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Regreso entre cenizas

Carles Grau Sivera (EFE)
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Cientos de civiles colapsan la estrecha carretera hacia Irpin para rescatar algunas pertenencias de entre los escombros y los cadáveres que dejaron las tropas rusas a su paso mientras no abandonan sus esperanzas de volver a su hogar

Regreso entre cenizas - Foto: GLEB GARANICH

La carretera que conduce a las ciudades que fueron liberadas hace unas semanas al oeste de Kiev está repleta de tanques rusos destrozados que ahora reposan en la cuneta formando una hilera infinita. Delante de uno de esos amasijos de hierro, Sasha ha estacionado su coche para tomarse un descanso antes de retomar su camino a Irpin, la que fue su casa antes de que las fuerzas invasoras la redujeran a cenizas y cometieran una masacre.

Este ucraniano de 35 años, constructor de profesión, huyó de esta golpeada ciudad que colinda con la capital el 24 de febrero, cuando empezó todo. Su mujer y sus hijos, menores de tres años, escaparon a Polonia y Sasha recorrió 130 kilómetros al oeste para reunirse con su madre, donde ha permanecido desde aquel momento.

Ahora, cuando las tropas ucranianas ya han retomado el control la localidad, ha decidido regresar a Irpin para ver qué pertenencias puede rescatar de entre los escombros y el reguero de cadáveres que dejó el Kremlin a su paso. «Tengo dos hijos que se han quedado sin una casa en la que vivir. Ahora voy a Irpin, a ver qué puedo rescatar de mi piso que no fuera destruido», dice en un tono nervioso.

Regreso entre cenizasRegreso entre cenizas - Foto: ZOHRA BENSEMRALargo camino  

Actualmente, se tarda dos horas en entrar allí, cuando desde Kiev el camino era antes de tan solo 20 minutos. Cientos de vecinos colapsan la estrecha carretera de solo dos carriles -y flanqueada por coches carbonizados-, con el mismo objetivo que Sasha.

La devastación está presente desde la entrada a la ciudad. Edificios destruidos por proyectiles, un intenso olor a plástico quemado y un coche con un impacto de bala en el parabrisas en el que se puede leer en ruso la palabra «niños», en un intento fallido para que las tropas rusas tuvieran piedad.

Sasha aparca su auto enfrente de su bloque, completamente devastado: «No puedo ni describir lo que siento», relata, al tiempo que recuerda que antes de la guerra tenía «una vida normal» con su familia. Para llegar a su piso hay que subir por unos escombros amontonados que antes eran unas escaleras, haciendo eslalon para no pisar cristales rotos o peor: un proyectil sin explotar. Su apartamento no ha sufrido graves daños y está cerrado con llave, señal de que los rusos no lo saquearon como lo hicieron con tantos otros.

Regreso entre cenizasRegreso entre cenizas - Foto: GLEB GARANICHSasha hace las maletas con ropa, utensilios de cocina, herramientas y aparatos electrónicos: lo poco que ha podido rescatar de lo que fue su casa, aunque mantiene ciertas esperanzas de regresar. «Espero poder volver para otoño, pero creo que será más tarde porque hay que renovar todo el edificio. No sé cuándo me reuniré con mi familia, quizás cuando la guerra termine... Porque no hay lugar para que mi familia pueda volver», lamenta.

Un reto psicológico 

En el patio del bloque de Sasha se encuentran Serguei e Ivan. Equipados con linternas y guantes han estado limpiando el edificio a lo largo de cuatro días, abriendo los accesos para que los inquilinos pudieran entrar a sus pisos y recuperar sus pertenencias, algo que aseguran «fue muy peligroso».

Según Serguei, «el mayor reto fue el psicológico» al ver sus casas destrozadas y la mitad del bloque saqueado por los soldados invasores. Asegura que unas 10 personas que no abandonaron el edificio durante la ocupación fueron asesinadas y sus cadáveres yacieron en el patio durante semanas.

Regreso entre cenizasRegreso entre cenizas - Foto: VIACHESLAV RATYNSKYIPero Ivan sufre todavía más las consecuencias de un conflicto que ya ha experimentado antes: «Yo vivía en Donetsk. En 2014 tuvimos que escapar de la guerra y fuimos a Irpin», cuenta entre suspiros. «Y ahora, otra vez, estamos sin casa».

Regreso entre cenizas
Regreso entre cenizas - Foto: VIACHESLAV RATYNSKYI

ARCHIVADO EN: Kiev, Polonia, Kremlin