"Nunca sentí que Caja Burgos fuera un instrumento político"

G. Arce
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Financiero de origen burgalés, preside una de las mayores compañías de valoración inmobiliaria de España, Gloval, y atesora una dilatada trayectoria empresarial marcada por su paso por las cajas y su experiencia en el proceso de reestructuración

Roberto Rey - Foto: Luis López Araico

A sus 48 años, este burgalés nacido en León con raíces en Salas de los Infantes, atesora una dilatada trayectoria profesional como experto en altas finanzas, en el sector inmobiliario y en el rescate de empresas en crisis. "Tengo para escribir un libro", bromea. El primer capítulo, adelanta, empezaría a los 16 años, como repartidor de bebidas con un camión en el pueblo serrano. Estudió Administración y Dirección de Empresas en Burgos y Madrid, trabajó unos meses en la Caja Rural, luego fue contratado por Andersen Consulting en Madrid (hoy Accenture) y regresó poco después a Campofrío. Su brillante currículum no pasó desapercibido en Caja de Burgos, donde entró como joven promesa en tiempos de Francisco Isasi como primer ejecutivo. Llegó muy alto con José María Achirica y aún más, a la dirección general adjunta, con Leoncio García. Fue aquella etapa brillante de los beneficios multimillonarios, prólogo de la crisis que acabaría con la entidad y el resto de cajas. Once años que, reconoce, le han marcado personal y profesionalmente.

 

       Dio el salto a Madrid en 2010 para liderar Banca Cívica y su salida a bolsa, aventura financiera que apenas duró dos años. Tras la OPA y la absorción de la fusión fría de cajas por parte de CaixaBank, dio por cerrada una etapa. El Grupo San José abrió una nueva contratándole como consejero delegado, cargo desde el que gestionó durante 3 años la reestructuración del gigante constructor, fuertemente endeudado tras la compra de Parquesol Inmobiliaria en Valladolid. 


        Acabada la tarea y después de haber "cargado pilas" cursando un máster en Estados Unidos, entró en nómina de Carbures como primer ejecutivo. El Banco Popular de Ángel Ron se cruzó en su camino y acudió a su experiencia para liderar su ‘banco malo’ (el de los activos inmobiliarios tóxicos), denominado Sunrise, aunque el proyecto nunca llegó a cuajar con la salida de Ron, Emilio Saracho como presidente y mucho menos tras la compra de la entidad por el Santander. En 2017 encontró la paz profesional como presidente Gloval (con uve de valor), una de las principales empresas españolas en valoración, ingeniería, consultoría y data analytics inmobiliario. Seguro que no es el último capítulo...


¿Qué es lo que hacen en Gloval?
Somos una compañía de prestación de servicios integrales en el sector de la valoración y el inmobiliario (residencial, hotelera, fondos de comercio de farmacias, explotaciones agropecuarias...) aunque también valoramos inventarios, obras de arte... Adicionalmente somos ingeniería, es decir, monitorizamos física y financieramente proyectos inmobiliarios, implicándonos en la calificación energética de los edificios, entre otras muchas cuestiones. También somos consultoría: buscamos mayor rentabilidad a los activos, resolvemos temas de impuestos relacionados con los mismos, etc. El pasado año facturamos 44 millones de euros, lo que nos sitúa cerca del tercer puesto en el ranking nacional, y compramos la sociedad de valoración portuguesa Prime Yield, lo que nos ha permitido introducirnos en Brasil y destinos más exóticos como Angola, Mozambique y Cabo Verde. Somos 340 trabajadores y alcanzamos el millar con los profesionales autónomos que trabajan para nosotros. Nuestro futuro a corto pasa por implantarnos en Latinoamérica.


Después de lo vivido en la crisis, a algunos les puede chocar que haya fondos de inversión detrás de una firma de valoración inmobiliaria.
La regulación obligó a que las sociedades de tasación fuesen independientes de los bancos para evitar los posibles conflictos de intereses. Nuestros fondos de capital riesgo (Charme Capital Partners y Miura Private Equity) adquirieron tres sociedades de tasación, pero no tienen ninguna inversión en el mercado inmobiliario sino que invierten en compañías diversas. Estos fondos internacionales han impulsado el negocio de la tasación (como ya ocurrió con su entrada en Tinsa) y son protagonistas del proceso de concentración que vive el sector. Además, nuestros clientes se hacen más grandes y necesitan proveedores cada vez más grandes.


¿Las tasaciones, tan cuestionadas tras la última crisis, son ya totalmente transparentes?
No hay ninguna duda, creo que esa fama es ya pasada. Basta con conocer cómo se trabaja desde dentro. Sí que es cierto que los fondos internacionales ya no utilizan las tasaciones -que consideran muy de valoración española y sin parámetros claros- sino valoraciones de mercado bajo estándares internacionales, que es lo que nosotros hacemos.


¿Cómo ve el mercado inmobiliario?
Ha tenido una evolución muy positiva desde que salimos de la crisis, aunque la fiesta va por barrios. Las grandes capitales (Madrid y Barcelona) han tenido un crecimiento muy fuerte, también Valencia o Málaga. La mancha de aceite se ha extendido a otras ciudades pero con diferente intensidad. La localización ha primado más que nunca. Estamos en un momento en el que el mercado debe continuar sin sustos relevantes, aunque llevamos tiempo con problemas internacionales y nacionales y parece que estamos involucionando. Mucha gente está a ‘esperar y ver’ si esto es un bache o el comienzo de una recesión. Una cosa es cierta: los tipos de interés siguen en negativo, el esfuerzo hipotecario de las familias para la compra de vivienda aún no está en sus límites más altos y las inversiones alternativas a la inmobiliaria no aportan la rentabilidad mínima necesaria. Estamos en un momento de cierto parón, aunque no sabemos cuánto durará... También es cierto que aún no se ha dado con la tecla para dar acceso a los jóvenes a la vivienda nueva, lo que iniciaría un nuevo ciclo en el mercado.


Es que los jóvenes no cobran salarios para comprar vivienda...

De hecho, eso explica el fenómeno de la vivienda de alquiler, que ha venido para quedarse. Aunque no tanto como en Europa, vamos a ver cada vez más inversiones relacionadas con el alquiler vinculadas al build to rent, construir para alquilar. 


Territorio de los fondos buitre...
Sí, son fondos oportunistas, han aprovechado la oportunidad y han hecho inversiones muy relevantes. Afortunadamente, apostaron por el mercado inmobiliario español en sus peores momentos, lo que ha permitido moverlo y que los bancos no tengan sus carteras de activos inmobiliarios atascadas. Han venido a ocupar un espacio que causaba problemas.


¿Queda mucha vivienda en manos de los bancos?
Todavía queda, aunque en 2018 se ha vivido una año de grandes ventas de activos a los fondos. Se vendió la del Popular, con un valor nominal de casi 30.000 millones. Se ha desaguado muchísimo pero todavía queda. El inmobiliario ya no es el negocio de los bancos y ellos tienen que liberarse del mismo en la media que sus cuentas y capital se lo permita.


Han pasado 10 años del colapso de las cajas de ahorros, también de las de Burgos. ¿Cómo ha asimilado usted ese proceso con el tiempo?
Con una nostalgia muy fuerte. Me molesta los que dicen que la crisis en España no fue del sector financiero sino básicamente de las cajas, que eran un instrumento de los políticos al servicio de la política. Me enfada terriblemente porque pudo haber alguna que sí fuese así, pero yo nunca sentí -y he sido director general adjunto- una intervención política. Caja de Burgos fue gestionada por unos gestores, que pudieron tener sus errores y sus aciertos, y siento nostalgia de un equipo humano muy bueno, que hizo muy bien su trabajo y que alcanzó unos niveles de innovación muy altos para su sector. Yo viví todo el proceso y, pasado el tiempo, puedo asegurar que la solución por la que optamos, la integración final en CaixaBank, fue claramente la mejor de las decisiones que se pudieron tomar para todos. Para los empleados, que están en una de las entidades principales del país, y para la Fundación Caja de Burgos, que está muy bien gestionada y está dando el servicio de obra social de la antigua Caja. Todos los grupos de interés quedaron en la mejor posición posible para una crisis tan fuerte como la que tuvimos. Caja de Burgos era innovadora, tenía un equipo profesional muy bueno y afrontó una crisis muy dura -que también acabó con bancos- con la mejor solución final posible.


Pero la fusión tuvo un alto coste  económico y en personas.
Solo se pidió ayuda pública, el famoso préstamo del Frob, con la integración de Cajasol (con Caja Navarra, Caja Canarias y Caja de Burgos) y CaixaBank lo devolvió todo. En nuestro caso no hubo pérdida de un solo euro para el erario público. En este aspecto, no lo pudimos hacer mejor... Por lo que respecta al personal, no hubo despidos como tal sino bajas incentivadas voluntarias y prejubilaciones. A muchos en otros sectores les hubiese gustado tener estas opciones. Muchos estarán contentos y entiendo la nostalgia de algunos, pero no hubo una salida traumática de personas. 


¿Qué opinión le merece la situación judicial de José María Arribas?
Es un tema judicial en el que no entro. 


¿A usted se le exigieron responsabilidades judiciales por lo ocurrido?
No, nunca.


¿Cómo ve Burgos sin cajas?
Creo que el acceso a los servicios financieros de las personas de a pie es el mismo o mejor que antes. La sucesora de Caja de Burgos es CaixaBank y al final es una entidad de primer nivel. Sí que es cierto que nuestro enfoque -el de Caja de Burgos- era muy cercano al empresario, no solo para la financiación sino también en la inversión en capital de las principales empresas, grandes, medianas y pequeñas. Este enfoque creo que ya no es igual... La obra social no se ha perdido con la Fundación, que lo está haciendo muy bien.


¿Le cuesta regresar a la ciudad tras lo ocurrido?
No, para nada. Burgos es mi ciudad y mi tierra. Está llena de toda la gente que quiero y nunca he sentido en nadie ningún tipo de reproche. 


¿Ha cambiado la economía burgalesa en esta última década?
Creo que tenemos que estar muy orgullosos del nivel de nuestras empresas. Son la envidia de muchos, y muchas han crecido y mantienen sus centros de decisión en Burgos. Me gustaría que hubiese más oportunidades de desarrollo aquí para los jóvenes. Burgos es una maravilla para vivir y muy cómoda para trabajar. La industria ha hecho mucho y es un referente, ahora hay que buscar nuevas implantaciones y desarrollos que hagan que una ciudad tan atractiva como esta se coloque en el mapa nacional.


¿Volvería a invertir en Burgos?
Es mi ciudad y mi tierra. Si el día de mañana hay oportunidades interesantes, no lo descartaría...