Alcohol para proteger vidas

Ical
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La Farmacia Estación de La Robla pide a los vecinos que donen alcohol para fabricar lociones hidroalcohólicas y donarlas a aquellas personas que se estén poniendo en riesgo por su trabajo

La farmacéutica Sylvia Fernández, elabora lociones con alcohol donado por los vecinos en La Robla (León) - Foto: Ical

Silvia Fernández Vilas es la propietaria de la Farmacia Estación de La Robla (León) y tiene una forma muy especial de dar las gracias a todos aquellos que, durante la crisis sanitaria que atraviesa España, continúan trabajando para ayudar a hacer que, entre todos, se pueda superar la crisis.

Una gratitud mediante la que ha decidido fabricar en en laboratorio de su farmacia lociones hidroalcohólicas para donarlas a quienes trabajan en residencias de ancianos, a los empleados de supermercados y repartidores “y a aquellas personas que por su trabajo se estén poniendo en riesgo”.

Para ello, Silvia puso un anuncio el pasado lunes en redes sociales, mediante el que pedía a los vecinos de La Robla su solidaridad. “Si alguien tiene botellas de alcohol de 96 grados, sin abrir (por razones de seguridad), y tiene a bien traérnoslo, podemos hacer lociones hidroalcohólicas para servir a las residencias de ancianos, para los empleados de supermercados y repartidores, y aquellas personas que por su trabajo se estén poniendo en riesgo. Evidentemente os abonaremos el alcohol. También nos faltan envases, de entre 50 y 125 mililitros, aptos para loción. Nuestro laboratorio es muy pequeño y tendremos que hacerlo de a poquito y con tiempo, pero algo es algo”, rezaba la publicación a la que de manera eficaz respondieron ya algunos de los habitantes de la villa.

“No tenemos glicerina, que sería lo ideal, pero sí tenemos aloe vera puro; por eso, si la gente nos trae alcohol de 96, puedo hacer la dilución y añadirle el aloe para que no reseque la piel – explica Silvia – porque aunque tenemos algo de romero, es deshaciente e irritante de la piel”.

Una petición que ha tenido que hacer a los vecinos porque “hay una cosa que está pasando también, y es que los almacenes ahora mismo no tienen alcohol, pero aunque las otras farmacias tampoco lo tienen, el almacén tiene los productos contingenciados y mandan, en el mejor de los casos, uno por día”, por eso hemos hecho esta petición, aunque a los vecinos se les abonará el alcohol. “El coste lo asumimos nosotros, sé que cuesta un dinero, pero no pienso calcularlo, no es el momento de pensar en esas cosas”.

En cuanto a los destinatarios de las lociones, la propietaria de la Farmacia Estación de La Robla se puso en contacto con el Ayuntamiento de la localidad para servirla a la Policía Local o a Cruz Roja, “que van a quedarse con el número mínimo”, porque “creo que donde más la necesitan es en la Residencia de ancianos de Pola de Gordón, porque los trabajadores se arriesgan mucho, tienen que acercarse mucho a los residentes”.

No obstante, a medida que Silvia consiga más materia prima para fabricar las lociones hidroalcohólicas, algo en lo que tarda tiempo debido al pequeño tamaño de su laboratorio, su intención es llevárselas a los supermercados y “a toda la gente de verdad la necesita”, porque “en venta no tenemos, ni hay manera de conseguirlo, no hay forma”.

Algo similar a lo que pretende hacer y ya ha empezado a hacer con las lociones hidroalcohólicas, la Farmacia Estación de La Robla ya lo hizo con las mascarillas, donando el domingo hasta las que tenían guardadas para ellos mismos, ya que “ellos las necesitan más, porque nosotros podemos mantener las distancias, ellos no, por eso son la prioridad”. En este sentido, Fernández Vilas remarcó que “me duele muchísimo ver gente por la calle con mascarilla que no son grupos de riesgo cuando, joder, hay gente que sí la necesita de verdad”.

La farmacéutica también lamentó el modo de actuar de Centro de Salud de La Robla. “Por lo pronto está cerrado, esto es la sanidad pública. El fin de semana, que estuvimos de guardia, venía gente con tos que había ido al médico y les habían mandado directamente a por medicación. Por Dios, estamos en pánico, que les digan que manden a alguien sano a la farmacia”.

Una farmacia en la que, como medida de seguridad, no se permite que nadie se acerque a nadie a menos de un metro, aunque “en estos momentos está saliendo lo peor del ser humano”, piensa Silvia, quien pudo comprobar el sábado en el supermercado cómo “una señora necesitaba algo y quien estaba detrás de ella no la dejaba pasar y hasta se echaba encima de ella, sentí vergüenza ajena y pena”.

Sin embargo, con la donación de alcohol y envases por parte de los vecinos y su idea de donar las lociones hidroalcohólicas a quienes más las necesitan para su día a día, “también están saliendo cosas buenas”, por lo que se mostró abierta a que “si alguien me da sugerencias que podamos llevar a cabo desde la farmacia, bienvenidas sean”.