Testigos de las revueltas raciales

R.P.B.
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Cuatro burgaleses residentes en distintos lugares de Estados Unidos cuentan para DB cómo están viviendo las protestas civiles que se han desatado por todo el país tras el asesinato de George Floyd por un policía en Minneapolis

Las manifestaciones se están celebrando por toda la geografía estadounidense. - Foto: Brian Snyder (AP)

Cuatro burgaleses residentes en distintos lugares de Estados Unidos cuentan para Diario de Burgos cómo están viviendo las protestas civiles que se han desatado por todo el país tras el asesinato de George Floyd por un policía en Minneapolis.

Álvar Carretero (Los Ángeles): «El racismo es el ‘pecado original’ de Estados Unidos»
Álvar Carretero, publicista afincado desde hace años en Los Ángeles, tiene claro que el vídeo del asesinato de George Floyd en Minneapolis «fue una guinda que desparramó un cóctel muy cargado. Ya hay quien lo compara con Abraham Zapruder en la era del 5G, y ese 26 de mayo, en vez de ver morir a un presidente en un instante, vimos ahogarse durante 8 minutos a un ciudadano en la rodilla de un oficial de policía ante la pasividad de sus compañeros». Asegura este burgalés que el racismo es el ‘pecado original’ de los Estados Unidos, y que todo este movimiento de clamor que se vive en el país más poderoso del mundo coincide en un momento clave, en un año «en la que la primera potencia mundial decide si su estrafalario líder continúa cuatro años más, en un país muy dividido donde hay mucho en juego y la Covid-19 no da tregua».

El tema racial, apunta Carretero, «es una cuestión delicada en un país donde las desigualdades siguen marcando las luchas políticas y sociales. Y ya no es un país blanco con minoría negra; los hispanos son la minoría más grande: se prevé que en 2050 sean el 25 por ciento por cierto de la población. Pero eso es otro tema, ya que hispánico no es raza, es etnia, y el censo estadounidense incluye a los españoles y portugueses como hispanic/latin». Los días de mayor intensidad en todo el condado de Los Ángeles se vivieron el último fin de semana de mayo y los primeros días de junio. Aunque se han producido disturbios, saqueos y acciones violentas por todo el país, en Los Ángeles la gran mayoría de las manifestaciones han sido pacíficas. 

Estas se centraron en las zonas del Downtown (centro económico y financiero de Los Angeles, donde está el ayuntamiento) y las zonas de más poder adquisitivo, como el Fairfax district, de camino a la ciudad de Beverly Hills, pero también en las ciudades de Santa Mónica, que fue saqueada, y Long Beach, al sur del condado. «Para que el mensaje fuera oído había que llegar a las zonas más pudientes, y curiosamente el alcalde de Los Ángeles, que en todo momento ha alentado las protestas pacíficas y denunciado la muerte de Floyd, pidió la intervención de Sacramento (capital de California) ese mismo día. El mayor miedo de Los Ángeles era repetir el resultado del 1992 con los distuburbios de Rodney King, donde murieron 60 personas y donde mi barrio, Koreatown, fue arrasado. En esa ocasión Bush padre, que era el presidente, sí que envió a los Marines». 

Asegura Álvar Carretero que ver patrullar a la Guardia Nacional por su barrio angelino mientras la gran mayoría de los negocios tapiaban sus puertas y ventanas con tablas de madera impresiona. «Se volvieron a ver coreanos armados en las azoteas como en el 92, pero esta vez las fotos eran un trofeo de redes sociales, más disuasorio que otra cosa. Además, se ordenaron toques de queda variable tanto en la ciudad como en el condado, desde el 1 al 6 de junio, y esos toques de queda llegaban como mensajes de texto (en inglés y en español) a todos los teléfonos móviles. Esta semana, con la Guardia Nacional de vuelta a casa, la ciudad sigue con una atmósfera extraña, con una tristeza impropia del calor y la luz que tiene esta ciudad en junio. Una de las principales consignas de estos días era que la muerte de George Floyd nos hiciera hablar del racismo, la eterna conversación de Estados Unidos, de ese ‘pecado original’ que tiene este país.  Ojalá muchos de los cambios honestos que piden los manifestantes trasciendan más allá de la reacción digital», concluye Carretero. 

Enrique del Barco (Orlando): «Es un racismo sistémico, permeado y contagioso»
Para Enrique del Barco, profesor de Nanotecnología en la Universidad Central de Florida, en Orlando, las protestas por el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis «no son una sorpresa. Y su dilatación en el tiempo tampoco. Al menos no deberían serlo. Y no, tampoco son protestas reguladas y coordinadas por grupos activistas violentos antifascistas y antisistema, como nuestro ignorante presidente quiere hacer creer a algunos. Son manifestaciones espontáneas y sostenidas de innumerables personas de toda condición racial, socio-económica y política para las que el desgraciado atropello sufrido por otro hombre negro más en EEUU es la gota que colma el vaso. Porque protestan contra el claramente demostrado racismo sistémico de nuestra sociedad de las barras y las estrellas. Un racismo permeado y contagioso en la estructura moderna norteamericana, en claro contrapunto al significado de la bandera, que se bordó para la unión, suplantando al estandarte confederado de la esclavitud. Una sociedad que pregona a grandes voces la libertad del individuo y a la vez coarta institucionalmente las libertades de la persona. Situación que se hace insostenible cuando la opresión emana de los cuerpos de seguridad. Esos que tienen que protegernos». No puede ser más claro ni más contundente este científico burgalés.

El racismo, asegura, está arraigado de raíz en la sociedad americana «y va más allá de los cuatro payasos con esvásticas en la frente. Es palpable a todos los niveles. Desde la administración pública a las corporaciones privadas, llegando al individuo en todos los estratos sociales. Racismo que es más comúnmente dirigido a la comunidad negra por una herencia insoportable de los no tan viejos tiempos de la esclavitud negociada primero y de la segregación racial más recientemente (hablamos de solo unas décadas). Pero racismo que se extiende a todo lo que no es white, o blanco, como comúnmente se denomina a la raza caucásica aquí. Curiosamente, es un racismo invisible para la mayoría de los blancos, pero insufrible y demoledor para las minorías raciales. Negros, hispanos, nativos americanos..., o cualquiera que no hable con acento Great American. Y es un racismo sistémico. Extendido e imbuido en el hablar y hacer cotidiano. Por eso es principalmente visible para los que lo sufren y no existe para los que lo practican. De eso sabemos también en España», apostilla.

Tan lúcido análisis viene sostenido por datos: «Las estadísticas no engañan. Más del cincuenta por ciento de los americanos blancos de USA declaran tener baja afinidad por personas de diferente naturaleza racial, étnica o religiosa». Sigue Enrique del Barco aludiendo a cifras: «Las minorías afroamericana e hispana constituyen casi el trece y diecisiete por ciento de la población estadounidense, respectivamente, pero sólo conforman el siete y el seis por ciento de los trabajos tecnológicos que requieren título universitario. Las razones son variadas, pero está claramente constatado que una de las principales razones que alejan a estas minorías de los estudios superiores técnicos es la falta de sensación de pertenencia a grupo, o un sentimiento de exclusión. Es decir, son estudios y trabajos para blancos. Los negros e hispanos no somos queridos». 

Y una última reflexión: «¿Por qué no se resuelve este problema? Con más educación y una sociedad más avanzada uno esperaría una disminución del racismo. Aquí creo tener la respuesta. El racismo contra los negros es un problema de blancos, no de negros. El racismo contra los hispanos es un problema de blancos, no de hispanos. Del mismo modo que el machismo es un problema del hombre, no de la mujer. Sin embargo, el blanco común no racista se siente ajeno al problema. Sí, es un problema, pero ajeno. Un problema triste de los negros y los hispanos y los… Y si eres blanco, la solución pasa por identificarse con el problema. Darse cuenta de que es nuestro problema, no el suyo. Convencerse de que los que tienen que cambiar de actitud somos nosotros no ellos. Entender de una vez de que somos el origen del conflicto, no meros observadores en la distancia. Pero para eso se necesitan verdaderos líderes morales. Desgraciadamente en Estados Unidos tenemos al payaso Donald. Eso no ayuda». 

Carmen Díaz-Caneja (Washington): «La realidad del sueño americano no es ni tan bonita ni tan sencilla»
«Estados Unidos es un país particular. De cara al mundo es el país de las libertades, en el cual puedes cumplir tu sueño americano si trabajas duro, pero la realidad no es ni tan bonita ni tan sencilla», asegura Carmen Díaz-Caneja, ingeniera afincada en Washington. «Las consecuencias de lo ocurrido en Minneapolis han sido el resultado de una tormenta perfecta. La afroamericana ha sido la comunidad más afectada por la Covid-19 por partida doble, puesto que presenta una alta tasa de mortalidad y unos niveles de desempleo desconocidos hasta la fecha. Por otro lado, en mi opinión, la difusión del vídeo de la actuación policial en la detención de George Floyd y las posteriores declaraciones por parte de Donald Trump ha puesto a la luz un problema sistémico que impide alcanzar una sociedad igualitaria y por la que distintos colectivos llevan peleando más de cincuenta años».

Considera Díaz-Caneja que las protestas «surgen por diversos motivos, tristemente también hay gente que se aprovecha la situación para vandalizar y atacar a fuerzas armadas de forma indiscriminada. Aun así, es justo reconocer el papel de los manifestantes pacíficos que están luchando por un cambio que no es sólo justo, sino también necesario. Durante el pasado fin de semana miles de personas se reunieron en la ciudad de Washington DC para protestar y pedir la movilización social. Las iniciativas surgían por todo el centro de la ciudad haciendo un llamamiento al cambio, mientras que las respuestas del presidente Trump han ido desde lanzar gases lacrimógenos para hacerse una foto hasta incrementar el perímetro de seguridad alrededor de la Casa Blanca y militarizar la ciudad. Por su parte, la alcaldesa del Distrito, Muriel Bowser, no solo ha salido a la calle con los protestantes, sino que ha pedido oficialmente a Trump la retirada de las fuerzas de seguridad y ha convertido las cercanías del palacio presidencial en un lugar de reunión y simbolismo. Desde hace unos días, se pueden observar la frase ‘Black Lifes Matter’ pintada en letras gigantes sobre el asfalto, y la calle 16 se ha renombrado haciendo honor movimiento social que estos días está poniendo cartas sobre la mesa mostrando la cara más amarga de la sociedad americana».

Carlos A. Hernández (Miami): «Hay racismo como en cualquier parte  donde un hombre se siente superior a otro»
El historiador cubano-burgalés Carlos Alberto Hernández, que está viviendo los acontecimientos en Miami, tiene claro que existe racismo en Estados Unidos, pero tanto «como en cualquier lugar del mundo donde un hombre se sienta superior a otro y actúe en consecuencia. ¿Está institucionalizado? En mi opinión no. Mi pensamiento crítico no digiere la idea de que USA sea racista cuando un presidente negro se mantuvo por 8 años. Ya no hay segregación racial, y aunque es evidente que la brutalidad policial existe, no es una actitud mayoritaria, y tampoco tengo la percepción de que ésta se manifieste únicamente contra los negros. Hay muchos policías que se dejan la vida para mantener la paz en un país de más de trescientos millones de habitantes y con más etnias y culturas que cualquier otro del mundo. También los hay malos, que se aprovechan para dejar salir sus miserias. De vándalos, oportunistas, ladrones y sinvergüenzas está lleno este mundo cruel. No hay más que ver las noticias», apostilla.