Una cocina que se acerca a la mesa más familiar

J.A.G.
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El restaurante La Buena Villa, en el mismo barrio de Villalonquéjar, no tiene carta, pero sí una variedad de menús para todos los paladares y bolsillos

Una cocina que se acerca a la mesa más familiar - Foto: Jesús J. Matías

La restauración burgalesa va más allá del centro de la ciudad y se extiende también a los barrios. La Buena Villa, en Villalonquéjar, combina hospedaje y mantel bajo la gerencia de Francisco Javier Arce, un empresario de la construcción metido a hostelero, aunque entre los pucheros la batuta Monserrat Liria, una cocinera autodidacta bregada y con la experiencia adquirida durante dos décadas en distintos establecimientos. Aquí, las pautas gastronómicas van por esa cocina casera, pegada al producto y a la tradición, pero sin cerrarse a esos toques de innovación y modernidad, especialmente en los platos que conforman los menús para grupos, que hacen extensivos a celebraciones navideñas.
De lunes a viernes, básicamente, trabajan un menú de mercado al precio de 10 euros, bodega incluida, que muta todos los días. Los comensales puede elegir entre seis primeros y otros tantos segundos. Hay platos de cuchara -alubias rojas, garbanzos o lentejas con sus sacramentos-, ensaladas, espárragos gratinados con jamón york y queso o, mismamente, pastas y arroces, también en paella o mismamente con calamares y gambas. No falta la sopa castellana, cremas y purés o revueltos, entre los que figura el de bacalao con ajetes y trigueros, patatas a la riojana o con rape, pistos, parrilladas de verduras, berenjenas rellenas...
En segundos se suceden en lista carnes de vacuno, porcino, cerdo y pollo. Bistec a la plancha, churrasco de ternera, pluma con pimientos asados, carrilleras, rabo estofado al vino tinto, alas a la barbacoa son una buena sugerencia. La propuesta de pescado, dependiendo el día, pueden ser el rodaballo a la plancha con ajitos, la merluza en salsa verde o a la romana, el bacalao con tomate o al pilpil, frituras... En postres, siempre caseros, la variedad es amplia y van desde el clásico flan, natillas al arroz con leche, tartas, helados o fruta...
Una cocina que se acerca a la mesa más familiarUna cocina que se acerca a la mesa más familiar - Foto: Jesús J. MatíasLos fines de semana y festivos el menú sale por 15 euros, bodega incluida, con platos más especiales y una singularidad, que siempre hay lechazo asado, con su ensalada. En primeros se puede elegir siempre entre tres propuestas, en las que no faltan platos de cuchara -alubias blancas con setas y jamón o unos garbanzos con gambones-, ensaladas, revueltos -gulas con beicon-, pudín de puerros, hojaldres rellenos... En las tres propuestas de segundos no falta los solomillos, chuletas, guisos, estofados ni los pescados, incluidos sus gambones a la plancha.
Presumen además de su menú de chuleta, también para cenas, por 35 euros, postre, bebida, café y chupito incluidos. La chuleta de vaca frisona, con una maduración de 60 días, va asada a la brasa, pero el cliente es el que marca el punto en la parrilla de mesa. Va precedida de algún entrante casero -croquetas, por ejemplo-, ensalada, embutidos selectos o quesos.
Ahí no acaba la oferta gastronómica, porque tiene nada menos que cinco menús de grupo para comidas y cenas navideñas, familiares, de empresa, amigos..., eso sí, previa concertación y por mesas completas. Los precios oscilan entre los 25 y los 40 euros, con postres y bodega selecta. Los entrantes -tablas de embutidos, cecinas y quesos, ensaladas, croquetas, revueltos, zamburiñas... se combinan con segundos a elegir. Se abre así un enorme abanico de sugerentes propuestas de carnes -secreto de cerdo, rabo de ternera, entrecote de vaca, lechazo...- o pescados -dorada a la plancha, rodaballo o lubina a la sidra y merluza rellena- y apetitosos postres como su flan de queso y crujiente de oreo, mouse de limón, tarta de hojaldre o mismamente la tradicional panacota. Para los más pequeños prepara, también por encargo, dos menús infantiles.
La bodega de La Buena Villa se limita a media docena de referencias entre las que figuran los tintos y rosados ribereños y riojanos y los verdejos, a las que se añaden cavas y champán.
Tiene un amplio comedor con capacidad para 120 personas y que da servicio tanto a los huéspedes del hostal como a los clientes ocasionales.