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«El vino se hace desde la viña»

I.M.L.
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Los oficios del vino (XXXVI) | Tras vendimiar, el trabajo en las parcelas se reduce pero Mari Paz López Aguinaga sabe que es el momento de buscar signos de enfermedades en las plantas

En dos puntos de la comarca, Moradillo de Roa y Quintana del Pidio, esta asesora cuenta con estaciones meteorológicas para apoyarse en los datos para su labor. - Foto: I.M.L.

Con la vendimia acabando en el territorio de la DO Ribera del Duero, los asesores de campo agudizan la vista para encontrar pistas de los problemas que pueden sufrir las viñas ahora y en el futuro, porque en el prevenir y tratar a tiempo también está el éxito sanitario de la próxima cosecha. En esas labores nos encontramos a Mari Paz López Aguinaga, que además de profesora en la Escuela de Enología San Gabriel es asesora de campo en Agrotécnica del Duero. Su especialidad es la gestión integral de plagas, por lo que busca marcas en las hojas y los colgajos de uva para aventurar la situación sanitaria de la viña. «Las enfermedades de la planta viven por y para la planta, tienen ciclos de desarrollo dependientes y no aparecen de la nada. Es una relación de dependencia y ahora ya se pueden ver en las hojas algunos síntomas de botritis y oidio, dejando esporas para el año que viene», recalca esta experta, que no se atreve a estimar qué pasará en el próximo ciclo vegetativo. «Depende de cómo sea el invierno, de la climatología de la primavera,... Esto no es una regla matemática, es un negocio que no tiene techo», apunta en relación a la viticultura en particular y al campo en general.

Más allá de su experiencia laboral, Mari Paz es una defensora a ultranza de la viticultura, a la que encumbra como la base para el resultado final al abrir una botella de vino. «El vino lo producimos desde aquí. Hay que intentar que la uva tenga las características tecnológicas que necesitamos para el vino que queremos hacer porque, aunque la viticultura ha estado durante años considerada la parte pobre y más fea de la elaboración de vino, en realidad es la primera y la que sustenta a las demás», recalca convencida de que todo lo que rodea a un racimo influye en el resultado final en la copa. 

Después de décadas de estudios y ensayos, con la base de siglos de tradición en el cultivo de la vid, López Aguinaga reconoce que el tratamiento de las viñas ha evolucionado hacia una visión más global. «Hay que prestar atención a la planta y todo su ecosistema, por ejemplo, las enfermedades de la madera viven en la planta y coexisten con ella, llega un momento que algo pasa y aparecen los síntomas y en la de al lado no», explica de manera didáctica, para avisar a renglón seguido que «hay que conocer el conjunto de la parcela, entender la ecología en conjunto: el suelo, las hierbas, qué plagas abundan más, porqué la uva varía de unos años a otros...».

En el territorio de la DO Ribera del Duero no se ha desterrado la base heredada por antiguas generaciones de campesinos, pero las nuevas generaciones están abiertas a cuantos avances puedan mejorar la calidad del producto final y facilitar su trabajo. «Unos por propio interés o curiosidad, como los agricultores que colaboran con nosotros en ensayos de productos o técnicas; otros porque las bodegas que compran su uva ponen unas exigencias determinadas; otros por la propia organización del trabajo en bodegas más grandes», especifica esta asesora de campo, que no olvida que «hay gente muy apegada a las tradiciones que no le sacas del sota, caballo y rey de toda la vida y otros se animan a probar cosas diferentes».

Y un aviso para navegantes: el cambio climático ya es una realidad en el día a día del viñedo en Ribera del Duero. «Se ve en el campo, con cosas como que retrasamos cada vez más la vendimia para lograr mayor concentración fenólica». Al final, todo influye para concluir de forma satisfactoria todo un año de trabajo a pie de cepa.