El Teléfono de la Esperanza pide ser de utilidad pública

A.G.
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La entidad ha recibido en 2019 cerca de 4.000 llamadas vinculadas, sobre todo, a la soledad de los mayores, registró 15 por tentativa de suicidio y mantiene seis programas asistenciales

El Teléfono de la Esperanza pide ser de utilidad pública - Foto: Luis López Araico

«No somos una entidad obsoleta como algunos quieren hacer creer y la prueba está en el número de llamadas que recibimos». Así de contundente se muestra el vicepresidente del Teléfono de la Esperanza, el psiquiatra Enrique Romans, que cifra en cerca de 3.800 -aún faltan por cerrar algunos flecos de la estadística de 2019- las llamadas recibidas en el año que se acaba de terminar. La mayor parte de ellas estuvieron vinculadas a la soledad de personas mayores pero también se recibieron consultas por problemas de pareja, entre padres e hijos y de salud mental (depresión, ansiedad, neurosis...) y 15 en las que la persona hizo referencia a un intento de suicidio. Además, la asociación sigue gestionando para la Diputación el servicio Telesol, por el cual se ocupa de llamar un par de veces al día a personas de la provincia que viven en completa soledad, y mantiene diversos programas: para infartados, para apoyar a personas con depresión, otro que facilita intérpretes para personas extranjeras hospitalizadas, uno específico para mujeres y cuidadoras y otro para infancia y adolescencia, todos ellos a cargo de personas voluntarias,
Estas cifras siguen siendo parecidas a las que el Teléfono de la Esperanza ha sumado otros años, es decir, que la demanda que tienen no ha descendido a pesar de la mala racha por la que ha pasado. Como se recordará en 2018 tuvo que cambiar su sede al no poder pagar el alquiler de la que siempre ocupó porque el Ayuntamiento le canceló la ayuda que le prestaba históricamente. «Nos dijeron que ya no éramos útiles, que nuestro servicio no tenía sentido», lamenta Romans, quien afirma que van a solicitar una entrevista con el alcalde, Daniel de la Rosa, y la concejala de Servicios Sociales, Sonia Rodríguez, para hablarles de su actividad.
A esto se le sumó el hecho de que perdieron la consideración de entidad de utilidad pública que concede el Ministerio del Interior. El vicepresidente alega que fue una cuestión burocrática pero lo cierto es que recurrieron y la Audiencia Nacional lo desestimó ya que confirmó no se habían presentado las cuentas en tiempo y forma como obliga la normativa. Ahora han vuelto a solicitar este marchamo y confían en recuperarlo; la respuesta la esperan para finales de este mes: «Esto es algo con lo que siempre hemos contado y que se quitó por un trámite administrativo, ahora somos optimistas en volver a recuperarlo».
Aún así, no han dejado de trabajar respondiendo a las llamadas de muchas personas, «no solo de Burgos sino de otras partes de España e incluso de otros países», como explica Romans, que conocen la existencia de este servicio. Todas ellas tienen una carga de emotividad importante pero el vicepresidente recuerda especialmente una de una mujer que llamó en el mismo momento en el que estaba siendo maltratada por su pareja: «Por suerte  su número se quedó reflejado y enseguida avisamos a la Policía Nacional, que se ocupó del caso».
Con respecto a su servicio Telesol, para el cual reciben una subvención de la Diputación de alrededor de 2.500 euros, el Teléfono de la Esperanza tiene un listado de unas 60 personas de diferentes localidades a las que llaman un par de veces al día: «Charlamos con ellas, les hacemos una especie de agenda con lo que tienen que hacer, estamos al tanto de si tienen comida, fármacos y las cosas más necesarias y hasta les ponemos al día de las noticias que más les puedan interesar».  Han contactado con ellas a través de los centros de acción social (ceas) de la provincia y este servicio se les presta de forma totalmente gratuita.  
El Teléfono de la Esperanza cuenta con dos personas que se turnan mañana y tarde para contestar a las personas que marcan su número. «Ahora, como utilizamos un teléfono móvil, prácticamente estamos disponibles las 24 horas del día». Toda esta actividad la desarrollan sin apenas fondos: los 2.500 de la Diputación para el programa Telesol, otros 500 que el área de Sanidad del Ayuntamiento les da para sus programas de personas que han sufrido infartos y depresiones y las aportaciones -no muy sustanciosas ya que piden ‘la voluntad’- de los 120 socios con los que cuentan, «muchos de ellos ya de una edad muy avanzada».