Junio de 1930 - Burgos amanece inundada

R.B.
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La tormenta del miércoles 4 de junio se dejó sentir sobre todo entre las localidades de Quintanapalla y Olmos de Atapuerca, lo que provocó que el Vena experimentase una crecida «como nunca antes se había visto» y la ciudad quedara sumido por las agua

Casas Consistoriales durante las inundaciones en Burgos del año 1930. - Foto: Archivo Municipal de Burgos Colección Galafel

CAUSA: La tormenta que descargó miles de litros entre Quintanapalla y Olmos de Atapuerca desbordó el Vena.

ENTRADA DE AGUA: La calle Santander fue la más afectada, pero el agua cubrió toda la parte histórica.

DAÑOS: Solo materiales y sin cuantificar

Una marca en los arcos de la Plaza Mayor recuerda el nivel que alcanzaron las aguas durante las inundaciones del 5 de junio de 1930
Una marca en los arcos de la Plaza Mayor recuerda el nivel que alcanzaron las aguas durante las inundaciones del 5 de junio de 1930 - Foto: Alberto Rodrigo

Una vez más, el agua llegó y pilló desprevenida a la mayor parte de la población. Y es que los burgaleses habían visto llover aquella madrugada, pero ignoraban que, apenas unos kilómetros más al norte, un auténtico diluvio había provocado una inmensa crecida de los ríos Vena y Pico. Por eso todos los locales abrieron sus puertas con normalidad hasta que un torrente desconocido comenzó a fluir por la entonces denominada Plaza de Prim (actual Plaza del Cordón) y se fue extendiendo hacia la Plaza Mayor «quedando unidas por un inmenso lago».

Cuando los comerciantes se dieron cuenta de la magnitud de la ríada trataron de echar la persiana pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. El agua había penetrado ya en los locales destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Pero no fueron los industriales de las dos plazas mencionadas los únicos afectados. El torrente fue extendiendose con una inusitada rapidez por las calle de La Moneda, San Juan, Almirante Bonifaz, San Carlos, San Lorenzo y La Paloma. También se inundaron el paseo de El Espolón, y la calle Vitoria, «llegando las aguas hasta las oficinas de Diario de Burgos».

Al comprobar la magnitud de la inundación, las autoridades comenzaron a recorrer las zonas afectadas. Los bomberos, la policía urbana «y todas las fuerzas de la guarnición armadas de pico y pala» comenzaron una operación desesperante contra el poder destructivo de las aguas. Todos los esfuerzos, con ser muchos, no conseguían hacer bajar un caudal que aumentaba por minutos.

Para salvar la situación, elmando operativo decidió acometer in extremis una peculiar operación de trasvase. Exactamente a las 11.15 horas, dos grandes zanjas en pleno Paseo de El Espolón permitieron que gran parte del agua fuera a parar al Arlanzón, que aún admitía más caudal. Todo ello, sin embargo, no impidió que el nivel llegara a en la Plaza Mayor llegara a 1,78 metros, como figura en la marca de los arcos.

Durante toda la jornada se vivieron tanto escenas de pánico, como gestos heróicos. Uno de los más comentados fue el que protagonizó el capitán de Caballería, señor Cabrera, quien «a pesar de vestir de uniforme» no dudó en lanzarse al agua para salvar al personal que se encontraba dentro del comercio Los Chicos y que pedían auxilio. También fue muy comentada la labor de don Joaquín Tinao, quien decidió traer a Burgos una barca que utilizaba en su fábrica de Arcos y con la que recorrió la Plaza Mayor y la de Prim, prestando auxilio a todo aquel que lo necesitaba. «Otras barcas de la compañía Santander-Mediterráneo y del Ayuntamiento estuvieronigualmente en los sitios demayor apuro», contaba el cronista.

Poco a poco, y ya avanzada la noche, la enorme riada que bajaba por la calle Santander fue perdiendo fuerza. Gracias a ello, los vecinos pudieron pasar la noche más o menos tranquila, ya que la retirada de agua fue igual de rápida que la invasión. Los problemas vendrían a la mañana siguiente, cuando al entrar en los comercios pudieron comprobarse los desperfectos.

El aspecto era desolador. Todos los locales aparecían cubiertos por una capa de lodo y buena parte del género se había perdido por completo, «en una época en la que las ventas alcanzan sumáximo». Lacalle más afectada fue la de Santander, por donde entró toda la tromba de agua que después inundó la ciudad. «El Espolón también ha quedado convertido en un inmenso barrizal y los jardines de la Plaza Mayor están asimismo destruidos», señalaba el Diario de Burgos del 6 de junio, que dedicó toda la portada en exclusiva a este tema.

Además de las muestras de ánimo y de apoyo, pronto comenzaron a escucharse las primeras voces que aseguraban que todo esto podía haberse evitado. La mayor discusión hizo referencia a si el arco que existía en la ribera del Arlanzón, junto al puente de las viudas, por donde desembocaba el Vena era suficiente o no para la evacuación de las aguas. La conclusión principal fue que no, por lo que enseguida se alzaron voces pidiendo una solución para evitar este tipo de percances.

«Desviar el Vena, aumentar su cauce, lo que sea, que eso lo dirán los técnicos, hay que hacerlo y esperemos que nuestras autoridades se ocuparán inmediatamente del problema para resolverlo eficazmente y para siempre», reclamaba Diario de Burgos que, al parecer, vio cumplidas sus reivindicaciones.

*Este artículo fue publicado en la edición impresa el 22 de agosto de 2004