Julio de 1935 - El triste fin de 'la Venus de Valencia'

R.BRIONGOS
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La madrugada del 23, Carmen Jimena, una de las artistas más bellas del cabaret Kursaal Novedades recibía dos balazos que acababan con su vida. El autor de los disparos no fue otro que su pretendiente, Juan, que cometió el asesinato cegado de celos

El cabaret Kursaal Novedades estaba ubicado en la calle Sombrerería, junto a la popular ‘fuente del caño gordo’. - Foto: Alberto Rodrigo

LA VÍCTIMA MORTAL: Carmen Jimena Plasencia, conocida como ‘la Venus de Valencia’, una artista de cabaret recién llegada a Burgos.

EL AUTOR: Juan Arce, de 36 años, un hombre soltero que se había enamorado de la artista.

EL MÓVIL: Los celos.

Pocas veces había aterrizado en la capital burgalesa una belleza de tal calibre como la que lucía Carmen Jimena Presencia a sus 19 años. Vino desde Valencia, con la única compañía de su madre y de unas enormes ganas de triunfar en el mundo del espectáculo. Poco podía imaginar entonces que dos disparos certeros iban a cercenar de cuajo todas sus ilusiones al tiempo que teñían de rojo la crónica de sucesos.

Apenas llevaba 10 días en la ciudad y el mundo de la noche de aquel lejano 1935 ya la había bautizado como ‘la Venus de Valencia’. Su habitual presencia en el cabaret Kursaal Novedades, ubicado en la calle Sombrerería, se había convertido en todo un acontecimiento y los pretendientes se multiplicaban con cada giro de sus caderas. De entre todos ellos, solo Juan Arce, un joven de 36 años, parecía ser del agrado de la bella muchacha.

La amistad inicial maduró rápidamente y la pareja decidió emprender un viaje de placer hasta la cercana Palencia, acompañada, eso sí, de la madre de la artista. Al día siguiente del regreso, los tres decidieron seguir la celebración en el Kursaal: Carmen bailando con los clientes y los otros dos brindando con champán por la recién estrenada relación.

 

CON LAS COPAS VINIERON LOS CELOS.

El espumoso dejó paso a otros licores con más graduación que Juan fue ingiriendo a medida que Carmen desplegaba todos sus encantos bailando con los parroquianos del cabaret. Los celos de ver a su amada en brazos de otros fueron aumentando la excitación del joven hasta que, según los testigos presenciales, abandonó el local para regresar minutos después con un bulto sospechoso.

La orquesta ya había anunciado el último baile de la noche cuando Juan se encerró en el retrete, del que salió antes de que la pieza finalizara empuñando un arma de fuego. Con paso decidido se adentró en la pista de baile y fijó su objetivo: una pareja que bailaba animosa al son de la música.

El reloj estaba a punto de marcar las cuatro de la madrugada cuando cinco disparos apagaron en un instante la música del cabaret. El Kursaal Novedades enmudeció al tiempo que caían sobre su pista de bailes los cuerpos del conocido industrial Esteban de la Fuente y de la ‘la Venus de Valencia’. El miedo inicial dio paso al lógico tumulto, en medio del cual, el autor de los disparos, Juan Arce, intentó quitarse la vida con la última bala que quedaba en el cargador de la pistola.

El ruido de las detonaciones alertó a dos guardias de seguridad, que se personaron en el lugar junto con otros de asalto y municipales, que detuvieron a Juan y atendieron a Carmen y a Esteban, a quienes trasladaron a la Casa de Socorro.

Todos los esfuerzos del médico, don Odorico Mata, y del practicante, don Ivón Argaiz no pudieron impedir la muerte de Carmen, que presentaba dos impactos de bala en el tórax, sin orificio de salida. Algo más de suerte tuvo Esteban, quien pudo salvar la vida a pesar de permanecer durante varios días en estado «gravísimo».

El suceso conmocionó a la sociedad burgalesa de las postrimerías de la República, que se quedó sin uno de los establecimientos de diversión nocturna más populares. Y es que a la vez que su estrella más cotizada, el Kursaal Novedades murió también esa noche. La autoridad competente ordenó la clausura temporal del cabaret, que se convirtió en definitiva por la desavenencias surgidas a raíz del incidente entre el dueño del local y el responsable del establecimiento.

Los burgaleses más decididos tuvieron que conformarse desde entonces con otro tipo de diversiones menos estimulantes. Al menos, seguían teniendo los bailes de El Espolón o los partidos de pelota a mano, como el que enfrentó, apenas unas horas después del incidente, a las parejas formadas por Unzueta e Iriza e Iruncia y Biarrúm. La Guerra Civil, que estallaría justo un año después, acabaría también con este tipo de diversiones.

*Este artículo fue publicado en la edición impresa el 23 de noviembre de 2003