biblioteca», indica Ana, dando ejemplo de las costumbres que van haciéndose hueco en la vida de pareja.
Así, los fines de semana, Lola queda con Martin para hacer deporte, mientras que Pablo lo hace con su novia para ver series y películas, un hábito bastante extendido. Los juegos son otra opción, facilitada por las aplicaciones móviles pero siempre potenciada por la creatividad: Marta dice que han sacado ideas de concursos como Saber y Ganar, y que también practican pasatiempos clásicos de papel y lápiz como el Hundir la flota.
Y, con un poco de buena voluntad, hasta las celebraciones pueden hacerse a distancia. A Víctor, que ha cumplido años durante el confinamiento, su pareja le insistió en que comprase una tarta y unas velas para que pudieran soplarlas juntos en una videollamada.
un aislamiento SOBREVENIDo. Un caso singular es el de Paula. Ella, ya casada y embarazada de siete meses, vive con su marido, pero tuvieron una inesperada separación: al dar positivo por coronavirus una compañera de trabajo de él, decidieron que ella se fuera a casa de sus padres mientras él pasaba una quincena de aislamiento.
«Al principio te lo tomas como que es una fase que hay que pasar y ya, pero a medida que iban pasando los días, pues estás acostumbrada a vivir con él, y tienes una serie de rutinas, y los dos terminamos echándonos mucho de menos. Y cuando te quedas sola en la cama y te das cuenta de que estás embarazada, de que no sabes si el bicho va a dar la cara... entra un poco el agobio», cuenta Paula.
Además, tampoco se libró del miedo a contraer la enfermedad en casa de sus padres, pues ambos seguían trabajando por dedicarse a actividades esenciales. Así que al final acabó alojándose con sus suegros, donde pasó cuatro días «horrorosos» hasta que pudo volver a su hogar. «Fue muy emocionante volver a casa, Fran estaba bien y al momento se me pasó la ansiedad de los días anteriores. Ya lo vivimos como una batalla ganada, y a nivel de pareja la verdad es que nos ha cambiado bastante», dice.
Las parejas coinciden en que lo mejor es plantearse la situación con paciencia, aunque pese la ausencia de contacto físico y el no saber cuándo volverá la normalidad. «Nosotros lo llevamos bien, e intentamos buscar el lado positivo», asegura Ana, al tiempo que Lola destaca que ahora habla con su pareja «de una manera más habitual».
A veces, a fin de cuentas, conviene ver las cosas con perspectiva. «Será un mes, dos meses, tres meses, pero al final, tarde o temprano, nos vamos a ver. Y también es una forma nueva de vivir un noviazgo y de conocer otra faceta de tu vida en pareja», concluye Marta.