"El capitalismo dará paso a un modelo más deshumanizado"

Carlos Cuesta (SPC)
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"El capitalismo dará paso a un modelo más deshumanizado"

El doctor en Economía y catedrático de Estructura Económica de la Universidad de Barcelona Ramón Llull, Santiago Niño-Becerra, es uno de los principales divulgadores españoles de asuntos económicos. En 2010, ya anunció que la crisis financiera, que él llevaba mucho tiempo anunciando, iba a ser larga y profunda en España. Niño-Becerra acaba de publicar su último libro Capitalismo 1679-2065, en el que sostiene que ha llegado el fin de este sistema económico ante la llegada de un nuevo modelo revolucionario más deshumanizado en el que todo va a cambiar hacia un formato más radical y con una visión que no es, precisamente, nada optimista a la vista de cómo se están sucediendo los hechos tras el desplome de la economía que se está produciendo a nivel global y que, además, se ha visto agravado por la expansión de la pandemia del coronavirus en todo el mundo.

En su nuevo libro pronostica el fin de un sistema económico que ha propiciado el mayor avance económico en la historia de la humanidad y que, según sostiene, va a suponer una revolución difícil de imaginar y que va a acabar con el capitalismo que conocemos. ¿No es mucho aventurar teniendo en cuenta que es todo lo que tenemos y que los países en vías de desarrollo ansían?

El sistema capitalista, como todos los sistemas económicos sociales, tiene una serie de elementos definitorios característicos que, en el caso que citamos, son: propiedad privada de los medios de producción, existencia de trabajo asalariado, defensa jurídica de la propiedad, consumo como transferencia del patrimonio, liberalismo, libre competencia… Todo eso, ya está cambiando en el plano internacional en una transición que pasa por nuevos aspectos como, por ejemplo, la concentración del capital y la tendencia hacia los oligopolios; la regulación de actividades que suponen disminución de la libertad y privacidad del ser humano; la cooperación entre compañías con el fin de compartir recursos; la disminución del papel de los Estados; la caída de la demanda del trabajo y, entre otras muchas cosas más, la eclosión de la tecnología hasta niveles inimaginables hace tan solo una década. 

Llega, incluso, a predecir que lo peor está por llegar con un modelo mucho más tecnológico y deshumanizado. ¿A qué nos enfrentamos? ¿Debemos estar preocupados?

La desaparición del capitalismo en las próximas décadas dará paso a un modelo más tecnológico y deshumanizado. El significado de peor siempre ha de ser en relación a algo. Para una persona de 60 años nacida en 1960, y suponiendo que viva hasta los 80 años de edad, claramente los años que median entre hoy y el 2040 van a ser peores que lo que ha vivido pero, para un bebé nacido hoy cuando tenga 40 años las cosas serán muy diferentes porque no habrá conocido los años fabulosos del pasado crecimiento y de mejora de la igualdad. Pienso que vamos hacia una mezcla de los escenarios descritos por los filmes Blade Runner 2049 y Elysium y la novela (¿o habría que decir el ensayo?) de Aldous Husley Un mundo feliz

Entre los defectos del capitalismo, usted subraya que es responsable de las mayores desigualdades sociales, pero si se comparan los pobres de los países avanzados con economías socialistas como Rusia o China, observamos que las diferencias son aún más significativas en estos sistemas políticos.

El capitalismo cubre un período largo en el que muchas cosas han sucedido: en los años 60, África central crecía y se pensaba que tal situación sería duradera. Latinoamérica creía que por fin se había sacudido la dependencia neocolonial. En EEUU y en Europa la clase media no hacía más que aumentar y el desempleo era testimonial. Los Estados de economías planificadas superaron los destrozos de la II Guerra Mundial y, poco a poco, la Guerra Fría se iba capeando en estas naciones. Tal y como Fukuyama escribió en El fin de la historia, el sistema liberal se impuso pero, a la vez que eso sucedía, las cosas empezaron a ir a peor para un creciente número de personas, tanto en las economías capitalistas nativas como en las nuevas conversas. Hoy, salvo en China, la tasa de pobreza es mayor que ayer, y en China lo es la tasa de la desigualdad. Así, el 1% de la población de Estados Unidos ostenta el control del 26% de la riqueza, igual porcentaje que en 1926. Evidentemente, es menos malo ser pobre en Suecia que en Uzbekistán pero, para bastantes ciudadanos suecos, las cosas están peor ahora de lo que lo estaban antes.

 

Una de las teorías más revolucionarias de su obra es la que asegura que en los próximos 50 años, más o menos entre 2060 y 2070, con la implantación de este paradigma, el trabajo dejará de ser clave en el funcionamiento de la economía y que las personas que no puedan emplearse dispondrán de una compensación en forma de renta mínima e, incluso, ocio barato para que estos ciudadanos puedan evadirse de la realidad. ¿Hay alguna alternativa para construir una realidad más humana y justa o la sociedad está a condenada a sufrir un duro ajuste en las próximas décadas de una manera impasible?

Considero que la renta básica será implementada mucho antes, durante el capitalismo, al inicio del próximo formato, hacia el 2024 y 2025. Pienso que el salario mínimo vital tiene mucho de humanista porque su percepción brinda un grado de libertad adicional a cada persona al añadir al ingreso que obtenga una cantidad, la renta básica, no condicionada a ningún requerimiento. Paralelamente este subsidio permite la completa erradicación de la miseria al situar su importe en el umbral de la renta de pobreza.

¿Puede haber consumo sin trabajo? ¿Qué va a pasar con los impuestos estatales si no hay empleo? ¿Si se termina en buena medida el trabajo, a qué se van a dedicar las empresas? ¿Cómo es la realidad económica que imagina?

Sí, puede haber consumo y, prácticamente sin nada de trabajo: instaurando una renta básica pero, para ello, la productividad debe crecer mucho. Podrían seguir existiendo impuestos pero no sobre las rentas salariales. Evidentemente, muchas empresas desaparecerán, pero esta tendencia ya se está produciendo debido a la tendencia a la concentración del capital presente desde hace tiempo y que irá a más, lo que dibuja un escenario de oligopolios, algo hacia lo que, de forma natural, tiende el sistema actual.

¿Diría usted que nos enfrentamos a un sistema político con una alta tasa de intervención por parte de los gobiernos para dar cobertura a los trabajadores que no puedan acceder a un trabajo y garantizar el bienestar social? Y, en caso contrario, que el Estado tenga un papel decreciente en la economía, ¿quién se va a encargar de proteger al asalariado y a la sociedad? ¿Qué sentido tendrá entonces la existencia del Estado? ¿Cómo se va a financiar?

Una de las tendencias que se van a poner de manifiesto, no ya en el próximo sistema si no en el modelo que va a sustituir al que entró en crisis en el 2007, será la dilución del concepto de Estado. Serán las corporaciones y los clusters con posibilidades quienes sustituirán progresivamente a los Estados. Pero regulación si habrá: comités formados por expertos que delimitarán los ámbitos de actuación de las corporaciones.

¿Cómo van a actuar, por ejemplo, los mercados si vemos que cada día son más globales, más voraces, sin fronteras ni límites en este nuevo contexto? ¿Cree usted que habrá una mayor concentración del capital y aumentará el número de ricos? ¿Qué va a pasar con las Bolsas?

Se coordinarán por conveniencia, para colaborar y para no hacerse daño. Habrá, además, mayor concentración de capital, por que cada vez se precisarán mayores dosis de liquidez. Como consecuencia, la desigualdad aumentará. Las Bolsas regresarán a sus inicios, a suministrar capital a quienes lo necesiten, sin especulación de por medio.

¿Ve la integración de Bankia en CaixaBank como una consecuencia más de este nuevo modelo que viene? ¿Será rentable el actual sistema bancario?

La absorción de Bankia por parte de CaixaBank debe entenderse como parte del proceso de formación de grandes conglomerados financieros que en pocos años existirán en Europa. Esto también quiere decir que es posible que la nueva CaixaBank sea absorbida en un futuro por otro conglomerado financiero mayor.

¿Qué futuro tendrán las criptomonedas en los próximos años?

Las criptomonedas que conocemos hoy considero que desaparecerán, pero el soporte que las sostiene, la tecnología blockchain, pienso que será la base de, entre otras muchas cosas, un nuevo sistema monetario a nivel internacional.

¿Qué industrias o sectores diría que van a sufrir una gran transformación en las próximas décadas?

Entiendo que las próximas décadas de cambio son al menos tres, es decir, estamos hablando del entorno del 2050. Pienso que absolutamente todas. La tecnología se habrá sofisticado enormemente, se habrá abaratado muchísimo y su manejo será autónomo. Tareas que hoy se encuentran poco automatizadas, como aquellas que requieren especificidad humana, habrán sido asumidas por la Inteligencia Artificial de segunda generación: la que es verdaderamente autónoma, por lo que prácticamente nada quedará al margen del tratamiento tecnológico.

Estamos en medio de la pandemia de la COVID-19 que ha provocado, no solo una crisis sanitaria sino también económica que, según usted, ha acelerado la llegada de una nueva realidad económica. ¿Cómo cree que, en el caso de España, se puede salir de esta situación con el elevado endeudamiento público y con una estructura empresarial que no es capaz de soportar de nuevo más paralizaciones temporales de la actividad?

Si por salir entiende volver a una situación precovid, se tardará al menos una década porque España tendrá que digerir unos 250.000 millones de euros de deuda adicional que ha emitido para financiar la situación creada por el virus. Y, tras una década, la economía española se hallará en la situación en la que se encontraba en el 2019, que, recordemos, era mala: déficit del -2,8%, deuda del 95,5%…

No me queda claro si su visión es positiva o negativa, si el hombre va a ganar o va a perder con esta situación, si nuestros hijos van a vivir mejor o peor que nosotros.

En cuanto al sistema que seguirá al capitalismo, considero que no debemos entrar en valoraciones de este tipo porque, por un lado, hacia lo que vamos es consecuencia de la evolución histórica y, por tanto, es inevitable y, por otro, desconocemos que es lo que va a pasar. Si esta conversación la tuviéramos a mediados del siglo XVIII y nos hiciésemos esta pregunta no podríamos darle repuesta, pero si podemos tenerla hoy porque conocemos lo que ha sucedido desde entonces. Pienso que tendríamos que viajar al siglo XXIII para dar una respuesta coherente. Por lo que respecta al modelo, en el día a día, considero que una gran parte de la población va a perder.

¿Cómo prepararse al futuro para enfrentarse a él con éxito? ¿Hay otras alternativas mejores?

Aquellas personas físicas o jurídicas que sean ultraflexibles y ultraadptativas contarán con una ventaja definitiva. También quienes cuenten con habilidades que permitan resolver problemas y cumplimentar requerimientos. Prácticamente todo será mutable, por lo que las rigideces serán un handicap importante.

¿Cómo se imagina que va a ser la nueva realidad laboral y económica para un trabajador normal?

Convendrá conmigo que el concepto trabajador normal es difuso. Siguiendo las proyecciones de Funcas en el año 2024 lo peor de la fase postcovid puede haber pasado, pero el campo estará plagado de empresas quebradas y morosas. Hacia el 2030, el día a día económico se habrá adaptado a la realidad, por lo que el desempleo estructural será elevado y el subempleo muy elevado. En un escenario como ese, los salarios medios serán reducidos y así van a permanecer porque la robótica colaborativa irá sustituyendo progresivamente más el factor trabajo por cuenta ajena. Profesionales con elevadas dosis de empleabilidad pueden disponer de oportunidades realizando trabajos por proyectos. 

¿Cómo se afronta esta revolución en el mundo universitario? ¿Qué tipo de titulaciones tienen futuro y cuáles debieran ir pensando en desaparecer o bien transformarse? 

A día de hoy, la Universidad está caminando en dos direcciones (o debe hacerlo). Por un lado, enseñar habilidades a sus alumnos, no teorías ni razonamientos puramente especulativos, lo que no está mal, pero ahora las necesidades son otras. Por otro lado, debe establecer vínculos con empresas y elaborar programas a medida de las necesidades de esas compañías. Puede sonar muy revolucionario, pero lo cierto es que la Universidad es de las estructuras que menos han evolucionado en varias décadas.